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Entrevista a Agustín Comotto, autor de Los días: «Pasear al perro es hablar con personas»

Entrevista a Agustín Comotto, autor de Los días: «Pasear al perro es hablar con personas»

Los días es la nueva novela gráfica de Agustín Comotto (Buenos Aires, 1968), que Norma Editorial publica en octubre de 2026. Cuenta una semana de paseos con perro en un futuro cercano en el que el calor obliga a vivir bajo tierra y a salir con trajes presurizados. Entrevistamos al autor el 29 de octubre en las oficinas de Norma Editorial, en Barcelona, para hablar de por qué el libro es una comedia de vecinos, del miedo actual al fin del mundo, de la inteligencia artificial, de su paso del papel al iPad y de por qué, para él, hablar con otras personas mientras se pasea al perro es un acto contra el aislamiento. 

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

Por qué Los días transcurre en paseos con perro

Comotto parte de una experiencia propia: pasear a su perra, Clara. De ahí salen la estructura de semana, el peso del diálogo y la pregunta que origina la historia.

Akiba: Son siete días y casi todo es gente hablando mientras pasea al perro. ¿Por qué esa estructura de semana y por qué el diálogo como motor?

Comotto: Responde primero a una experiencia personal. Paseo a una perra, se llama Clara, y creo que sin eso no habría podido hacer el libro. Descubrí que pasear al perro es un regalo, porque te ofrece un corte transversal de la sociedad humana. Te pones a hablar con gente porque la situación lo propicia, y resulta que llevas casi 40 años dibujando cómics y tienes delante a un obrero industrial de la SEAT cuyo gran sueño es tener una Montesa, y que cobra un dinero que no tiene nada que ver con el tuyo. Hay estratos, clases y gustos distintos, y es la única posibilidad que conozco de tratar con gente tan dispar. Aprendes a escuchar, sobre todo si no hay móviles de por medio, y en general no los hay: es una pausa.

Es uno de los ejercicios más importantes para combatir el aislamiento al que nos lleva, me pongo un poco teórico, el capitalismo terminal. Nos quieren en un móvil, consumiendo contenidos y consumiendo económicamente, y hablar entre personas se está perdiendo. Casi nadie habla ya por teléfono: dejan mensajes, paquetes informativos. Pasear a un perro es hablar con personas, y en este momento eso es un acto contra lo que estamos viviendo. Por eso me interesaba la oralidad, reflejarla de la manera más fiel posible, con sus matices. No hablamos el mismo idioma: yo me expreso de una manera, tú de otra, quien trabaja en una cadena de montaje de otra, y el género también hace que la gente hable distinto.

Un día, caminando por el camino donde paseo al perro, empecé a pensar que aquello era una historia. Sale de una pregunta muy concreta: si la raza humana no existiera y el planeta volviera al Jurásico, y llegaran unos visitantes y encontraran una caja negra con información y un cartelito que dijera «esto fue la humanidad». ¿Cómo definirías la humanidad? ¿Cómo quedaría un legado que explicara qué es? Pues la humanidad son personas paseando al perro y hablando. Con eso un extraterrestre se daría cuenta de cómo éramos, o de cómo somos.

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma EditorialLos días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

Costumbrismo y catástrofe en Los días

Para Comotto no hay frontera entre las dos cosas: la catástrofe se vive a través del día a día, y por eso el recuerdo la retiene mejor así.

Akiba: La obra se lee como una comedia de vecinos: la ciática de Joan, los ansiolíticos de Anna, el microcrédito. ¿Dónde está la frontera entre el costumbrismo y la catástrofe?

Comotto: No lo sé. ¿No vivimos una comedia costumbrista con una catástrofe de fondo? Cuando hay un accidente espantoso, en el telediario ves a un señor que sobrevive y pregunta si pueden rescatar a su perro. Eso es costumbrismo. Mira las grandes narrativas de la Segunda Guerra Mundial y te encuentras con costumbrismo. Una de las cosas que más impregna la memoria, y me importa mucho la memoria de los momentos que vivimos, es que el lector se encuentre con lo que pasó a través de lo más sensible que tiene una persona: el día a día. Hoy tengo que ir a hacer la compra. Es un arma enorme. Lo sabían muy bien los directores italianos del neorrealismo, como Visconti en Rocco y sus hermanos: costumbrismo de clases pobres en una ciudad industrial que todo lo devora.

«Lo bonito no es recordar, sino cómo lo explicas»

La frase aparece en el cómic y Comotto la usa para hablar de memoria subjetiva y de la disputa por el relato.

Akiba: En el cómic aparece la frase «Lo bonito no es recordar, sino cómo lo explicas». ¿Es una declaración de intenciones?

Comotto: La dice el personaje que viene a ser yo, creo. Y sí, porque recordar es algo abstracto. Tú y yo vivimos una situación muy concreta, estamos delante de las Torres Gemelas cuando les pega un avión, y no la recordamos igual. Tú la recordarás según lo que pasaba en tu vida: que justo entonces te estabas separando, que ibas a tener un hijo. Eso lo modifica y lo distorsiona. Uno dice «qué suerte que no estaba ahí» y otro «yo estuve la semana pasada haciendo fotos desde arriba». La subjetividad cambia el recuerdo. Por eso hoy hay una lucha por el relato: cada uno cuenta de quién es la culpa. Al final es una lucha por un relato, no por la realidad, y la realidad de cada uno es muy personal.

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma EditorialLos días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

Un reparto de voces tomado de la vida real

El autor atribuye la claridad del reparto al lector de cómic y al diseño de los trajes. Los personajes parten de gente que ha visto, con cambios.

Akiba: ¿Cómo construiste un reparto tan grande, con tantas voces y tics distintos, y cómo consigues que el lector no se pierda?

Comotto: Que el lector no se pierda tiene que ver, y apuesto por el lector de cómics, con su capacidad de observación gráfica, en que los trajes están tuneados. Cada traje tiene elementos concretos que significan algo. Te encuentras con una especie de quinqui que fuma, con el casco con dos salidas hacia arriba, como en su coche, con sus llantas nuevas y su ruido extra. Por otro lado, la suma de personajes parte de una observación bastante precisa de gente que he visto. La distorsiono, le cambio cosas. Algunos no, porque saben que están en el libro y quieren estar como son, o como creen que yo los veo. Otros los disfrazo porque es material sensible, o porque quizá no les agradaría verse así.

Por eso son siete días de una semana en la que no pasa absolutamente nada y pasan millones de cosas. ¿Qué es lo que nos pasa a cada uno? Va por ahí. ¿Y cómo lo consigo? También hay que hacer una defensa del oficio. Si tuviera 17 años y esta idea, no me quedaría igual. Tengo bastante experiencia profesional y sé cómo intentar mantenerlo. Otra cosa es que me salga, pero lo intento.

Pandemia, crisis de la vivienda y vida bajo tierra

Comotto concibió la historia en 2024 y sitúa su origen en la pandemia, no en la crisis de la vivienda, aunque admite que hoy el libro puede leerse así.

Akiba: Creo que hay una gran inspiración en la crisis de la vivienda actual, pero quiero que me respondas tú.

Comotto: No. La primera gran inspiración tiene que ver con lo que nos enseñó la pandemia, y cualquiera que haya tenido un perro sabe lo que fue un perro de salvación en la pandemia. La crisis de la vivienda no figura en origen, porque no se hablaba de eso cuando concebí la historia. Está concebida en 2024 y estamos en 2026. Era latente, porque la gente vivía de manera horrible, y sí hay una traslación posible, porque viven bajo tierra, aunque no me extiendo en cómo se vive allí. Hay un personaje con una vida muy concreta bajo tierra, con una infiltración de mercurio, al que van a realojar. Si lo hubiera tenido en cuenta, habría sido añadir otro tema más, y ya hay unos cuantos. Ahora, en clave de crisis de la vivienda, también se puede leer así, y eso me alegra, pero en origen no. Había otras cosas: la soledad, el miedo, esta sensación que creo que tenemos todos de que todo se va a la mierda a nivel global.

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma EditorialLos días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

Los búnkeres de la Patagonia y el miedo a vivir bajo amenaza

Al autor le interesa menos narrar la catástrofe que lo que significa vivir bajo esa sensación. Lo ilustra con una historia que le contaron en Argentina.

Akiba: Es una sensación constante.

Comotto: Sí. Te pongo un caso concreto. Estuve en septiembre en mi país natal, Argentina, y me contaban que tecnomillonarios norteamericanos están comprando gran parte de la Patagonia para hacer búnkeres antiatómicos, porque están convencidos de que cuando todo acabe ahí van a sobrevivir. La parte boscosa de la Patagonia es un paraíso, y calculan que ahí podrán resistir. ¿Qué información extra tienen, con el dinero que tienen, para pensar eso? ¿Por qué no se van a Canadá? No quiero ser catastrofista, pero vivimos una época muy extraña, con un poder humano enorme. A mí me interesaba menos narrar la catástrofe que lo que significa vivir bajo ella.

A corto plazo, hay gente aterrada porque la ultraderecha va a gobernar. A largo plazo, poder atómico ruso, israelí, coreano, norteamericano. Y al final nos queda esta respuesta: ¿qué podemos hacer? Ya no hay capacidad de asociación para pararlo y a nivel tecnológico no tenemos la más mínima posibilidad. Pasar el terror. Volver a ser humanos, de alguna manera. Hablarnos.

El humor como antídoto frente al fin del mundo

Comotto defiende el humor como herramienta de supervivencia y niega que impida reaccionar. Pone el ejemplo de Almodóvar y de las dictaduras que lo prohíben.

Akiba: Los vecinos se ríen del ecotraje o de los trajes de Boba Fett, y los niños van a cazar medusas. ¿Este humor, este costumbrismo, es lo que les permite aguantar o lo que les impide reaccionar?

Comotto: El humor es el antídoto más gigantesco para sobrevivir, para pasar mejor el día a día. Me viene a la cabeza ¿Qué he hecho yo para merecer esto!!, de Almodóvar. Es una película profundamente ideológica, si se quiere ver: denuncia lo mal que se vive en la periferia de Madrid y, al mismo tiempo, tiene un humor feroz. ¿Qué nos queda si no nos reímos algo? Y el humor en ningún caso impide la reacción, porque cuando hay que reaccionar, la gente reacciona, y sigue teniendo humor.

Además, no hay nadie dentro de los totalitarismos que soporte el humor. Lo prohíben en la medida que pueden, o matan al humorista. La dictadura argentina prohibió los carnavales. Franco también. Eso habla del poder que tiene el humor. Yo pongo humor, porque si no nadie me va a leer. Hay un padre feliz, y no voy a romper el gag, pero fíjate lo felices que son los niños nadando en el mar, tratando de coger medusas con sus trajes. Es pasárselo un poco bien. Al final es sátira.

Adaptarse a todo: dodos, jabalíes y el valle del Llobregat

Para Comotto, la capacidad de adaptación es lo que distingue a la especie humana. La ilustra con el valle del Llobregat, donde vive y pasea.

Akiba: «Nos acostumbramos a todo.» Los dodos, los jabalíes que se adaptan al calor. ¿Es una crítica o una tesis?

Comotto: La raza humana se parece a los jabalíes, a las ratas, a las cucarachas, a las pulgas y a muchos insectos, porque son razas con una capacidad extraordinaria de adaptarse a los cambios geológicos. Junto con las ratas, habitamos todos los espacios posibles de la Tierra, y esto son comprobaciones. Una de las cosas que ha hecho que el ser humano impere en la Tierra es esa capacidad. Fíjate: nos dicen que la temperatura no deja de subir y ¿qué hacemos? Comprar el último iPhone. Eso es capacidad de adaptación, negar la realidad. Es evidente que te la vas a encontrar, pero el 90 % de la gente pasa de todo.

Vivo en una zona que es el Mad Max de Cataluña, el valle del Llobregat. Cualquiera que pasee con su perro por la ribera hasta la desembocadura se encuentra un panorama: un río, o lo que queda de él, con tortugas, ratas y escombros industriales de los años 70. Gente paseando. Alguien que baja con una moto y mete ruido. Un campo de golf que inventaron unos frikis, con escombros y agujeritos para meter una pelota. Pasas por debajo de un puente que se llama Nelson Mandela, donde hay unos okupas bebiendo. Llegas a la desembocadura y hay flamencos rosados que anidan, y unos señores neohippies o neorurales que intentan evitar que entren pescadores furtivos en una zona protegida. Todo eso en seis o siete kilómetros, y tú vas con tu perro por en medio. La capacidad de adaptación del ser humano es infinita, hasta que lo acabas todo. ¿Te juega a favor o en contra? Que cada lector escoja.

La guerra solo existe en la tele hasta que llega

Comotto toma de una novela gráfica de Gipi la idea de que el conflicto está más cerca de lo que parece, y la lleva al presente.

Akiba: La guerra solo existe en la tele hasta que llega.

Comotto: Te voy a citar a Gipi, el autor italiano de cómic, de quien no recuerdo el título del libro. Hay dos personajes que hablan de sus problemas y uno razona: ¿cómo es posible que estemos aquí hablando de esto y a unos 550 kilómetros, cruzando el Adriático, estén matando gente? Lo hizo en la época de las guerras de los Balcanes, cuando se practicaba una limpieza étnica, como pasa en Gaza. ¿A cuánto está Gaza en avión? ¿Cuatro horas, cinco? Siempre hay fuerzas que no tienen problema en generar ultraviolencia extrema, y el motivo se inventa.

Hay la sensación de que la guerra está al lado y, a la vez, de que a ti no te va a tocar. Pero te toca: de pronto miles de personas cruzan por Ceuta. ¿Qué pensamos que va a pasar cuando haya 60 grados en África? Millones de personas van a subir y no van a preguntar si pueden pasar, como ha ocurrido a lo largo de toda la historia. Yo trato de ponerle un poco de humor a esta realidad inevitable. Entiendo que haya gente que no vea el telediario, porque hay que cuidar el cerebro, pero todo está ahí, y lo sabemos. Pongámosle humor y paseemos al perro. Y hablemos con las personas. Intentemos entendernos un poco.

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma EditorialLos días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

Fascismo natural y discusiones sin final

El sábado reúne la escena más densa del libro. Comotto explica que la tomó de conversaciones reales y que usa personajes secundarios porque así aparece este discurso en la vida diaria.

Akiba: El sábado hay una discusión entre vecinos sobre líderes fuertes y una guerra que destruyó Jerusalén. Es la escena más densa del libro. ¿Por qué la pusiste en boca de personajes secundarios?

Comotto: Porque te lo encuentras así. Paseando me lo encontré de esa manera. Uno puede toparse en la calle, en el metro, en situaciones absolutamente inverosímiles, con un discurso fascista terminal. Son secundarios en tu vida, claro, no estás con esa gente al lado, pero están ahí. Y lo peor que uno puede encontrarse, creo, es el fascismo natural. Lo defino por contraste con el fascismo teórico: son personas que reaccionan de manera completamente autoritaria para proteger intereses muy concretos, entienden que eso es lo correcto y que así se debe aplicar al resto. Y a quien no le guste, que se vaya.

Me he encontrado con discursos absolutamente demenciales sobre estética, por ejemplo. Lo correcto es un castillo francés; una jaima es sucia. Aplicado a la estética, lo correcto es un museo donde todo vaya al Louvre, y lo incorrecto es que las piezas se queden en Irak, porque dicen que son sucios, que van a montar un escándalo y se van a matar entre ellos. ¿Con qué derecho acabamos con el patrimonio de cada pueblo? Ese tipo de cosas te las encuentras. El sábado intento reflejar a estos personajes con humor, porque también te encuentras a unos pateando a un perro y haciendo animaladas.

Por qué la gente discute sin llegar a ningún sitio

Comotto ve en esas conversaciones sin final lo más realista del libro y una forma de descanso para quien pasea al perro.

Akiba: La parte más humana del libro está en esa gente discutiendo sin llegar a ningún lado. ¿Es esa la polarización que veías cuando paseabas al perro?

Comotto: Me parece lo más realista, es lo que hacemos cada día. La gente dice la suya y cuando termina se va; da igual lo que haya dicho el otro, no va a servir de nada. Hay una frase argentina que dice que en un bar todos son técnicos de fútbol. Cuando llegó el COVID todo el mundo era experto en biología, y cuando pasó, en lo que viniera. Te lo encuentras cada día. Mira cualquier tertulia de radio: son profesionales, cobran, hablan, y son expertos en todo.

Un poco está bien no llegar a ninguna parte. Cuando paseas al perro lo que quieres es relajarte, vaciar la cabeza, evadirte de la realidad cotidiana. Llega gente demolida, que lleva desde las 5 de la mañana cogiendo transporte público. Lo único que quieres es ver cómo hace sus cosas tu perro, pasártelo bien y hablar de nada. Creo que es fundamental que pase.

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma EditorialLos días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

El epílogo y la alienación cotidiana

El epílogo cambia de personajes, de tono y de trajes porque Comotto quiere cerrar con la idea de que, pese a todo, seguiremos paseando al perro.

Akiba: El epílogo cambia de personajes y de tono. Y de trajes. ¿Por qué?

Comotto: Porque pese a todo seguiremos paseando al perro. Si quedan dos humanas y un perro, van a sacarlo a pasear. Somos humanos y lo seguiremos siendo aunque intenten que dejemos de serlo. Cada día es más difícil, por esta alienación cotidiana: cada día somos más algoritmos. Basta con ir en el metro y ver a la gente siguiendo un algoritmo dentro de un móvil. Son todos fantasmas, y por eso me siento tan solo, en soledad absoluta. He llegado a ver un vagón con 40 personas mirando el móvil. ¿Qué vas a hacer? Pero pese a todo intentaremos seguir siendo seres humanos en el sentido que a mí me interesa. Por eso el epílogo es así. Lo intentaremos.

El algoritmo frente a la curiosidad humana

Comotto considera que el algoritmo ha sustituido la curiosidad, que es para él el origen del acto creativo, y que decide a dónde llevarla para que consumas.

Akiba: Hoy intentas hablar con alguien tomando una cerveza y te responde con lo que le ha dicho ChatGPT. ¿Qué pasa con la conversación entre personas?

Comotto: Estás entrando en un tema que me interesa bastante. Por un lado, el concepto de algoritmo es algo bastante perverso, porque ha entrado en nuestras vidas sin pedir permiso y ha sustituido en gran medida la curiosidad humana.

Entiendo a un curioso: una persona que mira algo, le llama la atención, se toma el trabajo de investigar y va siguiendo una pista interior, intuitiva, en la que relaciona esa investigación con muchas otras cosas que tiene en su bagaje mental. Ahí se genera un hecho creativo. Piensa en alguien que investiga las botellas de plástico y las relaciona con el Renacimiento y con Leonardo da Vinci: eso es el acto creativo, y esa es la inteligencia. Cuando sustituimos la curiosidad por un lubricante artificial que se llama algoritmo, que decide a dónde llevarla para que consumas, tanto espacio digital como económico, se deshumaniza. A nivel de charla cotidiana no se tiene tan presente, pero está destruyendo a las personas. Ya no se sabe qué música le gusta a cada uno. Si haces el perfil de una persona, puedes decir «le gusta Chenoa». Sé lo que vas a hacer en tu vida, sé lo que estás mirando. A todos nos gusta la última película, la que nos dicen que nos tiene que gustar. Delante de todo eso, yo me resisto.

Los días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma EditorialLos días, novela gráfica de Agustín Comotto publicada por Norma Editorial

Inteligencia artificial: «solo es una herramienta»

Comotto no se resiste a la IA. Cree que sustituirá oficios y que puede cambiar el paradigma humano, y la compara con el piano frente al clavicordio.

Akiba: ¿Y ante la inteligencia artificial, también te resistes?

Comotto: Ante la IA, no. ¿Que será sustitutiva? Evidentemente. ¿Que cambiará el paradigma humano? Evidentemente. De hecho, estoy esperando que pase, porque vamos a ver cómo reacciona el ser humano cuando el 90 % de los oficios dejen de existir. ¿Y qué nos ofrecerá la IA? El gran cambio que probablemente pueda pasar es que podamos vivir sin trabajar, una ruptura de un paradigma histórico. Se acaba la explotación, se acaban un montón de cosas. Si la IA funciona para eso, fascinante.

Akiba: ¿Podría la IA haber hecho Los días?

Comotto: Probablemente no, de momento. Probablemente sí, dentro de 10 años. No estoy en absoluto en contra de la IA: para mí solo es una herramienta, como fue el piano que sustituyó al clavicordio. Un martillo lo puedes utilizar para clavar un clavo o para abrir la cabeza de otra persona. ¿Tú qué vas a hacer con ella? La herramienta no hace nada. Además, quienes están en contra se olvidan de que la IA está resolviendo problemas a nivel molecular que van a cambiar la vida de millones de personas: nanotecnología, operaciones complicadísimas con un agujerito para introducir algo en el cuerpo. Está desarrollando a niveles estratosféricos lo que los humanos hemos hecho a lo largo de cien mil años sumando y compartiendo cosas. Es un triunfo de la humanidad. Lo que pasa es que a la gente le pesa más el miedo.

Del papel a un iPad: cómo se dibujó Los días

Comotto lo dibujó entero en un iPad. Empezó en los años ochenta con tinta china y plumilla.

Akiba: ¿Los días está hecho sobre papel o en digital?

Comotto: Mi libro en papel no existe. Está todo hecho en un iPad, completo. Yo empecé a dibujar en los años ochenta sobre hojas de un tipo concreto, entintaba con tinta china Pelikan y utilizaba una pluma con punta Gillott 303. Todo era analógico. Hoy dibujo todo en un iPad, y no tengo ningún problema con eso. En absoluto.

Ahora estoy produciendo un nuevo cómic y, por primera vez en mi vida, hago preproducción gracias a la IA. Hay secuencias muy complejas en las que no tengo claros los entornos o los ambientes. Le pregunto cosas y me da información que no me interesa lo más mínimo, pero me abre camino hacia otra parte. Es como consultar un libro. En términos económicos y prácticos es más barato que irme a la Biblioteca de Cataluña a buscar un libro concreto de Gustave Doré, ver una ilustración de El paraíso perdido y decir «voy a ir por aquí». ¿Quién ha dicho que yo voy a calcar lo que hace la inteligencia artificial? Al final es una herramienta.


Qué espera Comotto del lector de Los días

Comotto quiere que el lector pase un buen rato y no se aburra, y que piense en lo bonito del día a día, incluido pasear al perro.

Akiba: Para cerrar la entrevista, ¿qué te gustaría que se llevara el lector?

Comotto: No lo sé. Qué gran pregunta. Si bien es un cómic que trata temas deprimentes, apela al sentido del humor. Espero que el lector piense un par de cosas sobre el día a día cotidiano y sobre lo bonito que son ciertos aspectos de él. Uno puede cortar la verdura y pasárselo muy bien, porque es el momento de su vida en que está solo en la cocina y piensa en otras cosas. Pasear al perro es un poco eso. Espero que el lector sea feliz. Punto. No tengo muy claro qué espero; no sé si espero muchas cosas de mis libros. Pero volvamos a empezar: lo que espero es que se pase un buen rato leyéndolo y que sea fluido, que no se aburra. Lo último que deseo de un libro mío es que sea aburrido.

Título: Los días
Guion y dibujo: Agustín Comotto
Editorial: Norma Editorial
Género: Novela gráfica (cómic europeo)
Formato: Cartoné
Tamaño: 22 x 29 cm
Páginas: 136 en color
Precio: 28,00 €
ISBN: 978-84-679-8601-3
Fecha de publicación: Octubre de 2026