Golden Man terminará en el volumen 11: Final del manga de Petosu

 El final de Golden Man ya tiene fecha de ejecución: la obra de Kōji Megumi y Petosu cerrará su andadura con el volumen 11, cuyo lanzamiento doble en septiembre marcará el adiós definitivo a una de las propuestas más estimulantes que ha parido la Weekly Young Magazine en los últimos dos años. A pesar de que la noticia pueda pillar a algunos con el pie cambiado, el anuncio incluido en el noveno tankobon confirma que Kodansha ha decidido finiquitar la historia por la vía rápida, publicando los dos últimos números de forma simultánea. No estamos ante una cancelación traumática, sino ante un clímax planificado que deja una sensación agridulce: perdemos una deconstrucción del género de superhéroes con una factura técnica impecable, pero ganamos una obra compacta que no morirá por estiramiento innecesario de la trama.

Portada de Golden Man de Koji Megumi y Petosu para Kodansha.

Lo que ha hecho Kōji Megumi a los lápices en esta serie es, sencillamente, una exhibición de músculo visual que nos recuerda por qué Bloody Monday fue el fenómeno que fue. Su estilo de línea, ahora mucho más depurado y agresivo, se adapta como un guante a la atmósfera de Neo York. Megumi utiliza unas tramas mecánicas que dotan a la ciudad de una textura sucia, casi asfixiante, alejándose del brillo pulcro de los cómics americanos para abrazar una estética más cercana al cyberpunk de finales de los noventa. El diseño de personajes, especialmente ese protagonista amnésico que hereda el manto de un héroe desaparecido, juega constantemente con la ambigüedad física; hay una cinética en las viñetas de combate que te obliga a detenerte, no por falta de claridad, sino por la densidad del detalle en cada impacto. Es puro arte narrativo que entiende que un puñetazo no es solo movimiento, sino una ruptura del espacio en la página.

Por otro lado, el guion de Petosu ha demostrado que hay vida más allá de las comedias costumbristas con seres sobrenaturales como Interviews with Monster Girls. Aquí, el autor se despoja de la amabilidad para explorar los recovecos del heroismo y el peso de la identidad. La premisa del héroe que se esfuma y es sustituido por un joven con un secreto capaz de dinamitar la paz social es un vehículo perfecto para criticar la dependencia de los símbolos. Golden Man no se queda en la superficie de la acción; escarba en la psicología de un equipo de soporte que, ante el vacío de poder, decide fabricar un ídolo de barro. Esta profundidad temática es la que permitió a la serie sobrevivir en una revista tan competitiva como la Weekly Young Magazine, donde compartía espacio con titanes del seinen y obras que apuestan por un realismo mucho más crudo.

El movimiento de Kodansha de lanzar los volúmenes 10 y 11 al mismo tiempo en septiembre responde a una estrategia de mercado agresiva para maximizar las ventas del tramo final. En Japón, el impacto de Golden Man ha sido constante pero no explosivo en el Oricon, lo que suele empujar a las editoriales a buscar cierres que favorezcan la venta del pack completo en el mercado de segunda mano y en plataformas digitales. Es una victoria para el lector que prefiere historias cerradas, pero un aviso para navegantes sobre lo caro que sale hoy día mantener una serialización de largo recorrido si no te conviertes en un fenómeno viral de inmediato. El hecho de que Yen Press empiece a publicar la obra en inglés este mismo agosto, justo cuando en Japón se alcanza el desenlace, es un movimiento de sincronización editorial poco común que busca aprovechar el rebufo de la noticia del final para atraer a los completistas.

La evolución plástica de Megumi desde sus inicios es evidente en cada página de esta obra. Si en sus trabajos anteriores pecaba en ocasiones de un estatismo excesivo en los diálogos, en Golden Man ha aprendido a utilizar el entorno como un narrador más. Los fondos de Neo York no son simples decorados; son entes que oprimen a los protagonistas, reflejando ese secreto que amenaza con destruirlo todo. Es un manga que entra por los ojos y te atrapa por la desconfianza que destilan sus personajes. Aunque el viaje termine en el volumen 11, queda claro que la alianza entre el dibujo de alta gama de Megumi y la capacidad analítica de Petosu es un experimento que ha merecido la pena, dándonos una visión del superhéroe mucho más amarga, real y, en última instancia, humana.