La llegada de Dungeon Elf 1 al mercado español de la mano de Ivrea desafía la lógica del fetichismo por el tropo del videojuego de rol tradicional para ofrecer una deconstrucción madura, bellísima y sutilmente cínica de las convenciones de la fantasía heroica. Cualquiera que haya pasado horas frente a una pantalla o devorando páginas de espada y brujería se ha hecho la pregunta inevitable: ¿quién demonios coloca los cofres con el botín exacto en el rincón más recóndito y peligroso de una mazmorra? River Slan recoge este interrogante no para armar un simple gag cómico de consumo rápido, sino para cimentar una mitología propia que cabalga a hombros de gigantes contemporáneos como Frieren o Tragones y Mazmorras , esquivando el peligro del plagio gracias a una personalidad visual abrumadora y a un costumbrismo desencantado que se clava en la retina desde la primera página.
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