El siglo XVIII, la Edad de Oro de la piratería en el Caribe, y una noche que puede ser la última. Anne Bonny, una de las pocas mujeres que ejerció la piratería como profesión y no como leyenda, repasa su vida antes del amanecer. La última noche de Anne Bonny llega a España el 15 de mayo de 2026 editada por Norma Editorial, con guion de Claire Richard y arte de Alvi Ramírez, en un volumen de 168 páginas a color en cartoné de 22 x 29 cm y un precio de 32 euros. La obra se publicó originalmente en Francia en 2024 bajo el sello Le Lombard.
Claire Richard es una guionista y escritora francesa conocida por su trabajo en radio, donde produjo la pieza original sobre Anne Bonny para Arte Radio. Esa historia radiofónica es la base de este cómic: Richard adaptó su propio guion al lenguaje de la novela gráfica. Alvi Ramírez, que llegó al cómic desde el mundo de la animación, debuta aquí con un trabajo visual que ha cosechado críticas muy positivas en Francia y que confirma que su trayectoria en animación le ha dado herramientas narrativas que el cómic aprovecha bien.Anne Bonny es un nombre que aparece en los registros históricos con una nitidez inusual para una mujer del siglo XVIII: luchó en igualdad de condiciones junto a la tripulación del pirata Calico Jack Rackham, fue arrestada, juzgada y condenada a muerte en Jamaica en 1720. Y luego desapareció. No hay registro de su ejecución. No hay fecha de muerte verificada. La historia termina con un juicio y un silencio.
Esa laguna es el espacio donde Claire Richard sitúa su relato. Anne Bonny ocupa el tiempo que le queda —las horas previas a lo que debería ser su ejecución— para ordenar su propia vida frente al lector. No es una revisión heroica ni una justificación. Anne habla desde la experiencia de alguien que eligió un camino infrecuente para una mujer de su época y que conoce el precio de esa elección. La ambigüedad histórica sobre su destino final no se resuelve: se usa como marco para que el personaje exista con una libertad que la historia documentada no puede otorgar.
El dispositivo narrativo es sencillo: Anne habla. Lo que dice construye una autobiografía no lineal que salta entre su infancia en las Carolinas, su vida en las colonias, su tiempo en el mar y los juicios que determinaron su suerte. Richard maneja bien ese tipo de estructura: no hay confusión temporal porque Anne es una narradora que sabe lo que quiere contar y en qué orden.Lo que distingue a este guion de una simple hagiografía pirata es el tono. Anne no se presenta como una heroína incomprendida ni como una víctima de su tiempo. Se presenta como alguien que tenía sus razones, que las conoce bien, y que no necesita que nadie las valide. Esa seguridad en el personaje hace que la obra funcione: no hay victimismo, no hay romanticismo barato. Hay una mujer contando su historia con la claridad de quien sabe que puede ser la última vez que lo haga.
La trayectoria de Alvi Ramírez en animación se nota en cómo construye el movimiento y la expresión de los personajes. Las páginas tienen un dinamismo que es inusual en el cómic europeo de época, que tiende a la composición más estática. Los personajes se mueven, tienen peso, ocupan el espacio de una manera que comunica carácter antes de que hablen.
La paleta cromática evoca el Caribe sin caer en el exotismo de postal: hay sol y hay sombra, y la luz cambia según si la escena es un recuerdo vivo o el presente de Anne en su celda. Ramírez diferencia bien esas temperaturas visuales, y el resultado es una novela gráfica donde el color trabaja como parte del relato, no solo como decoración.
El cartoné de 22 x 29 cm da espacio a ese trabajo. Las páginas de Ramírez necesitan ese tamaño para respirar, y la edición de Norma Editorial —que sigue el formato de la edición francesa original— lo respeta.
El material promocional de Norma habla de un cómic destinado a romper clichés, y no es una afirmación vacía. La Anne Bonny de Richard no es ni la heroína romántica de las novelas de piratas ni la figura marginal tratada como curiosidad histórica. Es una mujer que necesitaba fuerza, audacia y disposición a reírse de la muerte para hacer lo que hizo, y que lo sabe. Y que además tiene cosas concretas que decir sobre el mundo que habitó: la piratería como rechazo del orden colonial, el mar como el único espacio donde las reglas podían reescribirse.Para los lectores que disfrutan del cómic europeo de autor con ambición histórica y personajes femeninos escritos con criterio, esta es una de las propuestas más sólidas de la temporada.
El dato histórico sobre Anne Bonny que más incomoda no es su juicio ni su condena: es su desaparición. Fue juzgada y condenada a muerte en Jamaica en 1720. Pero no hay registro de su ejecución. Algunos investigadores han propuesto que fue liberada o que su condena fue conmutada. Otros que simplemente murió en prisión sin que nadie lo documentara con suficiente detalle como para que sobreviviera al tiempo. Esa incertidumbre es lo que convierte a Anne Bonny en un personaje literariamente más rico que si simplemente hubiera muerto en la horca como su compañero Calico Jack: el vacío permite imaginar, y Claire Richard lo usa con inteligencia.
La elección de adaptar un guion radiofónico al cómic no es tan extraña como parece. El guion de radio trabaja con la voz, con el tiempo, con la capacidad evocadora de las palabras sin imagen. Al traducirlo al cómic, Richard no intenta reemplazar esa voz con ilustraciones: la voz de Anne sigue siendo el centro del relato, y el arte de Alvi Ramírez construye alrededor de ella, no sobre ella. Hay páginas donde el monólogo de Anne ocupa la mayor parte del espacio y las imágenes son casi atmosféricas, subordinadas a la narración. Esa jerarquía es una elección, y funciona.







