El manga de eFootball de Kiminori Wakasugi finaliza tras un mes

That Time I Got Reincarnated in PES llega a su fin de forma abrupta, confirmando que la última incursión de Kiminori Wakasugi en la Magazine Pocket de Kodansha ha sido poco más que un movimiento promocional efímero. Lo que sobre el papel se presentó como una colaboración de alto perfil entre un autor de culto y la gigante Konami para relanzar la imagen de eFootball (el antiguo Winning Eleven), ha terminado cerrando su serialización el pasado 30 de abril con una celeridad que ha pillado por sorpresa incluso a los seguidores habituales del humor negro y bizarro de Wakasugi.

Portada del manga That Time I Got Reincarnated in PES de Kiminori Wakasugi.

El autor de Detroit Metal City y All Esper Dayo! nunca se ha caracterizado por seguir las convenciones del shonen deportivo, y en Tensei Shitara Winning Eleven Datta Ken llevó su estilo al límite de lo absurdo. Sin embargo, la brevedad de la obra —lanzada apenas el 9 de abril— sugiere que el proyecto nació más como una campaña de marketing de guerrilla bajo el sello de Magazine Pocket que como una apuesta editorial a largo plazo. En el mercado japonés actual, donde la Weekly Shonen Magazine y su vertiente digital compiten agresivamente por retener el tráfico mediante IPs reconocibles, ver a un mangaka de la talla de Wakasugi firmar un isekai publicitario es una señal clara de las sinergias forzadas entre la industria del videojuego y el sector del manga.

Analizando el pedigrí de Kiminori Wakasugi, su historial con Kodansha y Hakusensha siempre ha pivotado sobre la sátira social y el humor escatológico. Con Detroit Metal City, Wakasugi logró algo casi imposible: convertir un seinen sobre death metal en un fenómeno de masas con adaptación a live-action y OVA, dominando las listas de Oricon en su categoría. Su paso por la Young Magazine con All Esper Dayo! consolidó esa capacidad para mezclar la perversión cotidiana con lo sobrenatural, obteniendo incluso una adaptación televisiva dirigida por Shion Sono. Por eso, el cierre de este nuevo proyecto tras apenas unas semanas de vida deja un sabor agridulce. No es que el talento de Wakasugi se haya agotado, sino que el formato de eFootball no parece haberle permitido el espacio necesario para desarrollar la narrativa ácida que sus lectores veteranos esperan.

La maniobra de Kodansha con el servicio K MANGA para publicar la obra íntegra en inglés de forma casi simultánea indica que el objetivo era puramente global. Konami está en una lucha constante por recuperar el terreno perdido frente a su competencia directa en los simuladores de fútbol, y el uso del nombre Winning Eleven (la marca nostálgica por excelencia en Japón) junto al tropo del isekai —reencarnarse en el juego— buscaba capitalizar dos tendencias masivas. No obstante, el lector de la Magazine Pocket es exigente con el contenido orgánico. Cuando una obra huele a encargo corporativo sin alma de tankobon, las métricas de retención en la app caen en picado, y este final repentino parece ser la consecuencia directa de una recepción gélida por parte de la comunidad japonesa.

Resulta irónico que un autor que diseccionó con tanta maestría la hipocresía de la industria musical en DMC haya terminado atrapado en un ciclo de producción tan corto para una marca comercial. Mientras All Esper Dayo! pudo estirarse durante seis años gracias a su fuerte identidad, este experimento con eFootball pasará a la historia como una anécdota en la bibliografía de Wakasugi. En términos de mercado, es un aviso para los editores: ni siquiera el nombre de un autor consagrado puede salvar un producto que carece de la libertad creativa necesaria para conectar con el público.

El futuro de Wakasugi debería volver a las páginas de las revistas seinen tradicionales o a plataformas donde el control editorial de terceros no asfixie su estilo. La finalización de That Time I Got Reincarnated in PES no es una derrota para el autor, sino el fin de un contrato publicitario que nunca debió aspirar a ser otra cosa. Ahora, la pelota vuelve a estar en el tejado de Kodansha para ver si deciden dar a su autor estrella un lienzo en blanco para su próxima obra o si seguirán intentando monetizar la nostalgia mediante colaboraciones externas de dudosa calidad narrativa.

A corto plazo, este cierre no afectará al valor de Wakasugi en el mercado de derechos internacionales, pero sí deja una mancha en su racha de éxitos. Esperamos un regreso a sus raíces más crudas, lejos de las licencias de videojuegos y más cerca de la provocación pura que lo puso en el mapa de la Young Jump y la Young Animal.