Ultraman: Along Came a Spider-Man termina en su volumen 5

 El manga Ultraman: Along Came a Spider-Man termina en su volumen 5, una noticia que confirma el destino de uno de los experimentos más peculiares de la serialización actual entre Shogakukan, Marvel y Tsuburaya. No nos engañemos: ver al trepamuros balancearse entre rascacielos mientras un gigante de luz intercambia rayos con Alien Mefilas es el sueño húmedo de cualquier fan del tokusatsu, pero el cierre de esta colaboración en un arco tan ajustado delata que, en el mercado nipón, la nostalgia por la era Showa y el tirón de los Vengadores tienen un techo de cristal muy claro. Tomo Hirokawa ya ha soltado la bomba en sus redes sociales: el próximo capítulo marca el inicio del fin, el arranque del clímax que cerrará este tankobon final. Para el lector español, que ha visto cómo el universo de Ultraman intenta sacar la cabeza de nuevo gracias a Netflix y a las licencias recientes, este cierre supone una despedida agridulce a una obra que, si bien nació con una vocación promocional evidente, logró inyectar una frescura visual necesaria a dos franquicias que a veces pecan de excesiva rigidez institucional.

Portada del manga Ultraman: Along Came a Spider-Man de Tomo Hirokawa y Shigenobu Matsumoto.

Lo que Hirokawa ha logrado con el dibujo en esta obra merece un análisis que escape a la simple comparativa de estilos. No es fácil hibridar la estética de Marvel con el dinamismo del manga contemporáneo sin que parezca un collage de fanservice barato. La cinética de las viñetas en los enfrentamientos contra los Kaiju respeta esa pesadez característica de los trajes de goma originales, pero la línea de Hirokawa es eléctrica, casi nerviosa cuando Spider-Man entra en escena. El uso de las tramas mecánicas para dar profundidad a la armadura de Ultraman contrasta de forma magistral con la agilidad orgánica de Peter Parker, creando una narrativa visual donde el tamaño sí importa, pero la velocidad manda. No estamos ante el típico dibujo genérico de revista mensual; aquí hay una intención plástica de integrar el lenguaje del cómic americano —esos escorzos imposibles de Spidey— dentro de la composición de página japonesa, donde el blanco y negro obliga a jugar con los contrastes de forma mucho más agresiva para no perder al lector en un mar de grisalla.

La relevancia de que esta obra se haya movido bajo el paraguas de Viz Media y Shogakukan en Japón desde agosto de 2024 no es casualidad. El mercado del manga está saturado de isekai de manual y romances escolares clónicos, por lo que una apuesta por el crossover internacional es un movimiento defensivo de las editoriales para retener a un público más maduro y global. Sin embargo, el hecho de que se detenga en el volumen 5 sugiere que la estructura de la historia, orquestada por Shigenobu Matsumoto, estaba diseñada como un evento limitado de alto impacto más que como una serie de largo recorrido que pudiera canibalizar el éxito de la serie principal de Ultraman o los proyectos paralelos de Marvel. En el ecosistema del Oricon, estas obras suelen tener un pico de ventas inicial muy fuerte impulsado por el coleccionismo, para luego estabilizarse en cifras que solo justifican una duración corta. Es puro pragmatismo editorial: entrar, reventar el escaparate con una imagen promocional de infarto y salir antes de que la fórmula se agote o el presupuesto de derechos de autor se vuelva insostenible.

El pasado de los autores también pesa en este desenlace. Shigenobu Matsumoto sabe perfectamente cómo manejar los tiempos de la acción para que el lector no sienta que está ante un panfleto publicitario de Tsuburaya Productions. Al meter a Doctor Doom en la ecuación y enviarlo al universo de The Ultraman, el guion ha sabido explotar ese sentimiento de desorientación que tan bien le sienta al género de superhéroes. No es solo una pelea de monstruos; es un choque de filosofías sobre el poder y la responsabilidad, aunque aquí las mallas sean de colores primarios y los rayos salgan de las manos cruzadas en cruz. El one-shot original y los primeros capítulos ya marcaban este ritmo frenético, y es de agradecer que no hayan estirado el chicle innecesariamente. Prefiero mil veces cinco tankobon con un arte sólido y un guion cerrado que una serie de veinte tomos que acaba deambulando por tramas secundarias irrelevantes.

Mirando hacia el futuro, el fin de Ultraman: Along Came a Spider-Man deja el camino libre para que Marvel y Tsuburaya sigan explorando este filón con otras licencias. Ya vimos el movimiento con Ultraman x Avengers, y está claro que la hoja de ruta pasa por convertir al "Gigante de Luz" en una pieza más del tablero transmedia global. Para nosotros, los que buscamos en la estantería algo que rompa la monotonía, este manga queda como un testimonio de que la colaboración internacional puede funcionar si se deja en manos de artistas que respetan el material original sin miedo a mancharse las manos con nuevas ideas. El clímax está servido, y si Hirokawa mantiene el nivel de detalle en las splash-pages que hemos visto hasta ahora, el quinto volumen será una pieza de coleccionista imprescindible para cualquiera que entienda que el manga es, ante todo, un lenguaje en constante mutación.