Penúltima parada. El misterio prohibido de Ron Kamonohashi llega a su tomo 18 metido de lleno en el último caso de la serie: el juego final de Alice en la Isla del Tiempo. Akira Amano dedica el volumen entero a plantear el tablero, soltar cadáveres y apretar las tuercas a Ron y a Toto, sin resolver todavía casi nada. Es un tomo de planteamiento puro, con todo lo bueno y lo frustrante que eso implica cuando sabes que el siguiente es el último.
El tomo anterior había dejado a Ron, a Toto y a la inspectora Amamiya atrapados en la isla junto a un grupo de pasajeros de lo más variopinto, todos ellos con cuentas pendientes con la familia M. Aquí se terminan de repartir los papeles. Alice ha sentado a los doce participantes en unas ruinas con forma de reloj, una silla por hora, y a cada uno le ha asignado un muñeco con una etiqueta y un rol: asesino, que gana si mata a su objetivo mediante un «crimen imposible» y de ninguna otra forma; guardaespaldas, que gana si lo impide; y detective, que gana si descubre quién ha cometido un asesinato concreto. El premio para quien cumpla su condición es la libertad y una cantidad de dinero obscena.
Amano se guarda la mejor carta para el arranque del volumen: a Amamiya le ha tocado matar a Ron, y a Toto, protegerle. La situación tiene tanto de chiste como de crueldad, y el autor la exprime bien. Ron, por su parte, es detective, pero su etiqueta no dice a quién tiene que investigar: solo tres signos de interrogación. Ese vacío es el hilo del que tira todo el tomo.
La primera mañana del juego aparece el primer cadáver. Vincent H está muerto dentro de las ruinas del reloj de agua, con marcas extrañas pintadas en la cara, empapado y asfixiado. Ron había vigilado quién salía de las cabañas y a qué hora al abrirse la verja, y ese registro se convierte en la base de la investigación: sobre el papel, nadie pudo llegar hasta allí para matarle. El muñeco de H aparece además chorreando agua sobre su silla, como si el propio escenario firmara el crimen.
A partir de ahí los participantes se parten en bandos. Un grupo armado liderado por Chaka Garcia acaba atando y vendando los ojos a Ron, Toto, Amamiya y otros en las sillas del reloj, y a la mañana siguiente aparece el segundo muerto: Lando Hamib, estrangulado en plena noche junto a ellos, sin que nadie viera ni sintiera a nadie acercarse. En medio de todo está Nike Gojazu, una especie de profetisa que va anunciando las muertes antes de que ocurran y que termina confesando que ella también ha recibido el rol de asesina. El tercer golpe cierra el volumen: Malle Meyer aparece muerto en su cabaña, cerrada con llave y cubierto de flores.
Entre medias llega la revelación que da sentido al tomo. Alice le cuenta a Ron cuál es el caso que tiene que resolver: el asesinato de su propio padre, Eliot, ocurrido hace diecisiete años. De repente el juego deja de ser un reto de ingenio y se convierte en algo personal, y Ron empieza a preguntar a los demás participantes por ese nombre sin obtener nada claro.
Un tomo de planteamiento
Lo mejor del volumen es cómo Amano utiliza la isla. El nombre no es decorativo: los relojes de agua y de fuego, las horas de juego de seis de la mañana a diez de la noche, la prohibición de matar dentro de las cabañas o las verjas que se cierran al anochecer son reglas que el lector va apuntando mentalmente porque sabe que alguna de ellas será la clave. Las tres muertes juegan con el tiempo de una manera u otra, y se nota que el autor ha diseñado el escenario pensando en que los crímenes solo encajen si se entienden esas reglas.
Lo más discutible también está ahí. Como final de serie, el juego de Alice tiene algo de fórmula conocida, a medio camino entre el whodunit clásico de isla aislada y un juego de roles tipo hombre lobo, y cuesta creer que un grupo de supervivientes acepte las reglas con tanta docilidad en lugar de intentar ir a por la organizadora. Además, los tres crímenes huelen a variaciones de un mismo principio, y quien lleve la serie al día sabe que el howdunit nunca ha sido el punto más fuerte de Amano: donde brilla es en los personajes y en el whydunit. Aquí el porqué está en el aire, porque todo apunta a que los asesinatos los están cometiendo los propios participantes y no Alice.
Ron, Toto y Amamiya
El triángulo protagonista funciona mejor que nunca en este tomo. Toto sigue siendo el corazón de la serie, torpe y bienintencionado, y su papel de guardaespaldas le da una razón argumental para estar pegado a Ron a todas horas. Amamiya, que ni siquiera debería estar en la isla, aporta la mirada de la policía de a pie en un juego diseñado por y para la familia M., y su orden de matar a Ron le da al personaje una tensión que nunca había tenido. Y Ron está más serio que de costumbre: la etiqueta con los interrogantes y el nombre de su padre le quitan buena parte del humor que suele tener. Se echa de menos algo de ese tono ligero, aunque se entiende que Amano quiera cerrar la historia con el protagonista contra las cuerdas.
El reparto de participantes es irregular. Gojazu y Garcia tienen presencia y carisma; otros apenas pasan de nombre y rol. En un caso con tanta gente, es normal que haya secundarios de relleno, pero en un tomo de 208 páginas centrado en un solo caso se nota.
Amano sigue dibujando con la elegancia que se le conoce desde sus trabajos anteriores: figuras estilizadas, diseños de personaje muy reconocibles y una Alice que por fin muestra su verdadero aspecto y resulta tan inquietante como se esperaba. Las ruinas de la isla, sobre todo el círculo de sillas-reloj, tienen una composición muy cuidada, y las páginas donde aparecen los cadáveres combinan lo macabro con una estética casi teatral que encaja con la idea de un juego montado para un público. Las escenas de interrogatorio, en cambio, tiran mucho de plano y contraplano y pueden resultar algo planas.
La edición de Panini Manga
Panini Manga publica el tomo 18 el 20 de agosto de 2026, en formato B6 (130x180) en rústica con sobrecubierta, sentido de lectura oriental, 208 páginas en blanco y negro y un precio de 9,95 €, el mismo desde el tomo 14. La edición no cambia respecto al resto de la colección. Con este volumen la colección española se queda a un solo número del final, así que quien la haya seguido tiene el cierre a la vista.
Si en el tomo 17 de Ron Kamonohashi hablábamos de una cuenta atrás hacia el desenlace, el tomo 18 es el momento en el que la cuenta se detiene justo antes del cero. No resuelve ninguno de sus tres crímenes, pero coloca todas las piezas y convierte el último caso de la serie en un asunto familiar para Ron. Es un volumen para leer del tirón y con papel y lápiz, apuntando horas y relojes, porque el siguiente tomo, el último, tiene que dar sentido a todo. Nuestra impresión es que como juego final se queda algo corto de ambición, y que el lado emocional de la historia aguanta mejor que el de misterio. La colección completa está disponible en la web de Panini.
Título: El misterio prohibido de Ron Kamonohashi 18
Autor: Akira Amano
Editorial: Panini Manga
Editorial japonesa: Shueisha (Shonen Jump+)
Formato: Tomo B6 (130x180) rústica con sobrecubierta
Sentido de lectura: Oriental
Páginas: 208
Precio: 9,95 €
Fecha de publicación: 20 de agosto de 2026







