El origen: De la protesta a la tragedia
El cómic arranca en 1972, estableciendo un contexto minucioso sobre el movimiento antinuclear vasco. Al preguntar ¿Lemóniz aborda un episodio muy concreto y doloroso de la historia reciente de España. ¿En qué momento sentisteis que este tema tenía que convertirse en novela gráfica?, los autores explican que la necesidad de contar esta historia nació del hallazgo de un material histórico que pedía a gritos ser ordenado. ¿Qué fue lo primero: la necesidad de contar la historia o el hallazgo del material histórico que la sostenía? La respuesta es una simbiosis entre ambas: una urgencia ética por documentar ¿por qué centraros precisamente en la central de Lemóniz dentro de todo el contexto de la Transición y los años de plomo? La respuesta es clara en sus páginas: Lemóniz no fue solo un conflicto energético, fue el escenario donde la violencia desnaturalizó un movimiento popular genuino.
Rigor y responsabilidad narrativa
La obra destaca por su granularidad, evitando saltos bruscos. Ante la duda de ¿cómo fue el proceso de selección de lo que entraba y lo que quedaba fuera del relato?, Flórez revela un ejercicio de síntesis complejo. La sensibilidad es máxima al tratar con nombres propios: ¿en un tema tan sensible, donde hay víctimas reales con nombres y apellidos, ¿dónde está el límite entre la fidelidad histórica y la responsabilidad narrativa? El cómic se mantiene fiel a la cronología, dejando que los hechos hablen por sí mismos, lo que obliga a plantear: ¿trabajasteis desde el principio con una estructura cronológica o el relato fue encontrando su forma durante la documentación?
Narrar la violencia sin artificios
Uno de los mayores aciertos es la contención visual y narrativa. El cómic retrata hechos extremadamente duros sin necesidad de mostrar la violencia de forma explícita. ¿Fue una decisión consciente desde el guion y el dibujo? La respuesta afirmativa es el núcleo del estilo del libro, que busca ¿cómo se equilibra el respeto a las víctimas con la necesidad narrativa de construir tensión dramática? Los autores confiesan que ¿sentisteis en algún momento la presión de “no pasarse” o de evitar interpretaciones polémicas del enfoque?, un equilibrio que consiguen manteniendo dos líneas de responsabilidad separadas para evitar simplificaciones tramposas.
La mirada técnica de Sanna
El dibujo de Guillermo Sanna es, en esencia, una crónica cartográfica. Ante la cuestión ¿Guillermo, vienes de trabajar en el mercado estadounidense y en superhéroes para Marvel. ¿Qué cambia a nivel creativo al enfrentarte a un proyecto como Lemóniz?, Sanna explica la transición hacia un realismo documental. La atmósfera, cargada de blancos, negros y grises, responde a una pregunta clave: ¿qué buscabas transmitir con ese enfoque visual? La respuesta es la fidelidad ambiental, donde ¿qué fue lo más complejo de construir visualmente: los espacios industriales, la época o la carga emocional de los personajes? define el tono documental que ancla la historia en un lugar y tiempo específicos.
El cómic cumple una función social clara. Lemóniz habla de un episodio que muchos lectores jóvenes quizá no conocen. ¿Creéis que el cómic puede funcionar como herramienta de memoria histórica? Esta obra demuestra que, frente a lecturas polarizadas, el cómic ofrece matices necesarios. ¿Hoy, con la distancia del tiempo, ¿cómo se aborda un tema así sin caer en simplificaciones o lecturas contemporáneas demasiado polarizadas? y ¿después de trabajar en este proyecto, ¿ha cambiado vuestra percepción sobre aquel periodo de la historia de España? son interrogantes que el libro no solo responde, sino que traslada al lector.
Para cerrar, el cómic deja una reflexión final en manos de quien pasa sus páginas: ¿qué esperáis que sienta un lector al terminar Lemóniz? y, fundamentalmente, ¿qué os gustaría que no se olvide nunca de esta historia? Lemóniz no pretende ofrecer un veredicto, sino recuperar la complejidad de una realidad que, pese a los años, sigue siendo una lección viva.






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