Review de Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia. la Era Dorada llega al Universo DC victoriano.

La continuación del Gotham a luz de gas moderno llega a España en mayo de 2026 con Panini Cómics. Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia es la segunda parte de la saga que Andy Diggle y el dibujante argentino Leandro Fernández iniciaron en 2024 con La era de Krypton, una expansión del universo victoriano creado originalmente por Brian Augustyn y Mike Mignola en 1989. Panini publica este segundo tomo dentro de su línea DC Elseworlds, recogiendo los seis números originales. La edición original americana se publicó el 21 de abril de 2026 en EE.UU., y en España llega pocas semanas después.

Portada del cómic Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia

Interior del cómic Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia
El primer Gotham a luz de gas de 1989 es un punto de referencia del formato Elseworlds: Batman en el Londres victoriano cazando a Jack el Destripador, con arte de Mignola en el mejor momento de su carrera. Esa obra, con sus 46 páginas en formato prestige, definió en gran medida lo que un Elseworlds podía ser. La saga de Diggle y Fernández parte de esa base pero construye algo diferente: un universo expandido donde el Gotham victoriano no es solo el escenario del Murciélago sino el punto de partida de una Liga de la Justicia de la Era Dorada.

Donde La era de Krypton introdujo versiones victorianas de Superman y otros personajes del Universo DC en el Gotham de finales del siglo XIX, este segundo volumen lleva esa expansión más lejos. Batman, Superman y un grupo de héroes de la Era Dorada se enfrentan a Lex Luthor y su robot Metallo, impulsado por kryptonita. El general Zod aparece como nuevo aliado de Luthor, y detrás de todo ello hay algo que maneja los hilos desde la sombra.

La sinopsis oficial habla de que "algo maneja sus hilos, oculto tras el velo de nuestra realidad", lo que sugiere que Diggle está construyendo una amenaza que va más allá del conflicto de época. Ese tipo de capas son lo que distingue un Elseworlds ambicioso de uno que solo es disfrute de vestuario.

Interior del cómic Gotham a luz de gas: Una liga por la justiciaInterior del cómic Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia

Interior del cómic Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia
La crítica en inglés ha señalado una tensión real en esta segunda parte. El Gotham a luz de gas original era un thriller íntimo: un detective disfrazado de murciélago persiguiendo a un asesino en serie. La saga de Diggle y Fernández es algo diferente: un ejercicio de worldbuilding que convierte el Gotham victoriano en el escenario de un crossover de Liga de la Justicia. Batman aparece con menos protagonismo en este volumen. El espectáculo es más grande.

Eso no significa que sea peor, pero sí diferente. Diggle entiende el género del cómic de superhéroes en versión de época y lo maneja con oficio. Las versiones victorianas de los personajes tienen lógica interna: no son simples disfraces del siglo XIX, sino reinterpretaciones que buscan el equivalente funcional del personaje en ese contexto histórico. Eso requiere trabajo, y se nota.

Lo que no tiene discusión es el dibujo. Leandro Fernández construye un Gotham de época con una solidez visual que va más allá del vestuario y los decorados de cartón piedra que afectan a mucho cómic de ambientación histórica. Las texturas son convincentes: los edificios victorianos tienen peso, los trajes de época tienen lógica de construcción, la iluminación a gas tiene una temperatura visual diferente a la luz eléctrica de comienzos del siglo XX.

El diseño de los personajes en versión victoriana tiene coherencia interna. El robot Metallo de la Era Dorada, el Zod de finales del XIX, la versión de Lex Luthor como industrial: cada uno tiene su lógica de diseño. La acción tiene un dinamismo que no sacrifica la legibilidad. En una época donde mucho cómic mainstream sacrifica una de esas dos cosas por la otra, el trabajo de Fernández es una garantía.

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Interior del cómic Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia
El lector que busque una continuación fiel al tono del Gotham a luz de gas original puede encontrar este volumen más disperso de lo esperado. El lector que disfruta del Elseworlds como ejercicio de "¿qué pasaría si?" aplicado a todo el Universo DC tiene aquí un trabajo sólido y visualmente muy competente. Los dos perfiles coexisten en el fandom de DC, y este tomo satisface más al segundo que al primero.

Los Elseworlds tienen un problema que cualquier lectura de Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia hace visible: el público llega con expectativas formadas por el material original, y cuando la secuela no satisface exactamente esas expectativas, la decepciión puede ser desproporcionada respecto a la calidad real del trabajo. El Gotham a luz de gas de 1989 era un one-shot de 46 páginas sobre un detective persiguiendo a Jack el Destripador. Era compacto, tenso, y lo que proponía era exactamente lo que entregaba. La saga de Diggle es más larga, más poblada y más ambiciosa en scope. Pedirle que sea lo mismo que el original es pedirle que sea algo que no pretende ser.

Lo que sí hace bien Diggle, y que no siempre se menciona en las críticas que centran el foco en la ausencia de Batman como protagonista, es el worldbuilding. Las versiones victorianas de los personajes tienen una lógica interna que no es solo cambio de vestuario. Lex Luthor como industrial del acero de la Era Dorada, Zod como figura militar de un país con ambiciones expansionistas, el Metallo impulsado por una forma primitiva de kryptonita encontrada por accidente: cada uno tiene su versión de época razonada. Eso requiere trabajo, y Diggle lo ha hecho. El resultado no tiene la intensidad del original, pero tampoco la pretende. El tomo 2 cierra con una apertura que hace que el tercer volumen, si se confirma, sea necesario.