El octavo volumen de Villains Are Destined to Die arranca con una negativa. Penelope quiere ver a Eckles, encerrado en las mazmorras, y el duque Eckhart no la deja. Tampoco le cuenta que Ivonne, la verdadera hija de la casa, ya está dentro de la mansión: el duque quiere mantenerlo en secreto hasta después de la ceremonia de mayoría de edad. Penelope pide que se cancele la ceremonia y recibe otra negativa, porque las invitaciones ya están enviadas. Entonces deja de discutir, se disfraza de criada y se escabulle por la ventana hasta la celda.
La visita a Eckles es el primer gran momento del tomo. Penelope le pregunta si la odiaba tanto como para querer matarla y él contesta que todo lo que hizo fue para quedarse a su lado. Es una confesión obsesiva y SUOL no la suaviza: Eckles admite que usó a Ivonne para aislar a Penelope. El medidor de afinidad, que sigue ahí para recordarnos que esto es un juego, se queda en un 99 %. Penelope tiene delante a la persona que más daño le ha hecho y a la que más cerca estuvo de querer, y el tomo deja esa contradicción a la vista sin resolverla.
Conviene recordar de dónde viene Penelope. El regreso de Ivonne como hija de la casa Eckhart ha derrumbado lo que había construido, y Eckles, al que creía de su parte, la traicionó. El tomo no empieza con un plan nuevo. Empieza con una chica que ya sabe que las cosas han salido mal y necesita oír la verdad de boca del traidor antes de enfrentarse a una ceremonia que puede ser su final. Esa necesidad de saber, más que de ganar, es lo que mueve los primeros capítulos y los distingue de los de otros tomos.
Antes de la ceremonia, el duque va a la habitación de Penelope. Dice que no sabe cómo tratarla y que se arrepiente. Recuerda el día en que la conoció, una niña mendiga que le sonrió con una moneda de oro en la mano. Aclara que los escoltas eran por preocupación y no por sospecha, y se niega a cancelar la ceremonia: la ha preparado para hacerla feliz y como disculpa tardía. Es el pasaje más emotivo de la serie hasta ahora, y lo es porque nadie levanta la voz. Un hombre torpe intenta decirle que también es su hija sin saber cómo.
La ceremonia llega con pétalos de rosa creados por cientos de magos, un detalle que el duque incluye porque Penelope lo mencionó en su día. Callisto se presenta con regalos de mayoría de edad y una propuesta de matrimonio que Penelope rechaza. Más adelante admite que hasta el día anterior ella le resultaba odiosa y que durante la ceremonia no pudo apartar la vista de ella. La escena sirve para que Callisto deje de ser solo un interés amoroso del juego y tenga una reacción propia, algo que el tomo anterior apenas había insinuado.
La penalización y el veneno
El tercer bloque es el más duro. Penelope no ha cerrado el modo difícil ni ha alcanzado el final de ningún interés amoroso, y el sistema le pasa factura con una penalización: la afinidad cae de golpe con todos los objetivos mientras la ceremonia está en marcha. Es una buena idea de guion, porque convierte una mecánica del juego en un golpe emocional en el peor momento posible. Las barras que durante siete tomos han servido como brújula se vuelven contra ella delante de toda la nobleza.
Lo que viene después es el cliffhanger. Penelope descubre que hay veneno en la copa de Ivonne, cambia las copas, anuncia ante los invitados que la protagonista de esta historia es Ivonne y bebe. El tomo termina con ese gesto. No resuelve nada y deja a Penelope en el peor punto posible para empezar el tomo 9. Quien llegue a este volumen sin haber leído los anteriores se perderá buena parte del peso de cada escena. Quien venga siguiendo la serie desde el principio verá cómo lo sembrado desde el primer tomo, la llegada de Ivonne, el miedo de Penelope a su final, la deuda con el duque, se junta en una sola noche.
El arte y la edición
La parte visual sigue siendo el mayor argumento a favor de Villains Are Destined to Die. SUOL dibuja a todo color durante las 296 páginas y se nota en la ceremonia, con los vestidos y los pétalos, y en la celda de Eckles, donde las expresiones cuentan más que los diálogos. El formato webtoon, pensado para el scroll, se ha pasado al papel con cortes de página que respetan los golpes de efecto. Es un tomo que se lee deprisa, pero no porque sea ligero: se lee deprisa porque quieres saber qué viene después.
Lo que se le puede discutir es que depende por completo de lo anterior. El volumen no se detiene a explicar quién es Ivonne ni por qué el duque tarda tanto en hablar con Penelope, y quien haya dejado la serie a medias tendrá que volver atrás. A cambio, la escena del duque y el cierre con el veneno son de lo mejor que ha dado la serie, y justifican el tomo por sí solos.
Norma Editorial publica el tomo en rústica con solapas, a 14,8 x 21 cm, con 296 páginas a color y a un precio de 15,95 euros. Mantiene el formato de los volúmenes anteriores, así que encaja en la estantería sin sorpresas. Si te perdiste el anterior, tienes nuestra reseña del tomo 7, y en la web de Norma está la ficha del volumen.
Este es el tomo que merece haber llegado hasta aquí. Tiene la mejor escena de la serie, la del duque, y el cierre más arriesgado, el de una protagonista que decide qué está dispuesta a perder. Es el punto donde Villains Are Destined to Die deja de ser un manhwa entretenido de villana reencarnada y se convierte en una historia sobre pertenecer a una familia que no elegiste. El tomo 9 llega a continuación, y quien termine este lo va a querer ya en las manos.
Título: Villains Are Destined to Die 8
Autor: SUOL (dibujo) y Gwon Gyeoeul (guion)
Editorial: Norma Editorial
Formato: Rústica con solapas, 14,8 x 21 cm, a color
Sentido de lectura: Occidental
Páginas: 296
Precio: 15,95 €
Fecha de publicación: 3 de julio de 2026
ISBN: 978-84-679-8085-1





