Chainsaw Man 21 no avanza en línea recta: acelera, frena en seco y vuelve a acelerar cuando ya estabas intentando recomponerte. Tatsuki Fujimoto firma un volumen que funciona como bisagra emocional y narrativa dentro de la segunda parte: cierra un choque agotador a nivel físico, abre una puerta nueva a nivel simbólico y, sobre todo, vuelve a colocar a Denji en ese lugar que define a Chainsaw Man 21 : el punto exacto donde la supervivencia, la necesidad de afecto y la violencia sobrenatural se mezclan hasta ser indistinguibles.
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