La madre de los hermanos Blood – El wéstern nihilista de Azzarello y Risso hecho carne y acuarela
Cuando los nombres de Brian Azzarello y Eduardo Risso se juntan en la portada de un cómic, el lector experimentado sabe perfectamente a qué tipo de abismo moral se va a asomar. Esta dupla creativa, responsable de hitos indiscutibles del género negro contemporáneo como 100 Balas, Spaceman o Moonshine, posee una química autoral prácticamente infalible. Tras su celebrada andadura en el mercado independiente estadounidense bajo el amparo del sello DSTLRY, llega a España de la mano de Norma Editorial su último y más salvaje proyecto conjunto: La madre de los hermanos Blood (The Blood Brothers Mother).
Publicado originalmente como una miniserie de cuatro números de impacto fulminante, este volumen integral se presenta en una cuidadísima edición en formato cartoné (21,5 x 27,5 cm) que recopila a lo largo de sus 224 páginas a todo color una de las aproximaciones más crudas, descarnadas e incómodas al lejano oeste que ha visto el noveno arte en los últimos años. Heredero directo de la tradición literaria y cinematográfica de obras magnas como Centauros del desierto de John Ford o la violencia metafísica de Meridiano de sangre de Cormac McCarthy, este cómic destruye cualquier atisbo de romanticismo fronterizo para recordarnos que, en la tierra de nadie, el ser humano es el depredador definitivo.
Una odisea de inocencia corrompida en la frontera de Texas
La premisa argumental de La madre de los hermanos Blood arranca con la futilidad y la brutalidad de un hachazo. La historia nos sitúa en la agreste y despiadada frontera de Texas, donde la aparente paz de una pequeña comunidad se volatiliza en cuestión de segundos. Tres niños se ven obligados a madurar de golpe y por la vía del trauma absoluto cuando un grupo de forajidos sin escrúpulos asesina a tiros a su padre, un predicador local, y rapta a su madre de forma violenta. Sin más recursos que su propia determinación y el rifle de su difunto progenitor, los tres hermanos emprenden una agónica marcha a través de un paisaje implacable para rescatar lo único que les queda de su familia.
Azzarello utiliza este punto de partida, aparentemente clásico dentro del subgénero de las revenge stories, para plantear un viaje de degradación psicológica que gira en torno a tres pilares fundamentales:
El prólogo del verdugo: El guionista decide, con gran acierto estructural, no empezar la historia con las víctimas, sino con los verdugos. Las primeras páginas actúan como una crónica del horror centrada en Carter Cain, un forajido de una frialdad espantosa cuya salida de prisión actúa como el catalizador de la tragedia. Entender la naturaleza violenta de Cain es crucial para comprender el cerco de peligro que rodea a los niños.
El estado de naturaleza hobbesiano: En este wéstern no hay ley, no hay sheriffs salvadores ni caballería en el horizonte. La frontera se rige por la guerra de todos contra todos. Los niños no solo deben esquivar a los captores de su madre; el entorno les sale al encuentro en forma de animales salvajes sedientos de sangre, cazarrecompensas que no conocen la compasión y los elementos de una naturaleza desértica que parece querer devorarlos.
La mancha indeleble de la venganza: El verdadero núcleo de la obra no es si los hermanos conseguirán alcanzar su objetivo, sino qué quedará de ellos si lo logran. Azzarello reflexiona con una lucidez amarga sobre cómo el sabor de la revancha, aunque satisfactorio en el momento del disparo, deja un vacío existencial crónico. La violencia en esta obra actúa como un veneno lento: una vez que los niños la prueban para sobrevivir, sus almas quedan condenadas y condicionadas para siempre.
Es importante que el lector se acerque a La madre de los hermanos Blood sabiendo que no es una lectura ligera ni complaciente. Siguiendo la estela hiperviolenta y nihilista de producciones cinematográficas recientes como Bone Tomahawk o Hell or High Water, el guion de Azzarello se sumerge en las dinámicas más oscuras de la condición humana.
A lo largo del accidentado periplo de los hermanos Blood, la violencia explícita se manifiesta sin ningún tipo de filtro estético o poético. Eduardo Risso plasma de manera gráfica y descarnada la brutalidad de los forajidos en secuencias de una enorme dureza, incluyendo agresiones que buscan repeler y sacudir moralmente al espectador.
Esta crudeza no nace del mero efectismo comercial o del morbo barato; está integrada como una herramienta narrativa drástica para justificar el posterior nihilismo de los protagonistas y la total ausencia de piedad en un entorno donde la inocencia es la primera víctima antes de que se dispare la primera bala.
Eduardo Risso: La majestuosidad de la luz frente a la fealdad del hombre
Si el libreto de Brian Azzarello destaca por su sequedad cortante y sus silencios cargados de tensión, el apartado artístico de Eduardo Risso en este volumen es, lisa y llanamente, uno de los trabajos más portentosos y redondos de toda su dilatada carrera internacional. El dibujante argentino da una auténtica lección de narrativa gráfica y composición, demostrando por qué es una leyenda viviente del cómic de género criminal.
Risso abandona el blanco y negro puro y el contraste de masas de tinta característicos de sus primeros trabajos para abordar la frontera tejana mediante una combinación sublime de lápices y acuarelas. El resultado visual es sobrecogedor:
La planificación de las páginas vuelve a ser una clase magistral de ritmo cinematográfico. Risso maneja la tensión acumulada mediante el uso de viñetas insertadas dentro de grandes composiciones, dilatando el tiempo justo antes de que estalle la violencia. Los tiroteos no son limpios ni coreografiados; son caóticos, secos, llenos de sorpresas desagradables y heridas sucias. El diseño de personajes, desde las miradas vacías y amenazantes de la banda de forajidos hasta la progresiva transformación física y el endurecimiento en los rostros de los niños desamparados, está resuelto con un nivel de expresividad y detalle técnico apabullante.
La impecable edición en gran formato de Norma Editorial
Una obra de estas características plásticas, donde la acuarela de Eduardo Risso dicta la atmósfera de cada página, requería un soporte físico que hiciera honor al esfuerzo de sus creadores. Norma Editorial responde a las demandas de los coleccionistas editando este volumen en un generoso formato cartoné de 21,5 x 27,5 cm, un tamaño sustancialmente mayor que el del comic book original estadounidense que permite apreciar cada pincelada, cada matiz del color y la profundidad de los sombreados.
Las 224 páginas a color gozan de una impresión de altísima fidelidad sobre un papel mate de gran gramaje que absorbe la tinta de forma óptima, eliminando reflejos indeseados y realzando la calidez de las luces desérticas del suroeste. Con un precio de 36,00 €, este tomo integral se convierte en una pieza indispensable en la estantería de cualquier aficionado que busque recopilar de manera definitiva y con la máxima calidad artística una de las colaboraciones más maduras y crudas del panorama del noveno arte contemporáneo.
Conclusión: El amargo sabor del acero y el desierto
La madre de los hermanos Blood es un wéstern crepuscular extraordinario que no hace prisioneros ni busca la complicidad fácil del lector. Brian Azzarello y Eduardo Risso vuelven a demostrar que se mueven como nadie en los márgenes de la amoralidad, firmando una obra que impacta por su contundencia visual y que deja un poso de profunda melancolía e incomodidad en lo argumental.
Es una lectura exigente, dura y por momentos asfixiante, pero absolutamente imprescindible para aquellos que disfruten de las historias fronterizas maduras que se atreven a explorar las consecuencias reales de la violencia y el precio que los seres humanos pagamos por saciar nuestra sed de venganza. Azzarello y Risso han vuelto a manchar sus páginas de sangre y arena, y el resultado vuelve a rozar la obra maestra.
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