El cierre de Ayakashi Triangle llega con los volúmenes 15 y 16 , publicados por Ivrea , y lo hace de una forma coherente, intensa y sorprendentemente fiel a todo lo que Kentaro Yabuki ha construido desde el primer capítulo. Tras el punto de inflexión que supuso el volumen 14, estos dos últimos tomos funcionan como un díptico final en el que la comedia romántica, la fantasía espiritual y el conflicto identitario convergen para ofrecer un desenlace que no busca el golpe efectista, sino la resolución emocional y temática de sus protagonistas. Ayakashi Triangle siempre ha sido una obra engañosa. Bajo su superficie ligera, marcada por el humor, el fanservice y el ritmo ágil, se escondía una reflexión constante sobre el deseo, la identidad y el equilibrio entre fuerzas opuestas. Los volúmenes finales abrazan por completo esa dualidad y la convierten en el núcleo del desenlace.
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