Hay tomos de Mieruko-chan Slice of Horror que funcionan como una sucesión de sustos sueltos y hay tomos que mueven el tablero. El número 13 pertenece claramente al segundo grupo. Tomoki Izumi deja a un lado la ruleta de monstruos del día y se mete de lleno en la casa de los Yotsuya, en el pasado de los padres de Miko y en la amenaza del hombre con ropa de trabajo que lleva varios volúmenes rondando a nuestra protagonista. Es, sin exagerar, uno de los tomos más importantes de la serie en cuanto a información, y también uno de los más incómodos de leer.
Si venís de nuestra reseña de Mieruko-chan 12, recordaréis cómo quedaban las cosas: Miko marcada por un ser que supera con creces todo lo que había visto hasta ahora, un grupo de protectores improvisado y un personaje nuevo, el médium Seto, del que no sabíamos si fiarnos. El tomo 13 recoge ese hilo sin perder un segundo.
El volumen arranca con una historia que parece protagonizada por Miko. Algo chirría desde la primera página: la ropa, el ambiente, pequeños detalles que no terminan de encajar. Cuando la pieza cae, el golpe es de los buenos. La chica que estamos viendo no es Miko, sino su madre, Toko, en su época de estudiante, idéntica a su hija hasta el punto de que la portada juega con esa confusión. Y el chico que la acompaña es Mamoru, el padre de Miko.
Ese flashback cuenta cómo se conocieron, y lo que revela cambia la lectura de toda la serie: Mamoru también era un chico que "veía". El acercamiento entre ambos nace alrededor de la mascota fallecida de Toko, y de ahí sale por fin una explicación de por qué Francois sigue en la casa de los Yotsuya junto al padre. La capacidad de Miko deja de ser un accidente sin origen y pasa a tener raíz familiar. Izumi lo resuelve con una ternura que no esperábamos en un tomo tan tenso, y es justo esa calidez la que hace que lo que viene después duela más.
De vuelta al presente, el instituto deja de ser terreno neutral. El hombre inquietante que persigue a Miko aparece por allí, Pii-chan empieza a comportarse de forma extraña y Michiru termina desplomándose. Se salva por muy poco, y el motivo es de lo más propio de esta serie: Hana había ido acumulando su aura vital en su Love Rabi y comparte esa energía con Michiru. Es Yulia quien le explica a Miko lo ocurrido, y la conclusión es demoledora para ella: al protegerse a sí misma de la amenaza, ha desviado el peligro hacia su amiga.
Aquí está el corazón emocional del tomo. Miko lleva doce volúmenes aguantando en silencio, haciendo como que no ve nada para no atraer la atención de los seres. Ahora descubre que su estrategia de siempre tiene un coste que pagan otros. La idea de que alguien cercano pueda sufrir en su lugar la empuja a actuar: corre a casa para ponerse en contacto cuanto antes con Romu y los demás que la están ayudando. Es un cambio de actitud que se venía cocinando desde hace tiempo y que por fin se concreta. Miko, que siempre se ha visto a sí misma como alguien que "no puede hacer nada", se atreve a decir en voz alta lo que siente y a pedir ayuda, y en una serie construida sobre el silencio eso tiene muchísimo peso.
Seto llama a la puerta de los Yotsuya
Mientras tanto, en casa de Miko ocurre la otra gran escena del volumen. Seto, rodeado de sus figuras vestidas de negro, se presenta ante la madre como un supuesto técnico de control de termitas y consigue entrar. En la casa no está solo Toko: están también el padre fallecido y Francois. Seto, que no hace distinciones entre unos seres y otros, levanta la mano izquierda contra ellos con la misma naturalidad con la que se ha deshecho de otras presencias en tomos anteriores.
La tensión de esa secuencia es enorme, porque el lector ya sabe, gracias al prólogo, quién es ese padre y qué significa para la familia. Lo que sale de ese encuentro es una pieza fundamental del puzle: según Seto, la casa está protegida, y Miko está a salvo dentro de ella. Mamoru y Francois llevan todo este tiempo cuidando de la familia a su manera. Deja además en el aire otra pregunta muy sugerente: si el padre tiene esa fuerza dentro de casa, ¿por qué nunca ha aparecido para ayudar a Miko fuera de ella?
Las figuras de negro, por cierto, protagonizan algunos de los mejores momentos de alivio del tomo. Se pegan a Miko como escoltas sin ninguna regla de discreción, la acompañan hasta en clase y hay miradas cruzadas con Pii-chan que son puro humor de Izumi. Miko, además, es capaz de distinguirlos entre sí, un detalle pequeño que conecta con lo que acabamos de descubrir sobre la herencia de su padre.
El equilibrio entre miedo y humor
Uno de los méritos de Mieruko-chan siempre ha sido su capacidad para pasar del escalofrío a la carcajada sin romper el tono, y el tomo 13 lo afina todavía más. La presentación de Seto como exterminador de termitas es absurda y a la vez inquietante: un tipo que entra en tu casa a "limpiar plagas" y que, en realidad, viene a eliminar a tus muertos. El contraste entre la escolta de negro sentada en un aula y la amenaza real que se cierne sobre Miko funciona igual de bien.
Dicho esto, hay que ser honestos con un par de cosas. El villano principal de este arco sigue siendo difuso: las explicaciones sobre su naturaleza son deliberadamente confusas y es fácil acabar el tomo sin tener del todo claro qué es ni cómo funciona. Y quien llegó a la serie por la comedia de "ignorar monstruos" notará que el peso se ha desplazado hacia la mitología y el drama familiar. A nosotros nos parece una evolución natural y bien llevada, pero el ritmo es más pausado que en los primeros tomos y el volumen deja la confrontación directa para el siguiente.
El dibujo de Tomoki Izumi en este tomo
Izumi mantiene su doble registro: personajes de líneas limpias y expresivas frente a criaturas recargadas, deformes y llenas de detalle. En este tomo destacan dos cosas. La primera, el diseño de Toko joven, calcado al de Miko pero con los matices justos para que la revelación funcione en relectura. La segunda, la puesta en escena de la visita de Seto: planos cerrados, el pasillo de la casa convertido en un espacio hostil y esa mano izquierda que ya reconocemos como anuncio de desastre. La escena del desmayo de Michiru está resuelta con mucha sobriedad, sin cargar las tintas, y precisamente por eso impacta.
Los seres vuelven a estar a gran altura. Si alguien se pregunta si la serie ha perdido capacidad para dar asco y miedo, la respuesta es no: sigue habiendo páginas que da gusto mirar de cerca y ganas de pasar rápido a la vez.
La edición de Ivrea y nuestra opinión
Editorial Ivrea mantiene el formato de toda la colección: tomo B6 en rústica con sobrecubierta, sentido de lectura oriental, 200 páginas en blanco y negro y un precio de 9,00 €, el mismo que desde el tomo 10. Sale a la venta el 10 de septiembre de 2026, tras un año largo de espera desde el tomo 12. La reproducción aguanta bien las tramas y los negros de las criaturas, que en esta serie son muy exigentes. Más información de la colección en la ficha de Mieruko-chan en la web de Ivrea.
Mieruko-chan Slice of Horror 13 es un tomo de revelaciones más que de sustos, y sale ganando. Explica de dónde viene el don de Miko, da sentido a la presencia de su padre y de Francois, pone a Seto en una posición mucho más interesante que la de simple amenaza y, sobre todo, hace crecer a la protagonista: por primera vez Miko entiende que callar también tiene consecuencias. Le pesa un poco la nebulosa alrededor del gran enemigo del arco y el hecho de que el choque definitivo se reserve para el siguiente volumen, pero el prólogo con Toko y Mamoru y la visita de Seto a la casa ya justifican la compra. Uno de los mejores tomos de la serie, y una lectura obligatoria para quien la siga.
Título: Mieruko-chan Slice of Horror 13
Autor: Tomoki Izumi
Editorial: Editorial Ivrea
Editorial japonesa o revista de origen: Media Factory (Kadokawa)
Formato: Tomo B6 rústica con sobrecubierta
Sentido de lectura: Oriental
Páginas: 200
Precio: 9,00 €
Fecha de publicación: 10 de septiembre de 2026









