Rent-A-Girlfriend llega a su tomo 36 con la convivencia en la casa de los Ichinose en su tramo final y con Kazuya Kinoshita frente a la decisión que lleva aplazando desde hace varios volúmenes. Reiji Miyajima reparte este tomo en dos mitades muy distintas: una jornada de cosplay con bastante fanservice y mucho humor, y un segundo bloque en el que por fin pasa algo que cambia el tablero. Nosotros salimos del tomo con la sensación de que la serie ha dado su paso más importante en mucho tiempo.
Qué pasa en Rent-A-Girlfriend 36
El tomo arranca justo después de la cita de alquiler entre Chizuru y la abuela Nagomi. Kazuya se pasa las primeras páginas intentando sonsacar a su abuela de qué hablaron durante esas horas, y Nagomi no suelta prenda. Él no tiene miedo por él mismo, sino por la famosa investigación sentimental de Chizuru: le aterra que cualquier comentario de su abuela haya inclinado la balanza en su contra justo ahora. Miyajima dedica también unas páginas a Mami, que ha visto a Chizuru y a Nagomi juntas y rumia lo que eso significa, aunque esta vez sin mover ficha. Es un apunte breve, pero deja claro que el personaje sigue ahí, observando.
Enseguida entra en escena Mini Yaemori. Necesita ayuda en el puesto de una convención de cosplay y recluta a Kazuya como dependiente. Después va a por Chizuru, que tenía el día lleno de compromisos y aun así cancela planes para echar una mano. El giro cómico llega cuando Kazuya descubre que a él le toca un disfraz de mascota de cuerpo entero y que se queda solo en un puesto que es poco más que una mesa, sin saber muy bien si está en el sitio correcto.
La parte central de los capítulos de cosplay es la aparición de Chizuru con un traje de conejita. No hace falta insistir mucho en lo que eso provoca en Kazuya: Miyajima dibuja su colapso interno con su habitual exageración, y el lector ya sabe a qué juega la serie en estas escenas. Lo interesante está en los matices. Chizuru trabaja como una profesional: atiende, posa cuando se lo piden y todo el pabellón acaba pendiente de ella. Kazuya, en cambio, pierde la concentración, se equivoca con un cliente y queda en evidencia delante de ella.
El remate de la convención es lo mejor de este bloque. Al final de la jornada, Kazuya ayuda a otra cosplayer a cerrar una maleta que no hay forma de encajar y Chizuru le pilla en plena escena. Nada de lo que hace es reprochable, pero ella le pregunta si la chica era mona, y a partir de ahí todo se tuerce. De vuelta a casa, Mini le empuja a decirle a Chizuru qué le ha parecido su disfraz. Kazuya sigue el consejo, le dice que era la más guapa del evento y ella lo rechaza de plano, convencida de que en ese contexto cualquier piropo suena a compromiso. Es una escena pequeña, pero muy bien medida: Miyajima usa el humor para enseñar que Kazuya todavía no sabe hablarle a Chizuru fuera del guion de la cita alquilada.
Una cita de verdad, no de alquiler
La segunda mitad del tomo es la que justifica la compra. Kazuya ya tiene fecha para dejar la casa y le quedan unas dos semanas bajo el mismo techo que Chizuru. Miyajima lo plantea como una cuenta atrás: si Kazuya se limita a esperar a que termine la investigación, esas dos semanas se le escaparán. Así que se propone algo que la serie llevaba cientos de capítulos esquivando: invitarla a una cita de verdad, como un chico cualquiera y no como un cliente.
El proceso es puro Kazuya. Primero le manda un mensaje diciendo que tiene algo que hablar con ella. Luego Chizuru avisa de que volverá pasadas las once de la noche y él se desmorona, porque en su cabeza ya ha elegido el peor día posible. Cuando por fin se cruzan, ella llega agotada por un problema en el teatro, y él intenta primero la vía segura: preguntarle por el fin de semana. Resulta que tiene sábado y domingo ocupados, y Kazuya se refugia en hablarle solo de la mudanza. Durante unas páginas parece que va a pasar lo de siempre, que la ocasión se va a perder por pura cobardía.
Pero no. Kazuya sale detrás de ella y se lo dice: quiere invitarla a una cita que no sea de alquiler. Y le explica por qué, conectando esa petición con lo que ha estado pensando desde que empezó la investigación, con la duda de si le gusta la Chizuru Mizuhara de la agencia o la Chizuru Ichinose que vive al otro lado del pasillo. Es probablemente el mejor momento de Kazuya en muchos tomos, precisamente porque no es un gesto heroico: es un chico muerto de miedo que por una vez no se echa atrás. Kibe también asoma en estos capítulos, y se agradece que el reparto masculino no desaparezca del todo en plena etapa de convivencia.
Una agenda y un lunar
Los dos últimos capítulos son más ligeros y funcionan casi como epílogo. En el primero, Chizuru abre la agenda del móvil para anotar el día que ha propuesto como alternativa al fin de semana y no sabe qué escribir. Prueba con «cita», lo borra, escribe «salida», lo borra otra vez... Kazuya, mientras tanto, ha escrito «cita» sin pensárselo y se pasa el día flotando. Mini, que se entera al día siguiente en la universidad, celebra que Kazuya haya dado el paso por su cuenta y le hace ver algo que a él ni se le había ocurrido: el simple hecho de arriesgarse a un rechazo ya cuenta a su favor en la investigación de Chizuru.
El último capítulo es una comedia doméstica de manual. Mini le suelta a Kazuya que ha visto a Chizuru un lunar en un sitio muy comprometido del muslo, y el pobre acaba obsesionado con comprobarlo, con toda la torpeza que cabe esperar. Es humor verde de baja intensidad, con la vergüenza ajena de siempre, y cierra el tomo con una sonrisa antes de que empiecen los preparativos de la cita.
El dibujo de Miyajima en este tomo
Visualmente, el tomo 36 es de los más vistosos de la etapa de convivencia. Las páginas de la convención le permiten a Miyajima lucirse con el vestuario, las poses y el bullicio del pabellón, y el traje de Chizuru tiene más de uniforme de sirvienta con orejas que de disfraz provocativo, lo que encaja con el personaje. Donde el autor sigue siendo imbatible es en las caras: los primeros planos de Kazuya en pánico, las miradas de reojo de Chizuru y ese momento en el que ella duda frente a la agenda dicen más que cualquier monólogo interior. La contrapartida es la de siempre: los monólogos de Kazuya siguen siendo larguísimos y hay páginas donde el texto se come el dibujo.
Editorial Ivrea mantiene el formato de toda la colección: tomo de 115x170 en rústica con sobrecubierta, sentido de lectura oriental y 192 páginas en blanco y negro por 9,00 €. El tomo sale el 3 de septiembre de 2026. La traducción resuelve bien los juegos de palabras con la agenda de Chizuru, que dependen de matices entre palabras parecidas, y conserva el tono atropellado de los pensamientos de Kazuya. Para quien lleve la colección en la estantería, no hay sorpresas de formato.
Nuestra valoración
Si el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend estaba centrado en la psicología de Chizuru y en su día con Nagomi, este tomo 36 le devuelve el protagonismo a Kazuya y, por una vez, para bien. La primera mitad es entretenida pero previsible; la segunda es de lo mejor que ha dado la serie en la etapa de convivencia, porque Miyajima por fin deja que su protagonista actúe en lugar de pensar. Quien haya perdido la paciencia con el ritmo de la obra tiene aquí un buen motivo para recuperarla: la cita de verdad está en marcha y el tomo 37 tiene la obligación de estar a la altura. Más información sobre la colección en la ficha de Rent-A-Girlfriend en Editorial Ivrea.
Título: Rent-A-Girlfriend 36
Autor: Reiji Miyajima
Editorial: Editorial Ivrea
Editorial japonesa: Kodansha (Weekly Shonen Magazine)
Formato: Tomo 115x170 rústica con sobrecubierta
Sentido de lectura: Oriental
Páginas: 192
Precio: 9,00 €
Fecha de publicación: 3 de septiembre de 2026









