Con Strange Houses 1, Reservoir Books abre la puerta a uno de los fenómenos de terror japonés más comentados de los últimos años. Basado en la novela superventas de Uketsu y adaptado al manga por Kyo Ayano, este primer volumen de la serie —publicado en la línea Reservoir Gráfica, en tapa blanda con solapas, formato aproximado 152 x 210 mm y con 432 páginas en blanco y negro— llega a España precedido por más de 1,8 millones de copias vendidas en Japón y una exitosa adaptación cinematográfica.
Bajo el título original Hen-na Ie (変な家), Strange Houses propone una premisa tan sencilla como perturbadora: ¿qué pasa cuando un plano de una casa, aparentemente normal, es en realidad un mapa de horrores cuidadosamente diseñados?
Un plano, una habitación imposible y el inicio del desconcierto
Todo arranca con algo tan cotidiano como la compra de una vivienda. Un hombre acude a un escritor especializado en lo paranormal con un plano entre manos. Sobre el papel, la casa parece normal, pero hay algo que no encaja: un espacio ciego, una habitación sin puerta ni ventana, escondida entre muros como si nunca hubiera debido existir.
Intrigado, el escritor recurre a un arquitecto obsesivo y meticuloso, alguien capaz de leer los planos como otros leen novelas. Entre ambos empiezan a detectar incongruencias: puertas mal situadas, pasillos sin sentido, habitaciones interiores sin luz natural, conexiones ilógicas entre plantas. Y, en el centro de todo, ese volumen cerrado que no debería estar ahí.
La secuencia que abre el manga funciona casi como un acertijo lanzado directamente al lector: antes de que nadie explique nada, vemos el plano. El libro nos invita a mirar, a sospechar, a jugar a arquitectos amateurs mientras una pregunta se instala en la cabeza: ¿qué se ha escondido ahí dentro?
Arquitectura del miedo: la casa como personaje
Uno de los mayores aciertos de Strange Houses 1 es la forma en que convierte la casa en un personaje más. No es un simple escenario pasivo, sino una presencia que se deja leer, interpretar y temer a través de sus proporciones. El manga abraza el concepto de “terror arquitectónico”: basta una escalera sin sentido, un cuarto infantil sin ventanas en medio de la planta, un baño encajado en un ángulo imposible, para que la inquietud vaya creciendo viñeta a viñeta.
La investigación avanza mediante entrevistas, reconstrucción de planos y teorías cada vez más escalofriantes. Lo que al principio parece un error de diseño se revela como una decisión consciente: alguien ha creado esa casa para ocultar algo. Y no se trata solo de objetos. Hay compartimentos, huecos, zonas invisibles desde el exterior que parecen pensadas para esconder cuerpos, prisioneros, o rastros de crímenes que nunca debían salir a la luz.
En este sentido, el manga recupera el espíritu de los clásicos “casos imposibles” del misterio, pero lo actualiza con una sensibilidad muy moderna: la casa funciona como un rompecabezas tridimensional, un laberinto lógico que los personajes deben descifrar sin cruzar nunca (al menos en este primer volumen) la línea del susto fácil o del sobresalto gratuito.
Un falso documental en forma de manga
Narrativamente, Strange Houses 1 tiene algo de falso documental. No estamos ante una historia de terror convencional con sobresaltos y persecuciones, sino ante una investigación casi periodística que se va armando a base de testimonios, planos superpuestos y deducciones.
El punto de vista está anclado en el escritor de lo oculto, un narrador en primera persona que sabe menos de lo que le gustaría, pero más de lo que es sano para cualquiera. Esa elección de narrador “limitado” es clave: como lectores, avanzamos a su ritmo, compartimos dudas, errores y descubrimientos. No hay una voz omnisciente que nos dé todas las respuestas; hay un investigador que tantea en la oscuridad mientras la historia se retuerce a su alrededor.
La estructura del tomo también refuerza esa sensación de expediente en construcción. Caso tras caso, entrevista tras entrevista, vamos descubriendo que no existe solo una casa extraña, sino un patrón. Otros planos, otras viviendas, otras personas arrastradas a tragedias que se repiten con variaciones. Cada nuevo dato encaja en el puzle arquitectónico y, al mismo tiempo, abre nuevas incógnitas.
Casas para ocultar cosas… o personas
A medida que la trama avanza, la idea principal se hace cada vez más incómoda: alguien —o varios alguienes— está diseñando casas con la intención clara de ocultar aquello que no debe salir a la luz. El manga plantea hipótesis sobre crímenes domésticos, compartimentos ocultos para desmembrar cuerpos, habitaciones de confinamiento y estructuras pensadas para que los vecinos jamás sospechen lo que ocurre tras ciertos muros.
Entra en escena Yuzuki Miyae, una mujer cuyo marido fue brutalmente asesinado y desmembrado, con partes del cuerpo escondidas en compartimentos secretos de otra vivienda. El plano de esa casa, cuando se pone sobre la mesa, repite el mismo patrón de diseño “defectuoso” que la primera. Ya no se trata de un raro capricho arquitectónico: hay una firma, un estilo, una mano criminal detrás de todas estas estructuras.
El tono del manga evita el morbo explícito y apuesta por lo sugerido. No es el gore lo que impacta, sino la frialdad con la que se habla de cuerpos encajados en tabiques, de habitaciones sin acceso y de huecos ideales para que nadie encuentre nunca lo que se ha escondido allí.
Terror que exige al lector pensar
Una de las cosas más interesantes de Strange Houses 1 es que pide la participación activa del lector. No es una lectura pasiva: constantemente volvemos a los planos, a los esquemas, a las explicaciones del arquitecto para intentar adelantarnos a las conclusiones. La obra juega limpio. Da pistas, enseña ángulos, superpone plantas, ofrece información suficiente como para que, en algunos puntos, podamos intuir qué se oculta tras el siguiente giro.
Esa dimensión casi interactiva lo emparenta con los enigmas clásicos y con cierto tipo de ficción posmoderna donde el lector es cómplice. No es casual que muchos críticos hablen de la serie como una mezcla entre leyenda urbana, novela de crímenes y experimento formal: Strange Houses no quiere solo asustarte, quiere que mires tu propia casa de otra manera.
El dibujo de Kyo Ayano: sobriedad, atmósfera y planos como armas
En el apartado gráfico, Kyo Ayano opta por un estilo sobrio, funcional y muy eficaz para el género. No hay estridencias ni deformaciones grotescas: la mayor parte de las páginas están ocupadas por personas hablando, planos desplegados sobre mesas y recreaciones de espacios aparentemente anodinos. Esa contención hace que, cuando llega un panel inquietante, funcione como un golpe seco.
Los cambios de perspectiva entre conversación íntima y vista cenital de la casa son especialmente brillantes. El arquitecto señala un punto en el papel, la viñeta se abre y de repente vemos ese espacio en tres dimensiones, con una iluminación imposible o una ausencia total de luz. El lector entiende físicamente dónde está el problema.
La elección de un blanco y negro nítido, sin exceso de tramas, refuerza ese aire de informe frío y analítico, como si estuviéramos leyendo un expediente de caso policial en viñetas.
Un fenómeno que entiende el terror de forma distinta
No es casual que Strange Houses se haya convertido en un fenómeno japonés número 1, con manga, novela y película de gran éxito. Uketsu demuestra que no hacen falta monstruos digitales, universos compartidos ni gore desatado para incomodar al lector: basta con una puerta mal colocada, una habitación sin acceso, una escalera sin lógica para que el lugar que llamamos hogar deje de ser seguro.
Este primer volumen plantea más preguntas que respuestas, pero lo hace de manera calculada. Cuando cierras el tomo, la sensación es clara: necesitas el siguiente. Quieres saber quién diseña esas casas, qué las une, hasta dónde llega la conspiración y qué precio pagarán quienes se atrevieron a mirar demasiado de cerca esos planos.
Para lectores adultos que disfrutan del terror lento, cerebral y lleno de matices, Strange Houses 1 es una apuesta muy sólida y una de las novedades más interesantes del año dentro del manga de horror y misterio.

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