El partido del siglo, de Julie Billault y Seb Piquet: reseña del cómic de Norma sobre el nacimiento del fútbol femenino
Norma Editorial publica El partido del siglo, la traducción de Le match du siècle, el álbum con guion de Julie Billault y dibujo de Seb Piquet que Dupuis sacó este mismo año en Francia. Es un tomo único, sin continuidad previa que conocer, así que se puede coger sin haber leído nada más de ninguna de las dos autoras. Y conviene aclarar algo desde el principio: no habla del origen de los clubes ingleses más antiguos, sino de las mujeres que jugaron al fútbol cuando jugar al fútbol siendo mujer se consideraba una excentricidad, si no directamente un escándalo.
La acción arranca en Liverpool, 1915. Con los hombres en el frente de la Primera Guerra Mundial, las mujeres ocupan los puestos de las fábricas de munición para mantener la producción de armamento, y ese mismo desplazamiento se traslada al campo de fútbol: sin hombres que jueguen ni que decidan quién puede jugar, un equipo de obreras, las Newton Ladies, empieza a llenar gradas donde antes solo entraban espectadores masculinos. El nombre del equipo es invención de Billault, pero está calcado sobre un caso real y muy documentado: las Dick, Kerr's Ladies, el equipo de la fábrica de munición de Preston que en la Inglaterra de la Gran Guerra llegó a jugar ante decenas de miles de personas, hasta que la Football Association les prohibió usar los campos federados en 1921 con la excusa de que el fútbol "no era apropiado para mujeres".
El cómic no necesita inventarse ese contexto de indignación institucional: la propia historia real ya lo tiene todo. Billault construye el guion alrededor de una protagonista obrera que descubre en el fútbol algo que la fábrica no le da, y el conflicto no es tanto deportivo como social: cada partido que las Newton Ladies ganan es un problema para alguien con poder de decidir si se les deja seguir jugando. Ahí está el acierto del guion, que no convierte esto en una fábula triunfalista de "ellas pudieron" sino que deja claro en todo momento que el triunfo deportivo y el reconocimiento social avanzan por carriles completamente distintos, y que ganar en el campo no siempre significa ganar la partida de verdad.
El dibujo de Seb Piquet funciona mejor en las escenas de fábrica que en las de partido. Hay una atención al detalle industrial —máquinas, uniformes, la mugre del trabajo en cadena— que da mucho peso visual a la primera mitad del álbum. Cuando llega el fútbol, la narrativa gana en energía pero pierde algo de esa densidad: los partidos se resuelven con planos muy dinámicos que transmiten movimiento pero a veces sacrifican la claridad de qué está pasando exactamente en el campo. No es un problema grave, pero sí hace que la parte deportiva se sienta más como intermedio emocional que como el centro real del relato, que sigue siendo la vida de las obreras fuera del terreno de juego.
Donde el álbum sí se resiente un poco es en el ritmo del tercer acto. La presión institucional contra el fútbol femenino, que en la realidad tardó años en materializarse en una prohibición formal, aquí se comprime en pocas páginas para poder cerrar la historia dentro de las 176 páginas del tomo. El desenlace se siente más apresurado que el resto del álbum, como si Billault hubiera tenido que elegir entre desarrollar mejor el conflicto final o mantener el tomo en un formato único y manejable, y hubiera optado por lo segundo. Se entiende la decisión editorial, pero se nota.
Otro acierto del guion es que no convierte a las Newton Ladies en un bloque uniforme de heroínas sin fisuras. Dentro del propio equipo hay tensiones sobre cuánto arriesgar: unas jugadoras quieren aprovechar la popularidad del equipo para presionar por mejores condiciones en la fábrica, otras prefieren no significarse demasiado por miedo a perder el puesto de trabajo en cuanto termine la guerra y los hombres regresen del frente. Esa fricción interna aporta más matices que el simple relato de "un equipo contra el sistema", y es de lo mejor que tiene el álbum en términos de construcción de personajes.
Vale la pena situar el álbum en su contexto histórico más amplio, porque ayuda a entender por qué esta historia importa más allá de lo anecdótico. El fútbol femenino organizado en Inglaterra no nace con la Primera Guerra Mundial: ya en 1895 Nettie Honeyball había impulsado el British Ladies Football Club, y un célebre partido entre los equipos Norte y Sur reunió a diez mil espectadores en un momento en que ni siquiera existía vocabulario para describir lo que estaba pasando. El partido del siglo no cuenta esa primera generación, sino la siguiente, la que jugó durante la guerra y que, paradójicamente, tuvo más público y más legitimidad social momentánea gracias a la ausencia forzada de los hombres. Que después llegara la prohibición de 1921 y que el fútbol femenino inglés tardara más de cincuenta años en recuperar terreno institucional es la parte de la historia que el cómic deja resonando fuera de página, sin necesidad de explicarla del todo, confiando en que el lector sepa leer entre líneas lo que vino después.
La edición española de Norma respeta el color y el formato cartoné del original francobelga, con un tamaño de página generoso que favorece las viñetas de fábrica y de estadio por igual. Es un álbum pensado para lectores que ya conocen la novela gráfica histórica europea y que no necesitan que se les explique el contexto de la Primera Guerra Mundial paso a paso, algo que Billault da prácticamente por hecho desde la primera página.
Título: El partido del siglo
Título original: Le match du siècle
Guion: Julie Billault
Dibujo: Seb Piquet
Editorial: Norma Editorial
Editorial original: Dupuis (2026)
Formato: Cartoné, 195 x 260 mm
Páginas: 176, color
ISBN: 978-84-679-8357-9
Volumen: Único
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