Hay pocas cosas más arriesgadas en el cómic de superhéroes que volver a contar un origen que ya conoce todo el mundo. Cada lector sabe lo que va a pasar: Krypton estalla, el cohete cae en Kansas, el granjero se pone las gafas. Superman: Legado se atreve de todas formas, y lo hace cambiando el punto de partida: en vez de empezar en la granja, empieza en África, con un periodista freelance de veinteitantos años que todavía no sabe muy bien qué hacer con su vida. Mark Waid y Leinil Francis Yu firmaron esta maxiserie en 2003 y ahora Panini la recupera dentro de su colección DC Must-Have, con un volumen único que reúne toda la historia en un solo tomo.
Qué contiene el tomo
Este DC Must-Have recopila los 12 números de Superman: Birthright, la miniserie completa que Waid y Yu publicaron entre 2003 y 2004 en Estados Unidos. No hay número suelto ni arco a medias: el tomo abre con el nacimiento de Kal-El y cierra con la caída de Lex Luthor, así que la lectura funciona como una novela gráfica cerrada, sin necesidad de haber leído nada anterior de Superman. Eso es justo lo que buscaba Waid al escribirlo: un origen que cualquiera pudiera coger sin arrastrar veinte años de continuidad a la espalda.
La apertura es la clásica, la nave que sale de Krypton mientras el planeta se resquebraja, Jor-El y Lara despidiendo a su hijo sin saber si va a sobrevivir. Pero el corte inmediato a un Clark Kent adulto haciendo fotoperiodismo en un conflicto tribal africano es lo que distingue a este tomo de cualquier otro origen anterior. Clark cubre el enfrentamiento entre los pueblos ghuri y turaaba, traba amistad con el activista Kobe Asuru y descubre en él una idea que va a perseguirle el resto del libro: que no existen los héroes, solo gente que decide hacer lo que puede por mejorar su mundo. Cuando Asuru muere asesinado en mitad de un mitín, Clark salva a decenas de personas sin que nadie lo note, salvo Abena, la hermana de Asuru, que se convierte después en una figura política por derecho propio.
De Smallville a Metropolis
La segunda mitad del tomo cambia de escenario y de ritmo. Clark vuelve a Smallville, desentierra la nave que lo trajo a la Tierra y usa su tecnología para reconstruir la historia de Krypton, su verdadero origen. Es Martha Kent quien transforma la tela kryptoniana del interior de la nave, con el símbolo familiar de los El, en el traje que todos conocemos. Jonathan y Martha son también quienes convencen a Clark de que necesita una identidad separada, una que sea tan gris y tan poco llamativa como espectacular es Superman: de ahí sale el Clark Kent tímido, encorvado y de voz apagada que se muda a Metropolis y entra a trabajar en el Daily Planet, donde Lois Lane queda impresionada por sus crónicas desde las zonas de guerra africanas sin sospechar que el reportero soso que tiene delante es la misma persona.
La ciudad recibe a Superman con una mezcla de asombro y desconfianza, y ahí entra el verdadero motor del tomo: unos helicópteros que atacan Metropolis y que llevan a Superman hasta las puertas de LexCorp. Ahí descubre que Lex Luthor, convertido en magnate tecnológico, fue compañero de instituto suyo en Smallville, algo que Luthor se niega a admitir en público. El pasado de Lex, revelado en flashback, incluye la muerte de su padre Lionel en el accidente de un experimento con un agujero de gusano que también le costó el pelo, y hay algo genuinamente incómodo en ver cómo ese trauma infantil se ha convertido en la obsesión adulta por contactar con vida extraterrestre.
El plan de Luthor y el cierre del tomo
Donde el tomo se pone más interesante es en su tramo final, cuando Luthor, humillado en público tras perder ante Superman, monta una falsa invasión kryptoniana con hologramas y una milicia privada para sembrar el pánico y presentarse como el protector de Metropolis frente al alienígena. Es Lois quien desactiva la máquina que proyecta los hologramas y Jimmy Olsen quien fotografía a Superman salvando civiles durante el ataque, pruebas que acaban desmontando la farsa de Luthor delante de todo el mundo y lo dejan acusado de terrorismo.
El cierre no se conforma con la pelea final: en mitad del caos, Superman encuentra el receptor que Luthor construyó para comunicarse con Krypton en su pasado, momentos antes de la explosión, y durante unos segundos ve las siluetas de Jor-El y Lara al otro lado. Apenas alcanza a decir “madre, padre, lo conseguí” antes de que el aparato se destruya, sin saber si el mensaje llegó a tiempo. Sí llegó, y el tomo termina con esa imagen agridulce de unos padres que mueren sabiendo que su hijo sobrevivió, y no con una batalla ganada, que es la nota con la que se suele cerrar un cómic de superhéroes.
El arte de Leinil Yu
El dibujo de Leinil Francis Yu, entintado por Gerry Alanguilan, es la otra gran razón para leer este tomo. El estilo de Yu es raro de digerir al principio: líneas sucias, anatomías que no siempre son “bonitas” en el sentido clásico del término, un Superman que en las escenas de acción parece a punto de descoyuntarse. Pero ese mismo estilo es el que consigue que cada golpe pese y que la vulnerabilidad del personaje se sienta real, algo que un dibujo más limpio y clásico no habría logrado igual. El color de Dave McCaig ayuda mucho en las páginas africanas, con paletas cálidas que contrastan después con los azules fríos de Metropolis, marcando visualmente el salto entre las dos mitades del tomo. Las páginas de acción a doble esplendor, sobre todo en el enfrentamiento final contra la falsa invasión, son de lo mejor que Yu ha dibujado en su carrera.
La edición española
Panini publica este volumen dentro de su colección DC Must-Have, la línea con la que la editorial recupera clásicos modernos de DC en tomo único, como hizo con All-Star Superman hace algunos meses. Esta edición de Superman: Legado llega en cartoné de 328 páginas a color, con traducción de Francisco San Rafael Simó, por un precio de 32 euros. Es un volumen con cuerpo, del tipo que aguanta bien en una estantería junto al resto de la colección DC Must-Have, y que no exige haber comprado nada anterior para entenderlo de principio a fin.
Veredicto
Superman: Legado no inventa un Superman irreconocible ni le da la vuelta al personaje como sí hacen otras relecturas más atrevidas del género. Lo que hace es más difícil: coger la historia que todo el mundo se sabe de memoria y encontrarle un ángulo nuevo sin traicionar lo que la hace funcionar. La decisión de arrancar en África, de construir a Luthor como un antiguo amigo de instituto y no como un villano surgido de la nada, y de cerrar con esa breve conexión con sus padres biológicos en vez de con un puñetazo, es lo que distingue a este origen de los que vinieron antes y después. No todo cuaja: hay quien encuentra forzado que Luthor y Clark compartieran pupitre en Smallville, como si todo en el universo de Superman tuviera que estar conectado por fuerza. Pero como conjunto, con el dibujo de Yu empujando cada página, este es de los tomos de origen de Superman que se leen sin mirar el reloj, y de los pocos que consiguen que el lector nuevo entienda por qué este personaje sigue importando después de casi noventa años.
Título: Superman: Legado (DC Must-Have)
Guion: Mark Waid
Dibujo: Leinil Francis Yu
Entintado: Gerry Alanguilan
Color: Dave McCaig
Editorial: Panini Cómics
Contiene: Superman: Birthright núms. 1 a 12 (DC Comics)
Traducción: Francisco San Rafael Simó
Formato: Cartoné
Páginas: 328
Precio: 32,00 €
Fecha de publicación: 27 de agosto de 2026
ISBN: 979-13-7013-967-4
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