Reseña de A la centésima va la vencida: 99 veces ejecutada, una vez enamorada #2. Amor, exilio y príncipes en guerra por un corazón
Con su segundo volumen, A la centésima va la vencida: 99 veces ejecutada, una vez enamorada confirma que no estamos ante un simple shojo de palacio al uso, sino ante una comedia romántica fantástica que disfruta retorciendo sus propios excesos. Publicado en España por Editorial Babylon, este tomo profundiza en las consecuencias emocionales del bucle de muerte que marcó el inicio de la serie y amplía el escenario más allá del imperio que condenó a su protagonista. Alpina, lejos de encontrar la paz tras romper con su destino, descubre que incluso una nueva vida puede convertirse en un campo de batalla sentimental.
El contexto general del manga sigue anclado en una premisa tan exagerada como eficaz: una joven noble ejecutada noventa y nueve veces por traición injusta que, en su centésima vida, adquiere la capacidad de leer los pensamientos del príncipe heredero responsable de su condena.En este segundo volumen, el foco se desplaza hacia las consecuencias de esa revelación. Alpina ha huido del Imperio de Lion para comenzar de cero en el extranjero, decidida a vivir con calma y sin implicarse en intrigas políticas ni románticas. Sin embargo, el pasado, como es habitual en este tipo de relatos, no tarda en alcanzarla. La aparición de Lionette, el antiguo prometido, herido y emocionalmente desarmado, reactiva un conflicto que Alpina creía haber dejado atrás.
El desarrollo de la trama en este tomo apuesta claramente por la comedia romántica desbordada. La llegada del príncipe extranjero introduce un triángulo amoroso que rápidamente escala hasta convertirse en un duelo de egos, afectos y malentendidos. Ambos príncipes comparten una devoción casi absoluta por Alpina, lo que genera situaciones deliberadamente exageradas que juegan con el absurdo sin perder de vista el trasfondo emocional.
Aunque la historia evita grandes giros argumentales, sí refuerza una idea central: Alpina ya no es una pieza pasiva dentro del tablero político, sino una mujer cansada de salvar reinos ajenos y decidida a priorizar su propia libertad, incluso cuando todos parecen empeñados en convertirla en el centro del mundo.
A nivel temático, este segundo volumen insiste en el choque entre destino y libre albedrío, pero lo hace desde un tono más ligero que en el arranque de la serie. El drama de las ejecuciones repetidas queda en segundo plano para dar paso a una sátira romántica que se burla del amor idealizado y de la figura del príncipe salvador. Alpina, consciente de su posición privilegiada tras tantas vidas acumuladas, adopta una actitud casi cínica frente a los sentimientos desbordados que despierta. Esta inversión del rol tradicional del shojo, donde la protagonista es adorada hasta el extremo pero rehúye ese pedestal, es uno de los elementos más interesantes del manga, aunque también puede generar cierta sensación de estancamiento narrativo para quienes esperan una evolución más marcada de la trama principal.
El apartado artístico acompaña bien esta intención. El dibujo mantiene un estilo sencillo y expresivo, con especial énfasis en los gestos exagerados y las reacciones cómicas de los personajes. Los fondos, en ocasiones minimalistas, ceden protagonismo a los diálogos y a la interacción constante entre Alpina y sus pretendientes. No es un manga que busque deslumbrar por su detalle visual, sino por su ritmo ligero y su capacidad para transmitir emociones claras con recursos gráficos contenidos. Esta elección estética refuerza el tono de comedia romántica y evita que la historia se vuelva innecesariamente solemne, algo que habría chocado con su espíritu desenfadado.
En cuanto a consideraciones finales, A la centésima va la vencida: 99 veces ejecutada, una vez enamorada #2 está claramente orientado a lectores que disfrutan del shojo contemporáneo con elementos de fantasía y humor autorreferencial.No es una obra especialmente compleja ni ambiciosa en lo narrativo, pero sí resulta efectiva en su propuesta de entretenimiento ligero, con una protagonista carismática y consciente de su propio absurdo. Quienes busquen giros dramáticos constantes o un desarrollo político profundo pueden quedarse con la sensación de que la historia se alarga más de lo necesario, pero para lectores jóvenes o aficionados al romance exagerado y autoconsciente, este segundo tomo cumple con creces.
En definitiva, este volumen confirma que la serie de Babylon apuesta por el disfrute inmediato y la comedia romántica sin complejos. Alpina sigue siendo el eje absoluto de la narración, rodeada de príncipes dispuestos a enfrentarse por su amor mientras ella solo desea vivir en paz. Si el manga logra equilibrar en futuros tomos esta ligereza con un avance más decidido de la trama, A la centésima va la vencida puede consolidarse como una de las propuestas shojo más desenfadadas y accesibles de su catálogo. Una lectura ideal para dejarse llevar, sonreír y comprobar que, incluso tras noventa y nueve muertes, el amor puede seguir siendo un problema deliciosamente incómodo.
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