Norma Editorial publica dentro de su colección Nómadas Lemóniz, el tomo único con guion de Florentino Flórez y dibujo de Guillermo Sanna que reconstruye uno de los episodios menos conocidos de los años de plomo en España: la lucha contra la central nuclear de Lemóniz, en Vizcaya, y cómo ETA se sumó a esa lucha hasta convertirla en una campaña de atentados con Goma-2 que se saldó con varias muertes. Es un cómic de no ficción con vocación de rigor documental, y esa vocación se nota en cada página: aquí no hay ficcionalización cómoda de los hechos, hay un intento serio de reconstruir cronológicamente cómo una protesta ecologista legítima acabó capturada por la violencia terrorista.
El punto de partida es 1972, cuando Iberdrola anuncia la construcción de una central nuclear en Lemóniz. Flórez dedica las primeras páginas a establecer el contexto: la oposición popular y ecologista que surge de inmediato, las movilizaciones vecinales, el rechazo a un proyecto que muchos vascos vivieron como una imposición desde fuera. Es un arranque que respeta la complejidad del movimiento antinuclear original, sin reducirlo a mero prólogo de lo que viene después. Ese cuidado en no borrar la legitimidad de la protesta pacífica es uno de los aciertos más importantes del guion, porque evita la simplificación de tratar todo el movimiento como si hubiera sido terrorista desde el principio. Ese respeto por la complejidad inicial del movimiento resulta especialmente relevante hoy, cuando la memoria pública de este tipo de episodios tiende a comprimirse en versiones simplificadas que pierden buena parte de sus matices originales.El punto de inflexión llega cuando ETA decide sumarse a la causa antinuclear, y ahí el cómic cambia de registro sin previo aviso: de la crónica de movilización social a la crónica de atentados, secuestros y asesinatos. Flórez no dramatiza en exceso esa transición ni la explica con discursos ideológicos largos; deja que los propios hechos, presentados con la frialdad de quien reconstruye una cronología documentada, transmitan la magnitud de lo que ocurrió. Es una decisión de guion arriesgada, porque exige del lector cierto conocimiento previo del contexto político vasco de finales de los setenta y principios de los ochenta para captar todos los matices, pero funciona bien como retrato de cómo la violencia terrorista fue capaz de secuestrar y desnaturalizar una causa que empezó siendo genuinamente popular.
Vale la pena detenerse en cómo Flórez estructura cronológicamente el deterioro del movimiento antinuclear original. El cómic no presenta un salto brusco de protesta pacífica a terrorismo organizado, sino una serie de etapas intermedias donde distintos sectores del movimiento fueron radicalizándose o distanciándose según su relación con la violencia creciente. Esa granularidad histórica, poco habitual en un formato de solo 120 páginas, es lo que permite al cómic evitar el relato simplón de "empezó pacífico y acabó violento" y ofrecer en su lugar un proceso con matices y bifurcaciones internas.
El dibujo de Guillermo Sanna acompaña ese tono documental con un estilo realista que no busca el impacto gráfico gratuito ni en las escenas de atentado ni en las de represión policial. Sanna dibuja la Vizcaya industrial de los setenta con un nivel de detalle que ancla la historia en un lugar y un tiempo muy concretos, y esa fidelidad ambiental es tan importante para el conjunto como la propia narración de los hechos: sin ella, el cómic perdería buena parte de su credibilidad documental. Los planos de las instalaciones en construcción, las manifestaciones multitudinarias en las calles de Bilbao y el paisaje industrial vizcaíno de la época están tratados con una atención casi cartográfica que ayuda a situar geográficamente un conflicto que, para quien no sea de la zona, puede resultar difícil de visualizar solo con el texto.
Uno de los mayores logros de Lemóniz es que no convierte a ninguno de los bandos en caricatura. Los defensores del proyecto nuclear, los activistas antinucleares pacíficos, los miembros de ETA y las fuerzas de seguridad del Estado aparecen todos con sus propias lógicas internas, por incómodas que resulten algunas de ellas. Eso no significa equidistancia moral barata: el cómic no relativiza el terrorismo ni presenta los asesinatos como un mal menor justificable, pero sí se toma en serio la tarea de entender por qué cada actor tomó las decisiones que tomó, en vez de limitarse a señalar culpables desde la comodidad de la distancia histórica.
Las fuerzas de seguridad del Estado también reciben un tratamiento que evita tanto la exculpación automática como la caricatura del "todos son iguales". El cómic documenta episodios de represión policial desproporcionada contra manifestantes pacíficos sin que eso sirva de excusa retroactiva para los atentados posteriores de ETA, manteniendo dos líneas de responsabilidad separadas que, en manos de un guionista menos cuidadoso, podrían haberse mezclado de forma tramposa para simplificar el relato.El formato de tomo único, con 120 páginas, obliga a Flórez a un ejercicio de síntesis considerable dado lo denso del material histórico que hay detrás de esta historia. Se nota en algunos tramos que la crónica avanza más rápido de lo que el propio peso de los acontecimientos pediría, y quien busque un análisis exhaustivo del conflicto de Lemóniz probablemente necesite complementar esta lectura con fuentes más extensas. La central de Lemóniz, de hecho, nunca llegó a entrar en funcionamiento pese a completarse gran parte de las obras, un dato que el cómic recupera hacia el final y que añade una capa adicional de tragedia a todo lo ocurrido: la violencia y las muertes no impidieron ni aceleraron de forma clara el desenlace final del proyecto, que quedó decidido por factores políticos posteriores ajenos en buena medida al propio conflicto armado. Pero como introducción accesible a un episodio que ha quedado bastante olvidado en la memoria colectiva española, cumple de sobra su función.
Lemóniz se suma a una tradición reciente de cómic español de no ficción histórica que ha encontrado en el formato gráfico una vía eficaz para acercar episodios complejos del pasado reciente a un público que no necesariamente va a leer un ensayo académico sobre el tema. Es un cómic incómodo, como debe serlo cualquier obra que trate honestamente los años de plomo, y esa incomodidad es precisamente lo que lo hace valioso.
Título: Lemóniz. ETA y el movimiento antinuclear
Guion: Florentino Flórez
Dibujo: Guillermo Sanna
Editorial: Norma Editorial
Colección: Nómadas
Formato: Cartoné, 120 páginas
Precio: 24,95 euros
ISBN: 978-84-679-8424-8
Volumen: Tomo único






