DC Finest. Plastic Man de Jack Cole: volumen histórico y la comedia elástica que redefinió al superhéroe
Hay obras fundacionales del cómic estadounidense que, pese a su enorme influencia, permanecen injustamente fuera del foco del lector contemporáneo. DC Finest. Plastic Man de Jack Cole, publicado por Panini Comics, es una de esas recuperaciones que no solo reivindican a un autor esencial de la Edad de Oro, sino que demuestran hasta qué punto muchas de las ideas modernas sobre narrativa gráfica, humor y libertad formal ya estaban presentes en los años cuarenta. Este extenso volumen recopila las aventuras originales de Plastic Man con una ambición casi arqueológica, ofreciendo una lectura tan reveladora como sorprendentemente fresca.
Este volumen de DC Finest. Plastic Man de Jack Cole reúne material fundamental publicado entre 1941 y 1944, incluyendo Police Comics del número 1 al 36 y los dos primeros números de Plastic Man. A lo largo de sus más de quinientas páginas, se puede observar con claridad la evolución de la serie y del propio Cole como narrador. Lo que comienza como un cómic de crimen con tintes pulp va derivando progresivamente hacia una comedia visual desbordante, en la que la lógica interna del relato se pliega siempre a la imaginación y al gag.
Las historias incluidas no siguen una macrotrama al uso, sino que funcionan como episodios autoconclusivos en los que Plastic Man se enfrenta a mafiosos, científicos locos, estafadores, amenazas sobrenaturales o simples delincuentes de barrio. Sin entrar en spoilers, el lector asistirá a persecuciones imposibles, identidades falsas, trampas absurdas y situaciones que rozan el slapstick cinematográfico. La aparición de Woozy Winks, el inseparable compañero de Plastic Man, marca un punto de inflexión definitivo en el tono de la serie. Woozy no es un ayudante heroico, sino un pícaro egoísta y cobarde cuya invulnerabilidad accidental sirve como contrapunto cómico constante. Juntos forman una de las parejas más caóticas y divertidas de la Edad de Oro.
A nivel temático, Plastic Man destaca por su uso del humor como herramienta narrativa central. Jack Cole no se limita a introducir chistes aislados, sino que construye situaciones completas en torno al absurdo, la exageración y la sorpresa visual. El cuerpo elástico del protagonista no es solo un poder, sino un recurso expresivo que permite romper las reglas de la composición clásica de la página. Plastic Man se convierte en objetos, letras, escenarios o incluso en parte del decorado, anticipando recursos que décadas después serían celebrados en autores como Tex Avery, Harvey Kurtzman o incluso en el cómic underground.
Pero reducir la obra de Cole a una simple comedia sería injusto. Bajo el humor constante late una mirada muy particular sobre la sociedad estadounidense de su tiempo. Las historias reflejan miedos, obsesiones y contradicciones de la América de la Segunda Guerra Mundial, desde la paranoia ante el crimen organizado hasta la sátira de las instituciones, pasando por un tratamiento sorprendentemente oscuro de temas como la violencia, la marginalidad o la hipocresía moral. Plastic Man es un héroe que salva el día, sí, pero lo hace a su manera, sin solemnidad ni discursos grandilocuentes, casi como si el heroísmo fuera un accidente más en su carrera.
El apartado artístico es, sin exagerar, revolucionario para su época. Jack Cole demuestra en cada página una comprensión del lenguaje del cómic que va mucho más allá de la norma de los años cuarenta. Sus composiciones son dinámicas, el ritmo narrativo es impecable y el uso del espacio rompe constantemente con la rigidez de la cuadrícula tradicional. La influencia del slapstick cinematográfico se percibe en la expresividad corporal, en la exageración de gestos y en la claridad visual de la acción. Todo está pensado para que el lector entienda la escena de un solo vistazo, incluso cuando el dibujo se vuelve deliberadamente caótico.
La edición de Panini en este DC Finest. Plastic Man de Jack Cole resulta especialmente relevante. Presentado en rústica con solapas y en un tamaño generoso, el volumen permite disfrutar del color original y del trazo de Cole con una reproducción cuidada. No es solo una recopilación para completistas, sino una auténtica puerta de entrada a uno de los grandes genios olvidados del cómic clásico. El tomo funciona tanto como documento histórico como obra plenamente disfrutable en la actualidad.
Este cómic está especialmente recomendado para lectores interesados en la historia del cómic, en la Edad de Oro de DC y en propuestas narrativas poco convencionales. También es una lectura ideal para quienes busquen algo radicalmente distinto al superhéroe moderno, más oscuro y autoconsciente. Plastic Man es irreverente, imprevisible y, en muchos sentidos, más libre que muchos personajes actuales constreñidos por décadas de continuidad.
En conclusión, DC Finest. Plastic Man de Jack Cole no es solo una reedición necesaria, sino una reivindicación justa de un autor que ayudó a definir el medio desde la comedia y la experimentación. Leer hoy estas historias es recordar que el cómic siempre ha sido un territorio de libertad creativa absoluta, y que incluso en los años más tempranos del género ya existían obras capaces de desafiar todas las normas. Un volumen imprescindible que demuestra que, a veces, la verdadera innovación se encuentra estirando los límites… exactamente como Plastic Man.

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