Leviathan: Aguas profundas vol. 2 – La ciudad flotante y el monstruo que vive sobre el agua
Tras el devastador cierre del primer volumen, Leviathan: Aguas profundas continúa su travesía con un segundo tomo que amplía el mundo de forma decisiva. Publicado por Ivrea en su cuidada edición a color, este volumen no solo introduce nuevos escenarios y personajes clave, sino que desplaza el foco del terror marino hacia una amenaza más sutil y reconocible: la desigualdad humana.
Si el primer tomo era supervivencia pura en mar abierto, el segundo convierte el océano en escenario político y social.
Union Busan: una metrópolis suspendida en el abismo
Rita y Bota sobreviven gracias a la intervención de la arpónista Kana, pero lo han perdido todo: su padre Teon Ma y el barco que era su hogar. Convertidos en refugiados, son aceptados en el gigantesco navío Union Busan, una colosal ciudad flotante que replica la antigua Busan en mitad del océano.
El impacto visual es inmediato. Calles abarrotadas, neones, pequeños comercios, ruido constante… por momentos es fácil olvidar que todo esto flota sobre aguas infestadas de leviatanes. Lee Gyuntak construye aquí un contraste brillante: la civilización intenta reproducirse incluso cuando el mundo ha sido devorado por el mar.
Sin embargo, Union Busan no es un refugio idílico. Es un microcosmos brutalmente capitalista.
Un funcionario de bajo rango, Lee Giho, toma a los hermanos bajo su protección y les enseña la regla básica para sobrevivir allí: bajo el agua están los leviatanes, pero sobre el barco el verdadero enemigo es la pobreza. El mensaje es contundente. En un mundo donde los monstruos marinos son reales, el sistema social resulta igual de implacable.
Bota, acostumbrado a la vida austera en un pequeño barco recolector, se enfrenta a un entorno urbano donde el trabajo escasea y está reservado a los ciudadanos “originarios” de Busan. Los refugiados ocupan el último peldaño. La discriminación se convierte en el nuevo campo de batalla.
Bota frente al sistema: crecer en un mundo hostil
Este segundo volumen desplaza parte del protagonismo hacia el desarrollo interno de Bota. Ya no lucha únicamente contra criaturas gigantescas, sino contra una estructura social que lo excluye.
Lo interesante es que el chico no se vuelve cínico. Mantiene su apertura, su curiosidad, su voluntad de hablar con todo el mundo. A través de esas conversaciones el lector descubre más detalles sobre el origen del cataclismo, la lluvia interminable y la aparición de los leviatanes.
También se introducen por primera vez los distintos tipos de leviatanes y la inquietante mención a los “siete demonios de los mares”. La mitología del mundo se expande y el océano deja de ser una amenaza genérica para adquirir jerarquías, categorías y niveles de peligro.
Este recurso narrativo es clave: el horror se organiza, y cuando el horror tiene estructura, la amenaza se vuelve más concreta… y más aterradora.
Kana y el legado de Teon Ma
El otro gran eje del volumen es Kana. La arpónista que en el primer tomo aparecía como figura casi mítica comienza aquí a revelar su pasado.
A través de sus recuerdos conocemos la verdadera dimensión de Teon Ma. No era solo un cazador experimentado. Fue el arpónista más poderoso de Union Busan, una leyenda viva y mentor directo de Kana. Esta revelación transforma por completo la figura del padre de Bota.
Las escenas del pasado están construidas con una potencia visual extraordinaria. Combates brutales, espacios negros que separan viñetas y acentúan la violencia, destellos de espada chocando contra caparazones gigantescos… y en medio de todo, la imagen de Teon Ma como faro en la oscuridad.
El contraste entre la crudeza del entorno y los pequeños destellos de luz cuando aparece Teon Ma subraya su peso simbólico. No solo era un guerrero formidable, sino un referente moral.
Pero el pasado no trae únicamente admiración. También arrastra rencores. A medida que su nombre vuelve a pronunciarse en Union Busan, viejas heridas se reabren. La figura heroica del padre empieza a adquirir zonas grises que prometen complicar la narrativa en los próximos tomos.
Terror social y terror marino: un equilibrio brillante
Una de las mayores virtudes de este segundo volumen es su capacidad para equilibrar dos tipos de amenaza.
Por un lado, el terror biológico de los leviatanes y la expansión de su mitología. Por otro, la presión social de un sistema que discrimina, margina y explota a quienes no pertenecen al núcleo privilegiado.
Leviathan demuestra aquí que no necesita un ataque constante de monstruos para generar tensión. Basta con mostrar cómo un joven intenta conseguir trabajo y choca contra un muro invisible. La angustia es distinta, pero igual de asfixiante.
En lo visual, Noh Miyoung vuelve a ofrecer un espectáculo cromático impactante. Las escenas urbanas de Union Busan rebosan luz artificial y densidad humana, mientras que los recuerdos de Kana regresan a la oscuridad oceánica y a la brutalidad de los combates.
La edición de Ivrea, en formato A5 íntegramente a color, permite apreciar con claridad cada matiz de iluminación y cada textura submarina. Es un manwha que gana enormemente en papel.
Conclusión: cuando el verdadero monstruo no siempre tiene tentáculos
Leviathan: Aguas profundas vol. 2 amplía el mundo y eleva la historia más allá de la mera supervivencia. Introduce jerarquías dentro de los leviatanes, profundiza en el pasado de Teon Ma y, sobre todo, retrata una sociedad flotante donde la exclusión puede ser tan letal como cualquier criatura abisal.
El océano sigue siendo infinito y hostil, pero ahora sabemos que la amenaza no solo habita bajo la superficie. A veces, el monstruo vive en la cubierta.
Este segundo volumen consolida la serie como una de las propuestas postapocalípticas más interesantes del panorama actual. La travesía de Bota y Rita apenas ha comenzado, y el mar todavía guarda demasiados secretos.

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