Tras la publicación de DN Ángel – Edición Kanzenban Vol. 9 y 10, Editorial Ivrea pone punto final en papel a una de las obras shôjo más singulares de finales de los noventa y principios de los dos mil. Yukiru Sugisaki cierra aquí una historia marcada por el romanticismo, la melancolía y una relación muy particular entre arte, identidad y destino. Estos dos volúmenes dobles no solo suponen el desenlace de la trama, sino también una relectura más madura y emocional de un manga que empezó como comedia romántica sobrenatural y terminó abrazando un tono mucho más introspectivo. Para quienes siguieron la serie en su momento o la descubren ahora gracias a esta edición integral, estamos ante un cierre largamente esperado.
Desde sus inicios, DN Ángel jugó con una premisa atractiva y fácilmente reconocible: Daisuke Niwa, un chico tímido y torpe, se transforma en el legendario ladrón fantasma Dark Mousy cada vez que sus sentimientos amorosos se desbocan. Lo que en los primeros tomos funcionaba como motor de comedia romántica y enredo adolescente fue evolucionando, con el paso de los años y los hiatos de la autora, hacia un relato mucho más ambicioso.Estos volúmenes 9 y 10 de la edición Kanzenban recogen el tramo final de la historia, donde todos los elementos sembrados con anterioridad —las familias Niwa y Hikari, las obras de arte malditas, las dobles identidades y los vínculos afectivos— convergen de manera inevitable.
La trama de estos tomos finales se adentra de lleno en el conflicto definitivo. La aparición y desarrollo de Manismea, una entidad ligada al arte y a la distorsión de los deseos humanos, introduce una amenaza que va más allá del simple antagonista de turno.
Aquí ya no se trata solo de robar o proteger obras de arte, sino de entender qué representan, qué sacrificios han exigido a lo largo de generaciones y cómo han condicionado la vida de quienes las rodean. El secuestro de Dark, el encierro en espacios oníricos y laberínticos y el regreso de Daisuke al mundo real refuerzan la sensación de que la historia ha entrado en su recta final, con un tono más oscuro y emocionalmente cargado, aunque sin perder del todo el humor y la calidez que siempre caracterizaron a la serie.
Uno de los aspectos más interesantes de estos volúmenes es cómo se profundiza en las relaciones personales. El vínculo entre Daisuke y Riku alcanza aquí un punto de confrontación directa, obligando a ambos a enfrentar verdades que habían evitado durante toda la serie. Paralelamente, Risa, a menudo relegada a un papel más ligero en los primeros tomos, gana peso narrativo y demuestra una evolución notable.
También Satoshi Hiwatari, marcado por la presencia de Krad y el legado de su familia, encuentra en este tramo final un desarrollo que aporta matices a su frialdad habitual. Todo ello construye un cierre coral, donde cada personaje debe asumir su papel dentro de una historia que habla, en el fondo, de aceptar quiénes somos y qué estamos dispuestos a perder.
DN Ángel culmina como un manga profundamente reflexivo sobre el arte y la creación. La dicotomía entre los Niwa, condenados a robar y proteger, y los Hikari, malditos por crear obras vivas que devoran a sus autores, se convierte en una metáfora sobre la herencia, el sacrificio y la imposibilidad de escapar del pasado. El amor, presente desde el primer capítulo, adquiere aquí una dimensión más amarga y adulta, alejada del ideal romántico simple.
No todos los sentimientos encuentran una resolución plenamente satisfactoria, y esa decisión narrativa, aunque polémica para algunos lectores, resulta coherente con el tono melancólico que impregna el final.
El apartado artístico merece una mención especial. El dibujo de Yukiru Sugisaki en estos volúmenes finales muestra una clara evolución respecto a los primeros tomos. Las composiciones son más estilizadas, los fondos ganan presencia simbólica y el uso de claroscuros refuerza el tono introspectivo del relato.La edición Kanzenban de Ivrea, con formato A5, sobrecubiertas extraíbles y un interior que roza las 400 páginas incluyendo desplegables a color, permite apreciar con claridad este salto visual. Es una edición pensada tanto para la lectura como para el disfrute estético, algo especialmente relevante en una obra donde el arte es un eje central de la narración.
En conjunto, DN Ángel – Kanzenban Vol. 9 y 10 es una despedida que no busca complacer a todo el mundo, pero sí ser fiel a la historia que ha contado durante años. Está especialmente recomendada para lectores que crecieron con la serie, para amantes del shôjo con tintes sobrenaturales y para quienes valoran los relatos que evolucionan junto a sus personajes.
No es un final perfecto ni completamente luminoso, pero sí honesto, emotivo y coherente con el camino recorrido. Para quienes dudaban si esta nueva edición merecía la pena, estos volúmenes finales confirman que DN Ángel sigue teniendo un lugar propio dentro del manga romántico y fantástico, y que su lectura completa ofrece una experiencia tan nostálgica como reflexiva.

