Reseña de Cyberpunk Edgerunners MADNESS | Rebecca y Pilar antes del caos

Cyberpunk: Edgerunners MADNESS reseña: Night City no crea locos, solo revela quién siempre lo fue

Hay historias ambientadas en Night City que van de implantes, tiroteos y neones. Cyberpunk: Edgerunners MADNESS no. Este manga publicado recientemente en España por Panini Cómics entra directo al hueso del universo Cyberpunk y lo hace desde un ángulo incómodo: la locura no es una consecuencia del sistema, es una herencia. Sangre, pólvora y mala toma de decisiones desde la primera página.

Lejos de ser un simple “extra” para fans, Edgerunners MADNESS funciona como una precuela cruda y violenta que se centra en Rebecca y Pilar, dos de los personajes más queridos —y desquiciados— del imaginario Edgerunners. Aquí no hay épica romántica ni sueños imposibles; hay hermanos creciendo en un entorno donde disparar primero y pensar después no es un error, sino una forma de vida.

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Qué es Edgerunners MADNESS y por qué no busca redimir a nadie

El planteamiento es sencillo y brutal: Rebecca y Pilar quieren convertirse en edgerunners legendarios como su padre. No porque sea un ideal noble, sino porque en Night City no hay muchas alternativas que no huelan a derrota. Desde el primer capítulo queda claro que estos dos no están hechos para sobrevivir mucho tiempo… y tampoco les importa.

La obra escrita por Bartosz Sztybor y dibujada por Asano no intenta humanizar a sus protagonistas en el sentido clásico. No busca que los entiendas para perdonarlos. Busca que los observes y aceptes una verdad incómoda del universo Cyberpunk: hay gente que no quiere escapar del sistema, quiere arder dentro de él.

Rebecca y Pilar no actúan movidos por grandes ideales. Actúan por impulso, por rabia, por diversión, por necesidad química de violencia. Y esa honestidad salvaje es uno de los grandes aciertos del manga.

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Rebecca y Pilar: dos caras de la misma bala

Si algo deja claro Edgerunners MADNESS es que Rebecca no nace loca: se hace cómoda con la locura. Pilar, por su parte, es el ejemplo perfecto de alguien que confunde libertad con exceso. Ambos funcionan como un dúo condenado desde el principio, no porque Night City los vaya a destruir, sino porque ellos mismos se lanzan al vacío sin frenos.

El manga dedica mucho tiempo a mostrar cómo se alimentan mutuamente. Pilar empuja, provoca, escala. Rebecca observa, ríe y aprende. No hay mentor moral ni figura que ponga límites reales. Cuando aparece Safran, el misterioso detonante del caos, no introduce orden: introduce gasolina.

Y aquí está una de las claves del tomo: nadie obliga a Rebecca y Pilar a cruzar ciertas líneas. Lo hacen porque pueden. Porque en Night City la violencia es una moneda aceptada y ellos deciden gastarla sin pensar en mañana.

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Night City como jaula sin barrotes

Uno de los grandes logros de este manga es cómo retrata Night City sin necesidad de explicarla. No hay largos discursos sobre corporaciones ni sistemas opresivos: el entorno se entiende a través de consecuencias. Cada calle es una trampa. Cada trato, una emboscada potencial. Cada decisión impulsiva, una sentencia aplazada.

Edgerunners MADNESS no embellece el cyberpunk. Lo muestra sucio, ruidoso y caótico. Aquí la tecnología no es liberadora, es una extensión de la violencia. Los implantes no te hacen más fuerte: te hacen más eficiente a la hora de destruirte.

En ese sentido, el manga conecta muy bien con la filosofía central de Cyberpunk: el problema no es el futuro, es que el presente ya está roto.

Ritmo, acción y una violencia que no pide permiso

Narrativamente, el tomo avanza con un ritmo agresivo. No se detiene a justificar ni a reflexionar más de lo estrictamente necesario. Las escenas de acción son secas, directas y a menudo incómodas. No hay glamour en los tiroteos; hay caos.

El dibujo de Asano acompaña perfectamente este tono. Blanco y negro duro, composiciones cerradas, cuerpos que se rompen y miradas que no prometen nada bueno. No busca estilizar la violencia, sino hacerla inevitable. Cada página transmite la sensación de que todo puede salirse de control en cualquier momento… porque suele hacerlo.

Y eso encaja con Rebecca y Pilar: personajes que viven como si cada día fuera el último, porque probablemente lo sea.

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Una precuela que suma, no solo explota la nostalgia

Uno de los grandes miedos con un proyecto así es que se limite a exprimir personajes populares sin aportar nada nuevo. Cyberpunk: Edgerunners MADNESS evita ese error. No intenta repetir momentos icónicos ni copiar emociones del relato principal. Aporta contexto, pero sobre todo profundiza en el ADN de Rebecca.

Después de leer este tomo, entiendes mejor por qué Rebecca es quien es. No la justificas, pero la comprendes. Y en un universo como este, eso es suficiente.

Conclusión: en Night City no se sobrevive siendo cuerdo

Cyberpunk: Edgerunners MADNESS es un manga violento, impulsivo y conscientemente descontrolado. No busca moralejas ni redenciones. Te muestra a dos personajes que eligieron arder rápido antes que apagarse despacio, y un entorno que premia exactamente ese tipo de decisiones… hasta que deja de hacerlo.

No es una lectura amable ni equilibrada, pero sí honesta con el espíritu Cyberpunk. Si Night City es una trituradora de sueños, este tomo es el manual de alguien que decide meter la cabeza voluntariamente.

No todos los edgerunners quieren llegar al final. Algunos solo quieren dejar una explosión bonita por el camino.