Olvida al Taniguchi de los paseos por el barrio, de las montañas y de los recuerdos de infancia. Aquí hay sangre, katanas y una trama política que exige atención. La leyenda del samurái: El libro del viento es uno de los desvíos más raros de su carrera, y llega a Planeta Cómic en nueva edición el 28 de octubre de 2026.
Un encargo que no se puede rechazar
Estamos en el verano de 1649. Los Tokugawa llevan décadas manteniendo la paz a base de mano dura y el emperador retirado, Go-Mizunoo, no ha olvidado quién mandaba antes. Alguien entra en el templo del clan Yagyu y se lleva las crónicas secretas de la familia. Esos textos pesan. Sin ellos, el shogunato queda expuesto, y con ellos en otras manos, Japón puede acabar en una guerra civil entre la corte y Edo.
El ladrón es Yashamaro, un ninja al servicio del emperador retirado. Lo que más me gusta del arranque es que el tomo no pierde tiempo en explicarlo todo. El robo ocurre, el clan se mueve y el cabeza de familia, Yagyu Munenori, manda a sus hijos a limpiar el desastre: el mayor, Yagyu Jubei, el espadachín legendario, y su hermano Rokumaru, monje del templo.
El guion es de Kan Furuyama. Se nota que domina el periodo, porque da por hecho que el lector sabe por qué un documento puede derribar un régimen. Ahí está el primer escollo del tomo, y volveremos a él.
Qué pasa en el tomo
La estructura es de persecución. Jubei sale tras la pista del ladrón y se abre paso por Japón entre emisarios del emperador, samuráis y ninjas. Son nueve capítulos y casi todos se resuelven con un duelo. No hay relleno: cada combate empuja la historia un paso más hacia el choque entre Jubei y Yashamaro, que se encuentran más de una vez y cada vez se entienden menos y se respetan más.
Entre duelo y duelo, el tomo reparte emisarios imperiales, samuráis y ninjas que ponen a prueba a Jubei sin darle respiro. El ritmo no afloja y la estructura de caza es lo que mejor sostiene el volumen: sabes lo que persigue el protagonista y por qué no puede permitirse perderlo. La tensión no depende de giros, depende de que cada encuentro cueste algo.
La política va por debajo. Go-Mizunoo quiere recuperar poder para la corte y busca apoyos. En medio queda Tsukinowa no Miya, hija del emperador retirado y antigua emperatriz, a quien Jubei escoltó en otro tiempo. Esa relación le da al protagonista algo más que la obligación con su casa, aunque el tomo la trabaja menos de lo que merecería.
Un marco que da sentido al final
La historia no empieza ni acaba en 1649. La enmarca Katsu Kaishu, ya anciano, que recuerda el episodio de los Yagyu mirando al Japón que vino después. Es un recurso inteligente: el lector llega al último capítulo sabiendo que el pulso entre el shogun y la corte terminó resolviéndose más de doscientos años después, y esa sombra le cambia el peso a lo que ha visto. El cierre no lo destripo. Solo diré que el duelo final entre Jubei y Yashamaro está a la altura de la rivalidad que el tomo construye, y que la mirada de Katsu Kaishu desde el futuro le da un peso extra al conjunto.
Dicho esto, no todo funciona. El reparto es largo y muchos secundarios se confunden entre sí. Hay nombres históricos, cargos, clanes y alianzas que se amontonan, y en mitad del volumen es fácil perder el hilo. Aquí no hay concesiones: o conoces algo del periodo Edo o te toca releer.
El dibujo de Taniguchi en clave de acción
Taniguchi no era el dibujante obvio para un jidaigeki de espadas, y precisamente por eso el resultado sorprende. Su línea limpia y detallista se adapta bien al género. Los trajes, las armaduras y los paisajes están cuidados al milímetro, y las splash pages dejan respirar el libro justo cuando el guion se pone denso.
Los duelos son lo mejor. Nada de combates eternos: dos figuras se miran, se cruzan y uno cae. La composición es clásica y se sigue sin esfuerzo, incluso cuando el golpe es violento. Y lo es. El realismo de su trazo hace que la violencia, cuando llega, se note más. Taniguchi no la subraya ni la adorna, la dibuja con la misma calma con la que dibuja un paisaje, y esa frialdad es justo lo que incomoda.
Comparado con sus obras más contemplativas, como El almanaque de mi padre, este tomo es otro animal. Aquí no hay silencios. Hay tensión, y se le da bien.
La edición de Planeta Cómic
Planeta lo publica dentro de su línea de manga seinen, en la serie Samurai Legend de la Biblioteca Taniguchi. Es rústica con sobrecubierta, de 232 páginas, en formato de 14,8 x 21 cm y con lectura oriental, tal como se pensó en origen. El precio es de 18,95 euros, razonable para un tomo único de este tamaño.
La traducción es de Daruma Serveis Lingüistics y cumple con un reto difícil: nombres de época, títulos y términos que no admiten simplificar sin perder sentido. Se puede consultar el catálogo completo en la web de Planeta Cómic.
Veredicto del equipo
No es el Taniguchi más redondo. Tampoco intenta serlo. Es un tomo único de espadachines que se lee en una tarde, con un final que se queda dando vueltas y un arte que justifica la compra por sí solo, aunque el guion exija más atención de la que parece. Si buscas acción pura, el ritmo de intriga te puede frenar. Si te interesa el Japón del siglo XVII y quieres ver a Taniguchi fuera de su terreno habitual, es una lectura que merece el hueco en la estantería. Yo lo recomiendo, sobre todo a quien conozca a Taniguchi por sus libros tranquilos y quiera comprobar hasta dónde llega su línea cuando el guion le pide acero.
Título: La leyenda del samurái: El libro del viento
Guion: Kan Furuyama
Dibujo: Jirō Taniguchi
Editorial: Planeta Cómic
Editorial japonesa: Akita Shoten (Young Champion)
Traducción: Daruma Serveis Lingüistics
Formato: Rústica con sobrecubierta, 14,8 x 21 cm
Sentido de lectura: Oriental
Páginas: 232
Precio: 18,95 €
Fecha de publicación: 28 de octubre de 2026
ISBN: 978-84-1161-152-7
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