Reseña de One Punch Man 35: nuevo arco tras Garou, “Dios” vuelve a sonar, Tsukuyomi entra en juego y Saitama rompe la defensa de Metal Knight.
One Punch Man 35: reseña del nuevo arco donde el mundo sigue roto, los monstruos sobreviven y “Dios” vuelve a asomar
One Punch Man 35 tiene un mérito enorme: aterriza después del volumen 34 sin fingir que nada ha pasado. La saga anterior fue tan descomunal que lo lógico habría sido un “reset” cómodo, pero ONE y Murata hacen lo contrario. One Punch Man 35 arranca un nuevo arco con el paisaje todavía en ruinas, con restos de la Asociación de Monstruos respirando bajo los escombros y con la Asociación de Héroes intentando vender seguridad como producto de lujo. Es un volumen puente, sí, pero un puente lleno de cuchillos: mientras Saitama intenta recuperar una vida normal, el mundo se reorganiza alrededor de dos ideas peligrosas… el control y la profecía.
El tomo se siente como un cambio de fase: menos épica cósmica, más thriller institucional, más paranoia y más piezas colocándose. Lo cotidiano vuelve, pero vuelve sucio. Y eso es clave. One Punch Man 35 no baja el listón de tensión; lo desplaza. Deja claro que, tras Garou, el verdadero enemigo puede no ser un monstruo gigante, sino un sistema entero intentando domesticar el caos.
Los nuevos vecinos: Saitama y la comedia del estatus
El arranque con Forte, Butterfly DX y Chain’n’toad funciona como recordatorio de una verdad básica: aunque el mundo se haya roto, Saitama sigue siendo Saitama. Tres héroes vienen a marcar territorio, creyendo que van a “poner en su sitio” al novato. Y de repente abre la puerta King. Ese gag, clásico y perfecto, cumple una función importante: recalibra el tono antes de entrar en lo oscuro. One Punch Man siempre ha sido esto: comedia basada en jerarquías ridículas… pegada a un mundo que está a punto de arder.
Además, esta escena sirve para introducir el concepto de los nuevos complejos residenciales de la Asociación de Héroes: héroes como vecinos, héroes como “seguridad”, héroes como marca. Todo muy limpio por fuera, todo muy turbio por dentro.
Pig God, Air y el regreso imposible de Evil Natural Water
La primera alerta real del volumen llega en el terreno arrasado. Pig God busca entre escombros, la Asociación intenta forzarle a “volver a recuperación”, y un A-Class llamado Air aparece como perro de presa institucional. El conflicto parece político, casi burocrático… hasta que el horror reaparece en forma de charco.
La reaparición de Evil Natural Water en estado mínimo es uno de los momentos más brutales de One Punch Man 35 porque demuestra que la saga anterior no “limpió” el mundo. Solo lo fragmentó. Air intenta resolverlo como si fuera un monstruo menor y paga el precio de inmediato. Esa muerte repentina, fría y sin épica, es importante: ONE vuelve a recordarte que el peligro no siempre se anuncia con música.
Pig God, por su parte, hace lo que mejor representa su papel en la serie: resistencia absoluta. Se traga el problema. Literalmente. Y aun cuando el monstruo intenta matarlo desde dentro, Pig God actúa con esa mezcla de humor y terror que define a One Punch Man cuando está fino: lo grotesco como solución, lo monstruoso como trámite. Y luego, como si nada, el tipo se va a comer ramen. Es un gag… pero también es una declaración de carácter.
Black Sperm y Rover: supervivencia, humillación y el “refugio” más absurdo
Otro punto clave de One Punch Man 35 es la supervivencia de piezas que no deberían seguir en pie. Black Sperm, sin stock de células, está en modo hambre y pánico. Y justo entonces aparece Saitama. El terror de Black Sperm es casi cómico, pero también lógico: reconoce a quien dejó KO a Awakened Garou de un golpe. Y aquí viene el giro delicioso: en lugar de huir como villano, decide esconderse bajo la sombra de Saitama.
La escena de Overgrown Rover reducido y calmado es uno de esos momentos que resumen a Saitama: trata a un “monstruo” como a un perro porque le gustan los perros. Y eso, en One Punch Man, es casi más inquietante que cualquier pelea. Porque te recuerda que Saitama vive fuera del marco moral habitual. No clasifica por sistema, clasifica por intuición.
Este tramo refuerza un tema del volumen: tras la guerra, lo que queda es supervivencia. Monstruos y humanos buscando refugio bajo estructuras rotas.
La Asociación de Héroes y el negocio de la seguridad: apartamentos, marketing y el arma secreta de Metal Knight
El bloque del evento público dentro de la sede es veneno puro. La Asociación intenta vender apartamentos “impenetrables”, restringidos a héroes de A-Class o superior, y el público reacciona con desconfianza. La serie aquí hace algo muy inteligente: convierte el miedo social en mercado. Si los monstruos aumentan, la seguridad se privatiza. Si se privatiza, el héroe se convierte en producto.
Y entonces presentan el “arma secreta”: un sistema diseñado por Metal Knight con IA capaz de coordinar defensa mejor que un equipo de héroes. Es el sueño húmedo de una institución: control sin humanos, seguridad sin emoción, respuesta automatizada. ONE y Murata lo plantean como “solución”, pero lo dibujan como amenaza latente. Y justo en ese momento… el sistema se activa por Saitama llegando con dos monstruos.
La secuencia de Saitama destruyendo robots como si fueran electrodomésticos defectuosos es una comedia espectacular, pero también deja una bomba narrativa: esos robots cuestan fortunas. Cuando el héroe más fuerte del mundo se convierte en el mayor riesgo financiero de la Asociación, el conflicto cambia. Ya no es solo “monstruos”: es poder fuera de control en manos de alguien que no entiende el valor del dinero institucional.
La promoción a A-Class Rank 39 es otro golpe de ironía perfecta: Saitama sube… pero sigue siendo “nadie” para la mayoría.
“Dios”, el cubo y Blast: One Punch Man 35 vuelve a poner la mira en lo cósmico, pero desde la conspiración
El corazón serio de One Punch Man 35 está en la reunión interna. Sitch, Sekingar, Zombieman, Genos, Flashy Flash y Sweet Mask discuten la profecía de la Tierra en peligro y el concepto de “Dios”. Aquí el volumen hace algo fundamental: conecta lo ocurrido con la Asociación de Monstruos con una amenaza más grande, pero no lo hace con explosiones. Lo hace con información, con paranoia y con secretos.
La mención del cubo como vía de comunicación y el historial de Blast buscando ese objeto durante décadas sitúan el nuevo arco en una dirección clara: la entidad existe, opera y ofrece poder. Y el mundo está lleno de gente dispuesta a aceptarlo.
Genos insistiendo en que Saitama debería estar informado es coherente con su papel: devoción y frustración institucional. Y el detalle de Zombieman recordando lo del “limiter” sugiere que el manga está preparando otra capa: la explicación de Saitama como anomalía biológica dentro del sistema.
Sweet Mask, por otro lado, fija su mirada en Saitama por una razón inquietante: la belleza del poder abrumador. Esa frase es puro Sweet Mask y puro One Punch Man en su lectura más oscura.
El último tramo del volumen cambia el foco hacia Fubuki y su grupo, y aquí One Punch Man 35 se pone realmente peligroso. Aparece Tsukuyomi como organización que experimentó con Tatsumaki y que ahora quiere a Psykos como “muestra”. Es decir: ciencia, control, explotación de poderes.
El hecho de que haya personal de la Asociación vendiendo acceso a Psykos a cambio de dinero es una puñalada directa al “heroísmo institucional”. La corrupción ya no es subtexto: es trama.
La llegada de Tatsumaki reventando el lugar y la colisión psíquica elevan el volumen a escala S-Class sin necesidad de monstruos gigantes. Y el remate final es muy Murata: mientras todo el mundo se parte el alma en un choque de espers, Saitama cae por una grieta… y aterriza en un piso lleno de seres de nivel demonio detenidos. Es un cliffhanger perfecto porque une comedia (Saitama cayéndose) con amenaza real (lo que hay abajo).
Conclusión: One Punch Man 35 inicia el siguiente gran conflicto con intriga, supervivientes y una guerra por el control
One Punch Man 35 es un reinicio de tono sin renunciar a la identidad de la serie. Recupera lo cotidiano, pero lo envenena con política, mercado y conspiración. Muestra que los monstruos no desaparecieron, que “Dios” sigue respirando y que la Asociación de Héroes está empezando a parecerse demasiado a una corporación con secretos.
Saitama sigue siendo el caos absoluto, sí, pero el volumen deja claro que el verdadero choque del nuevo arco puede ser otro: qué pasa cuando el poder más grande del mundo se mete en una guerra donde el enemigo real no es una criatura, sino un sistema que quiere capturarlo, estudiarlo o controlarlo.

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