All of Us Are Dead (Now at Our School) reseña: sobrevivir no te hace humano… lo que haces mientras tanto, sí
Hay historias de zombis que van de correr, gritar y no mirar atrás. All of Us Are Dead, obra de Joo Dong-geun, no. Este webtoon surcoreano —conocido también como Now at Our School— encierra el apocalipsis en un instituto y convierte la supervivencia en una prueba moral constante. Aquí no se trata solo de no morir mordido, sino de qué estás dispuesto a hacer para seguir con vida cuando el mundo se cae a pedazos.
La premisa es tan sencilla como cruel: un brote zombi estalla en el instituto Hyosan y se extiende por la ciudad a una velocidad absurda. Profesores desaparecidos, autoridades ausentes, pasillos llenos de muertos vivientes y un grupo de estudiantes atrapados, obligados a improvisar decisiones que ningún adolescente debería tener que tomar. A partir de ahí, el webtoon deja claro que no todos los supervivientes son iguales… y que no todos merecen sobrevivir.
Dos formas de querer vivir
El corazón de All of Us Are Dead no está en los zombis, sino en el contraste entre personajes. Todos quieren vivir, sí, pero no todos entienden la supervivencia de la misma manera. Ese choque queda cristalizado en dos parejas que funcionan como espejo moral del relato: Nayeon y Gwinam frente a Suhyeok y Namra.
Ambos dúos parten del mismo punto —no morir—, pero el camino que eligen no podría ser más distinto. Nayeon y Gwinam representan la supervivencia egoísta, la idea de que cualquier cosa está justificada si te mantiene con vida un minuto más. Suhyeok y Namra, en cambio, encarnan una resistencia más incómoda y arriesgada: vivir sin renunciar del todo a la humanidad.
El origen del desastre: cuando la estupidez importa más que el horror
Antes de entrar en los personajes, hay que decirlo: el detonante del apocalipsis es tan absurdo que roza lo irritante. El profesor de ciencias, el señor Lee, decide experimentar con hámsters infectados y dejarlos en un aula sin seguridad real. El resultado es obvio: una alumna mordida, pánico, contagio en cadena y el instituto convertido en un matadero.
Este punto puede chirriar, pero también refuerza una idea clave del webtoon: el desastre no siempre nace del mal, sino de la negligencia. No hace falta un villano brillante para provocar el fin del mundo; basta con alguien incapaz de asumir responsabilidades.
Gwinam: sobrevivir a cualquier precio, incluso dejando de ser humano
Gwinam es uno de esos personajes que parecen diseñados para recordarte que siempre puede haber algo peor. Violento, cobarde y cruel, utiliza a otros estudiantes como escudos, traiciona sin pestañear y cruza límites que el propio apocalipsis no justifica. Su conversión en una especie de zombi consciente —capaz de pensar, pero impulsado por el hambre— lo convierte en una amenaza aún más inquietante que los muertos vivientes sin mente.
Lo interesante es que Gwinam no es solo un monstruo externo: es el recordatorio constante de lo que ocurre cuando el instinto de supervivencia se desliga por completo de la empatía. No lucha por vivir mejor ni por proteger a nadie; lucha por existir un segundo más, aunque eso implique devorar a otros.
Suhyeok: cuando sobrevivir implica volver a salir al infierno
En el extremo opuesto está Suhyeok. No es perfecto ni invulnerable, pero sí coherente. Mientras otros se esconden, él sale a buscar comida, ayuda a compañeros heridos y se expone una y otra vez al peligro. No porque sea un héroe clásico, sino porque entiende que la supervivencia colectiva aumenta las posibilidades individuales.
Gracias a decisiones como las suyas, el grupo logra avanzar, alcanzar la azotea y escapar del instituto. Suhyeok demuestra que, incluso en un mundo roto, hay actos que construyen en lugar de destruir. No es casual que sea uno de los personajes que mejor conecta con el lector.
Nayeon: perder la humanidad antes de perder la vida
Nayeon es, quizá, el personaje más incómodo del webtoon. No necesita ser mordida para convertirse en monstruo. Su miedo a la muerte y su obsesión por no ser infectada la llevan a cruzar una línea imperdonable: acusa falsamente a un compañero y, cuando eso no basta, lo infecta a propósito para demostrar que tenía razón.
Aquí el relato es implacable. El grupo la aparta, la encierra y la condena a una muerte lenta y solitaria. No hay redención forzada ni perdón fácil. All of Us Are Dead no intenta justificarla: muestra cómo el egoísmo extremo rompe cualquier lazo de confianza y acaba aislando incluso al que quiere salvarse.
Namra: el sacrificio silencioso
Namra, la presidenta de la clase, es el contrapunto perfecto. Responsable, empática y serena, se expone para buscar comida y cuidar a los demás. Cuando es mordida y descubre que puede perder el control, lucha contra ello. Y cuando entiende que su mera presencia puede poner en peligro al grupo, toma la decisión más dura: alejarse para protegerlos.
Es un sacrificio sin aplausos, sin épica exagerada, pero profundamente humano. Namra encarna la idea central del webtoon: a veces sobrevivir no significa seguir junto a los tuyos, sino saber cuándo marcharte para no hacerles daño.
Un ritmo irregular, pero una tesis clara
Es cierto que All of Us Are Dead no es el webtoon más vertiginoso del género. No tiene la intensidad constante de otros relatos de supervivencia ni un apartado artístico que busque agradar a todo el mundo. Su estilo es áspero, directo y a veces incómodo.
Pero ahí está su fuerza. La obra no quiere ser solo adrenalina; quiere dejar una idea clara: la actitud importa tanto como la mordida. El egoísmo mata, la solidaridad salva… o al menos da sentido al intento.
Conclusión: no todos los que sobreviven lo merecen, y no todos los sacrificios se ven
All of Us Are Dead utiliza el apocalipsis zombi como excusa para hablar de algo mucho más cercano: cómo reaccionamos cuando el sistema falla y nadie va a venir a rescatarnos. Algunos personajes sobreviven porque pisan cabezas. Otros sobreviven porque levantan a los que caen. Y otros, los más valientes, aceptan quedarse atrás.
No es una obra perfecta, ni pretende serlo. Pero tiene corazón, incluso cuando lo arranca del pecho y lo deja tirado entre sangre y vísceras. Y en un género saturado de muertos vivientes, eso ya es decir mucho.
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