Reseña Rent-A-Girlfriend 35: Chizuru Mizuhara y el peso de la verdad

Publicado por Editorial Ivrea, este nuevo volumen de Kanojo, Okarishimasu - Rent-A-Girlfriend 35 nos sumerge de lleno en la saga de la convivencia, un arco que ha transformado la dinámica de comedia de enredos en un estudio de personajes mucho más íntimo, aunque no exento de esa frustración rítmica tan propia de Reiji Miyajima. En estas páginas, el autor nos obliga a mirar a través de las grietas de la armadura de Chizuru, revelando que bajo la fachada de la "novia de alquiler" perfecta reside una mujer profundamente insegura, aterrada por la posibilidad de que sus gustos y deseos reales no cumplan con las expectativas de quienes la rodean.

Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.

Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.
La narrativa de este tomo se apoya en un catalizador aparentemente trivial: un juego de mesa. Lo que comienza como un entretenimiento para matar el aburrimiento entre Kazuya, Mini Yaemori y Chizuru, deriva en un análisis psicológico sobre la identidad y la percepción ajena. La respuesta de Chizuru ante la "propuesta de matrimonio ideal" es el eje central de este desarrollo. 

Inicialmente, proyecta una fantasía grandilocuente y artificial —un helicóptero, diamantes, un escenario de película—, no por deseo personal, sino porque su baja autoestima la empuja a ofrecer lo que ella cree que los demás considerarían una "respuesta de 100 puntos". Es fascinante observar cómo Miyajima utiliza el lenguaje corporal para desmentir sus palabras: esa mandíbula apretada y la pose defensiva son señales claras de que está actuando, incluso en la intimidad de su hogar.

Sin embargo, el verdadero valor del tomo reside en la rectificación. Cuando Chizuru se permite ser honesta y cambia su respuesta por una escena doméstica, cotidiana y cálida —regresando de la compra y compartiendo una sopa de miso—, el lector percibe la verdadera esencia de su evolución. 

Esta vulnerabilidad es la que desarma a un Kazuya que, como es habitual, vive en un constante Infierno de Dante emocional, incapaz de separar la ficción de la realidad en las palabras de la mujer que ama. El autor maneja con maestría la ansiedad de Kazuya, quien interpreta cada gesto de Chizuru como un veredicto sobre su propio valor, creando una tensión que se siente casi física en el entintado de las viñetas.

Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.

Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.
El apartado artístico de Reiji Miyajima sigue siendo el pilar que sostiene la obra, pero en este volumen alcanza una madurez expresiva notable. No se trata solo del diseño estilizado de personajes, sino del uso de los silencios y las miradas evasivas. El dibujo de Chizuru durante el episodio de su indisposición física —el periodo, tratado con una naturalidad necesaria y refrescante— muestra un trazo más suave, menos rígido, que subraya su cansancio y su necesidad de confianza. 

La composición de las páginas donde Kazuya cuida de ella, cocinando gachas de arroz en un entorno desordenado, refuerza la idea de que la relación está trascendiendo el simulacro del alquiler para entrar en el terreno de lo genuinamente humano. El uso de las tramas para sombrear la mirada de Chizuru mientras observa a Kazuya dormir fuera de su habitación es una declaración de intenciones visual: ella ya no solo es el objeto de deseo, sino un sujeto que empieza a admirar la entrega incondicional del protagonista.

No obstante, el ritmo de la obra sigue siendo un punto de fricción para muchos seguidores del mercado español. Aunque la serie goza de un éxito indiscutible en el catálogo de Editorial Ivrea, la sensación de estancamiento en la "investigación" de sentimientos de Chizuru puede resultar agotadora. 

Miyajima se recrea en los pequeños detalles, dilatando momentos que en otros shonen durarían un suspiro. Aun así, este tomo 35 introduce un elemento de presión externa necesario con la aparición de la abuela Nagomi y la reserva de una cita de alquiler. Este movimiento es una jugada maestra para limpiar el terreno de mentiras familiares que ha lastrado la trama desde el volumen uno. La honestidad que Chizuru empieza a mostrar con Kazuya en la privacidad de su hogar debe, por fuerza, trasladarse al ámbito público, y el hecho de que sea la familia la que fuerce este encuentro añade una capa de calidez y peligro a partes iguales.

Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.Chizuru Mizuhara y Kazuya Kinoshita en el tomo 35 de Rent-A-Girlfriend publicado por Ivrea.

En términos de edición, Ivrea mantiene el estándar de su colección con un tomo rústica de excelente flexibilidad y una reproducción de negros que hace justicia al detallado trabajo de fondos de Miyajima. Es un volumen que, si bien no revoluciona la estructura de la serie, profundiza en la psicología de Chizuru de una manera que justifica su extensa duración. La protagonista está comprendiendo que para ser amada no necesita ser la mujer de los 100 puntos, sino simplemente ella misma, con sus vulnerabilidades y su sopa de miso.

Para el lector que ha llegado hasta aquí, Rent-A-Girlfriend 35 es una recompensa a la paciencia. Es un tomo que abandona el ruido de los malentendidos externos para centrarse en el ruido interno de dos personas que están aprendiendo a vivir juntas. La resolución de la saga de la convivencia se siente cerca, y aunque Kazuya siga al borde del colapso nervioso, la comodidad que Chizuru muestra al pedirle sus dulces favoritos o al dejarse cuidar indica que la barrera del alquiler está más cerca de caer que nunca. Es una lectura imprescindible para quienes disfrutan del análisis de personajes por encima del avance frenético de la trama, consolidándose como uno de los títulos más complejos y, a veces, exasperantes, pero siempre magnéticos de la Kodansha actual.