Sanda Vol. 10 y 11 llegan a las librerías españolas en 2026 de la mano de Ivrea, que mantiene con esta entrega doble el ritmo bimestral de la serie de Paru Itagaki. Los dos tomos recogen la continuación directa de la incursión en la Estación de Tokio que cerraba el noveno volumen, con el Namahage ya plenamente activo como amenaza y el grupo de Sanda obligado a moverse por un Japón devastado por la denatalidad sin las protecciones del internado al que estaban acostumbrados.
El décimo tomo dedica buena parte de sus páginas a desarrollar al propio Namahage como personaje, no solo como amenaza: Itagaki muestra fragmentos de su origen como figura folclórica reconvertida en "descendiente" funcional al sistema de control de natalidad, y la criatura resulta tan trágica como aterradora, atrapada en un papel que ni ella misma parece comprender del todo. Es de los giros más interesantes que ha dado la mitología de "descendientes" desde que se introdujo el concepto: el monstruo de turno empieza a tener motivaciones propias en vez de funcionar como simple obstáculo de capítulo.El undécimo tomo traslada el peso de la trama hacia Fuyumura, cuya búsqueda de su amiga desaparecida avanza con un hallazgo que complica más que resuelve: una pista que sugiere que la propia organización gubernamental encargada de proteger a la infancia podría estar implicada en su desaparición. Itagaki dibuja esa revelación con el mismo entintado sucio y nervioso que define toda la serie, pero baja el ritmo de viñetas por página en las escenas de diálogo de este tramo, dando más espacio a las reacciones físicas de Fuyumura que a la acción.
El dibujo de Itagaki sigue siendo agresivo y deliberadamente poco pulido, con un entintado que prioriza la sensación de movimiento sobre el detalle limpio. En las páginas de mayor tensión, las composiciones rompen el margen del panel con regularidad, un recurso que en estos dos tomos se aprovecha especialmente bien en las persecuciones por los túneles del metro de Tokio, donde la falta de límites claros entre viñetas transmite la desorientación de los propios personajes.
La relación entre Sanda y Fuyumura sigue siendo el ancla emocional de ambos tomos. La dependencia mutua entre los dos, lejos de suavizarse con el tiempo, se vuelve más tensa a medida que las apuestas suben: Sanda empieza a cuestionar en voz alta, por primera vez en la serie, si su maldición tiene algún propósito real más allá de servir a los planes de quienes controlan el sistema de natalidad, y Fuyumura no tiene una respuesta tranquilizadora que darle.
El humor, marca de la casa en los primeros tomos de la serie, aparece con cuentagotas en estos dos volúmenes, casi siempre en forma de comentarios secos de Sanda sobre lo absurdo de su propia situación más que en gags visuales como los de antes. Es un cambio de registro lógico dado lo que está en juego en la trama, aunque los lectores que disfrutaban del tono más desquiciado de los primeros números notarán la diferencia.
Hacia el final del undécimo tomo aparece un nuevo personaje, presentado solo brevemente, que parece estar investigando el sistema de "descendientes" desde dentro de la propia administración, una pista que sugiere que la serie está a punto de ampliar su foco más allá del grupo protagonista. Itagaki deja el gancho lo bastante abierto como para generar curiosidad sin resolver nada todavía en estas páginas.
El trasfondo social de bandas que trafican con niños, ya apuntado en tomos anteriores, se desarrolla aquí con más concreción: ambos volúmenes incluyen escenas en mercados clandestinos donde se intercambian "certificados de natalidad" falsificados, un detalle que conecta directamente la fantasía de la serie con una crítica bastante clara a la obsesión institucional con la reproducción. Itagaki no suaviza el tono de esas escenas pese a estar protagonizadas, en parte, por menores.
La edición española de Ivrea mantiene el formato tankoubon original, en rústica con sobrecubierta y sentido de lectura oriental, a 9 euros cada tomo. La traducción conserva la terminología propia de la mitología de "descendientes" sin sobrecargar el texto de notas, y la rotulación de las escenas de persecución, con bastante texto superpuesto a la acción, se mantiene legible incluso en las páginas más caóticas visualmente. El cuidado en mantener separadas las dos ediciones de tomo simple, sin fundirlas en un volumen doble como hace Ivrea con otras series de la casa, respeta además el ritmo de lectura original pensado por Itagaki para cada número.
Los tomos octavo y noveno, que ya reseñamos aquí, son lectura obligatoria para entender de dónde viene el Namahage y por qué la incursión en la Estación de Tokio marcó un antes y un después para el grupo de Sanda.
Sanda Vol. 10 y 11 mantienen el pulso narrativo y visual que ha convertido a la serie en una de las propuestas más originales del shonen reciente, con un Namahage mejor desarrollado de lo esperado y una Fuyumura que empieza a cargar con el peso real de su búsqueda. La sensación al cerrar el undécimo tomo es la de una serie que ha encontrado por fin el rumbo definitivo hacia su desenlace, tras varios tomos centrales que iban sumando amenazas sin un destino claro a la vista. Para los lectores que llevan los nueve tomos anteriores en la estantería, esta entrega doble se siente como el verdadero punto de no retorno de toda la colección. Dos tomos que avanzan la trama sin perder la mordacidad social que define a la obra desde el principio, y que dejan a la serie en uno de sus puntos más tensos hasta la fecha de cara a su recta final. Pocas series de Ivrea de los últimos años han sabido escalar tanto su propia ambición temática sin perder de vista a sus dos protagonistas centrales.
Título: Sanda Vol. 10 y 11
Autora: Paru Itagaki
Editorial española: Ivrea
Editorial japonesa: Akita Shoten
Demografía: Shonen
Géneros: Acción, ciencia ficción, misterio
Formato: Rústica con sobrecubierta, tankoubon (130x180 mm)
Tomos: 16 (serie finalizada en Japón)
Precio: 9,00 euros cada tomo
Fecha de publicación en España: 2026








