Con el primer tomo, Bocchi the Rock!: Las borracheras de Kikuri Hiroi ya dejó claro que la vocalista y bajista de Sick Hack merecía su propio espacio fuera de Kessoku Band. Este segundo número aprieta el acelerador: menos presentación, más caos, y un puñado de escenas que los seguidores de la serie original llevaban tiempo esperando ver desde otro ángulo.
La gracia de este spin-off está en que Kumichou no se limita a repetir gags de Bocchi the Rock!: rellena los huecos. Aquí entran el directo del festival cultural y el concierto de Navidad de Kessoku Band, dos actuaciones que en la obra madre quedaron fuera de plano y que ahora se cuentan desde la barra, con Kikuri ya varias copas por delante antes incluso de que empiece el show. El resultado no es una repetición de lo ya visto: es la otra mitad de la anécdota, la que ocurre entre bastidores mientras Bocchi y compañía afinan los instrumentos.
La actuación navideña es, de largo, el mejor tramo del tomo. Otsuka, la mánager del local, protagoniza una escena de celos convertida en persecución que roza el thriller de bolsillo, y el tono pasa del gag absurdo a la incomodidad real sin que se note la costura. Es el tipo de secuencia que solo funciona si quien la dibuja entiende el ritmo cómico de la serie original y sabe cuándo romperlo.
El tomo también reparte protagonismo. Shima queda retratada como el contrapunto de responsabilidad que Kikuri necesita y nunca tiene del todo, y esa distancia entre las dos genera parte del mejor humor del volumen: una funciona porque la otra sujeta el cable que impide que todo se caiga. Por otro lado, la técnica de sonido conocida como PA-san se lleva una de las subtramas más inesperadas del tomo, con una faceta de vtuber que nadie en el grupo sospechaba y que Kikuri descubre, cómo no, en mitad de una borrachera. Poison♡Yami, la bajista de otra banda que aparece como rival y espejo de Kikuri, deja entrever aquí una vertiente bastante más inquietante de lo que su nombre artístico sugiere, y ese contraste entre la fachada escénica y lo que hay detrás es uno de los temas que este spin-off maneja mejor que la serie principal.
El episodio del hipódromo de motoras es puro Kikuri: una escapada que empieza como ocurrencia y termina como advertencia sobre lo poco que le cuesta a esta chica meterse en un lío económico. La secuencia sobre el miedo al "sin pagar" que arrastra por sus deudas acumuladas funciona en el mismo registro: la comedia nace de lo grave, no lo esconde, y ese es el ángulo que distingue a este spin-off de un simple compendio de escenas cómicas sueltas.
Conviene recordar que este spin-off ya no usa el formato de viñeta cuádruple de la obra de Aki Hamazi: Kumichou trabaja con narración convencional, lo que le da más margen para el desarrollo de escena y el timing cómico que antes quedaba comprimido en cuatro cuadros. Se nota especialmente en las secuencias de directo, donde el dibujo estira el momento del concierto en vez de resolverlo en un golpe de efecto rápido, y en las expresiones de Kikuri, que pasan de la euforia etílica al pánico sobrio en cuestión de viñetas sin perder coherencia de trazo. El diseño de personajes mantiene la identidad visual que hizo reconocible a la serie madre, pero el pulso narrativo es distinto: menos remate de chiste, más acumulación de despropósitos hasta el estallido final de cada capítulo.
Lo más interesante de este segundo tomo es que empieza a desmarcarse del gancho fácil de "esto pasa en paralelo a la serie que ya conocéis". Los capítulos centrados en PA-san y en Poison♡Yami funcionarían igual de bien aunque el lector no hubiera visto ni un episodio de Bocchi the Rock!, porque el spin-off ya no depende de la nostalgia por Kessoku Band para generar interés: tiene su propio ecosistema de personajes secundarios con motivaciones e inseguridades que no aparecían ni de refilón en la obra original. Kikuri sigue siendo el centro de gravedad, pero el reparto que la rodea ha dejado de ser decorado.
Ese crecimiento se nota también en la estructura de los capítulos: donde el primer tomo iba encadenando anécdotas más o menos autoconclusivas sobre lo desastrosa que es la protagonista, aquí hay hilos que se recogen unos capítulos después, como el asunto del hipódromo de motoras, que vuelve a aparecer de refilón cuando alguien le recuerda la deuda pendiente. Es un ajuste pequeño, pero es el que separa a un spin-off de relleno de uno que empieza a construir continuidad propia.
Ivrea mantiene para este segundo tomo el mismo formato que estrenó con el primero: rústica con sobrecubierta en B6, edición cuidada para un spin-off que en Japón sigue publicándose en la revista Comic Fuz de Houbunsha y que ya acumula siete volúmenes activos. El ritmo de publicación en España avanza a buen paso: con el tercer tomo ya anunciado para octubre, la editorial no está dejando que la distancia entre entregas se enfríe, algo de agradecer en un spin-off que depende tanto del gancho de personaje como del propio Kikuri Hiroi.
Quien ya haya leído la reseña del primer tomo sabe que el listón estaba alto tras esa presentación de Kikuri completamente ebria delante de la comisaría de Kanazawa-Hakkei. Este segundo volumen no baja el nivel: profundiza en el reparto secundario, se atreve con un tono más incómodo en el arco navideño y confirma que el spin-off tiene mordiente propio más allá del tirón de la serie original. Para quien disfrutó de Kessoku Band en el manga o en el anime pero se quedó con ganas de ver el lado adulto y desastroso de la escena musical que los rodea, esta es la lectura que faltaba: divertida, un poco triste cuando toca, y con una protagonista que sigue sin dar ninguna lección de vida, que es precisamente lo que la hace tan disfrutable.
Título: Bocchi the Rock!: Las borracheras de Kikuri Hiroi #2
Autor: Aki Hamazi (supervisión), Kumichou (dibujo)
Editorial: Ivrea
Editorial japonesa o revista de origen: Comic Fuz (Houbunsha)
Formato: Rústica con sobrecubierta (B6)
Sentido de lectura: Oriental (derecha a izquierda)
Páginas: 130
Precio: 9,90€
Fecha de publicación: 13 de agosto de 2026






