Pocos personajes del cómic estadounidense tienen una presencia tan transversal y reconocible como Garfield. Durante décadas, el gato más cascarrabias del noveno arte ha sido sinónimo de sarcasmo, pereza y una devoción casi religiosa por la lasaña. Ahora, en 2026, ese icono cultural recibe un giro inesperado y entrañable con Baby Garfield, una nueva miniserie que apuesta por la ternura sin perder la esencia del personaje.
Lejos de ser una simple curiosidad infantil, esta propuesta de BOOM! Studios explora algo que rara vez se había abordado de forma directa: los primeros momentos de Garfield antes de convertirse en la leyenda doméstica que todos conocemos.
Un nuevo punto de entrada al universo Garfield
Baby Garfield se presenta como una miniserie de cuatro números que reimagina al personaje en sus primeros días de vida. Aquí no hay cinismo adulto ni monólogos mordaces sobre los lunes, pero sí una versión en miniatura del mismo espíritu rebelde. El cómic pone el foco en esas pequeñas “primeras veces” que definen cualquier infancia, trasladándolas al terreno felino con humor y mucha expresividad.
El resultado es una lectura accesible, pero no simplona. La serie entiende perfectamente a su público: lectores veteranos que han crecido con Garfield, amantes de los gatos y nuevos lectores que buscan una historia ligera, emocional y divertida dentro del cómic USA contemporáneo.
Dos historias cortas para definir a un icono
El primer número arranca con dos relatos autoconclusivos que funcionan como carta de presentación del concepto. En el primero, Grace Ellis se une a Asia Simone para narrar el momento en el que Garfield pronuncia su primera palabra. No es solo un chiste simpático, sino una forma de establecer carácter desde el inicio: incluso siendo un cachorro, Garfield ya destaca por su actitud y su capacidad para descolocar a quienes le rodean.
El segundo relato, firmado por Michael Northrop junto a Rob Justus, aborda otro hito fundamental en la vida de cualquier gato: la primera bola de pelo. Lo que podría quedarse en un gag escatológico se convierte en una escena sorprendentemente afectuosa, donde el humor físico convive con una mirada cariñosa hacia el vínculo entre mascota y cuidador.
Ambas historias funcionan porque entienden que Baby Garfield no debe ser una parodia del personaje adulto, sino su semilla.
Un enfoque coral y una identidad visual coherente
Más allá de los autores principales de este primer número, la serie cuenta con un amplio abanico de colaboradores que aportan matices distintos al conjunto. Nombres como Ben Clanton, Stephanie Cooke, Brittany Williams, Whitney Gardner, Jordan Morris, Olivia Amoah o Kay Davault refuerzan la sensación de proyecto coral, pensado para explorar el concepto desde múltiples sensibilidades creativas.
Visualmente, Baby Garfield apuesta por un estilo expresivo, limpio y muy enfocado en la gestualidad. El diseño del personaje mantiene los rasgos esenciales del Garfield clásico, pero adaptados a un formato más redondeado y elástico, ideal para transmitir emociones exageradas. El número uno incluye una portada principal ilustrada por Agnes Garbowska, con colores de Sil Brys, acompañada de variantes firmadas por Rob Justus y Asia Simone, todas ellas alineadas con el tono alegre y desenfadado de la serie.
Relevancia dentro del cómic USA actual
La llegada de Baby Garfield encaja con una tendencia clara dentro del mercado estadounidense: revisitar iconos clásicos desde enfoques más amables, accesibles y multigeneracionales. Sin recurrir a grandes reinicios ni a reinterpretaciones oscuras, la serie demuestra que todavía hay espacio para expandir universos conocidos desde la cotidianeidad y el humor.
Además, refuerza el posicionamiento de BOOM! Studios como editorial capaz de manejar licencias y personajes reconocibles con sensibilidad autoral, alejándose del simple producto derivado. Aquí hay intención creativa, respeto por el legado y una clara comprensión de por qué Garfield sigue siendo relevante décadas después de su creación.
Una propuesta pequeña con mucho corazón
Baby Garfield no pretende redefinir el cómic USA ni competir en épica con otros lanzamientos del año. Su ambición es distinta y, precisamente por eso, funciona. Es una lectura que conecta generaciones, que celebra lo cotidiano y que demuestra que incluso los personajes más conocidos pueden seguir sorprendiendo si se les observa desde otro ángulo.
En un mercado saturado de eventos y grandes giros, este pequeño gato recuerda que a veces lo más efectivo es volver al principio… y hacerlo con una sonrisa.
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