Jaadugar: Una bruja en Mongolia llega a su segundo volumen en la edición española de Panini, que rescató la obra tras el cierre de ECC Ediciones, donde tenía previsto publicarse en febrero de 2025. La serie de Tomato Soup se publica ahora en España en formato rústica con sobrecubierta de 170×240 mm, 192 páginas y precio de 14,95 euros por tomo. El primer volumen salió en marzo de 2026; el segundo llega con la serie del anime de Science Saru ya en marcha, con estreno previsto el 4 de julio de 2026.
El primer volumen presentaba a Fátima, una joven persa de formación científica y médica capturada por el Imperio Mongol y enviada al harén del Gran Khan Ögedei. Allí conocía a Töregene, la sexta esposa del Khan, una mujer con ambiciones políticas propias y una inteligencia que Fátima aprende a leer con el tiempo. El tomo 1 era una historia de adaptación y supervivencia, de una mujer que usa el conocimiento como arma en un entorno que no fue diseñado para alguien como ella.El tomo 2 arranca en una coyuntura histórica concreta: la muerte de Gengis Khan ha sacudido los cimientos del Imperio. Ögedei es el nuevo Gran Khan, pero la sucesión no es estable. Las distintas facciones del poder mongol se mueven, negocian y conspiran. En ese contexto, a Fátima se le ordena infiltrarse en otro harén como espía. La misión la saca del entorno que había empezado a conocer y la lanza a territorio completamente nuevo, sin los apoyos que había construido y con la instrucción de no revelar quién la envía.
El espionaje en el harén es un concepto que podría parecer exótico o voyeur en manos de otro autor. Tomato Soup lo trata de otra manera: el harén es un espacio político, no un decorado erótico. Las mujeres que lo habitan tienen sus propias redes de influencia, sus propias alianzas y sus propias agendas. Fátima no llega como una heroína que va a liberarlas: llega como alguien que necesita información y que tiene que ganarse un lugar desde cero, con la desventaja de que nadie le debe nada y todos tienen razones para desconfiar.
Una de las fortalezas de Jaadugar desde el primer tomo es el rigor con que Tomato Soup construye el contexto histórico sin convertirlo en una lección. El siglo XIII asiático no es un escenario pintoresco para una aventura de fantasía: es un sistema de relaciones de poder, de choque de culturas y de violencia estructural que el manga muestra con precisión y sin romanticismo.El Imperio Mongol que aparece en Jaadugar no es la imagen simplificada de los bárbaros de las estepas. Es una maquinaria administrativa que absorbió las culturas que conquistó, que usó el conocimiento de las poblaciones sometidas para sus propios fines, y que tenía sus propias contradicciones internas. Tomato Soup conoce el material y sabe que la mejor manera de hacer accesible la historia es a través de personajes concretos con motivaciones concretas, no a través de explicaciones enciclopédicas.
Fátima es el centro de esa perspectiva: una mujer persa en el Imperio Mongol, formada en una tradición intelectual que el propio Imperio estaba absorbiendo y reorientando. Su posición es la de alguien que pertenece a dos mundos y a ninguno, que tiene conocimientos que le dan poder en un contexto y la convierten en amenaza en otro.
La adaptación al anime de Jaadugar tiene un equipo creativo que por sí solo justifica la atención. Abel Góngora, barcelonés, dirige la serie en Science Saru. Es el primer español en dirigir en solitario un anime de televisión basado en manga, y llega al puesto después de su trabajo en la segunda temporada de Dan Dan Dan y en Scott Pilgrim da el salto. La directora ejecutiva es Naoko Yamada, responsable de A Silent Voice y La historia de los Heike. El opening es "Stella" de SEKAI NO OWARI.El anime estrena el 4 de julio de 2026 en el bloque IMAnimation W de TV Asahi con un especial de una hora que incluye los dos primeros episodios. La existencia del anime convierte este momento en el idóneo para entrar en el manga: el tomo 2 cubre material que el anime aún no ha adaptado y que la serie española tiene disponible ya en papel.
El estilo visual de Tomato Soup tiene una limpieza contenida que funciona bien para una historia de estas características. Los personajes son distinguibles y expresivos sin necesitar rasgos exagerados. Las escenas de política palaciega, que en otros mangas se resolverían con páginas de texto, aquí se apoyan en la gestualidad y en el espacio en blanco. El diseño de los trajes y los entornos arquitectónicos es cuidado sin ser exhaustivo: hay suficiente detalle para situar al lector en el s. XIII sin convertir cada página en un libro de ilustraciones históricas.
El formato grande de 170×240 mm que ha elegido Panini para la edición española hace justicia a ese trabajo visual. Es una decisión editorial acertada: el manga respira mejor en un tamaño más generoso, especialmente en las páginas dobles.







