Soy un gato de Oriol Vlak: fábula oscura contra la Gran Fábrica y el mundo sin color

 Soy un gato: poesía oscura, humo y una fábula contra la Gran Fábrica que te deja marcado

Hay BD que se leen con los ojos y otras que se leen con el pecho. Soy un gato pertenece a la segunda categoría: una historia que parece sencilla en su planteamiento, pero que se te queda pegada por cómo combina ternura y amenaza, belleza y asfixia, humor seco y una tristeza que no hace ruido. Oriol Vlak construye un viaje casi onírico donde el mundo pierde el color mientras el humo lo invade todo, y ese detalle no es un adorno: es el corazón de la obra. Soy un gato habla de supervivencia, sí, pero sobre todo habla de memoria, de amistad y de la sensación de estar viviendo en una época donde lo “real” se reduce a lo básico: la ira, la lluvia y la muerte.

Norma Editorial publica en España Soy un gato en cartoné, con tamaño 14,8 x 21, 176 páginas a color y un formato que invita a leerlo como se lee un cuaderno íntimo: cerca, despacio, dejándote llevar por el ritmo de las imágenes. Es una BD que se siente muy personal, como si cada página tuviera una intención emocional además de narrativa.

Soy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran Fábrica

Una misión épica con alma de fábula
La premisa de Soy un gato es potente porque entra directa. Un gato perdido se ve empujado a una misión enorme: rescatar a su amigo y, en el proceso, enfrentarse a la Gran Fábrica, un monstruo de hierro que crece sin parar y devora el mundo. La historia funciona como una aventura, con sus aliados y sus obstáculos, pero su verdadera fuerza está en el tono. No es la típica fantasía luminosa donde todo se resuelve con valentía y un discurso final. En Soy un gato hay un cansancio raro, como si el protagonista caminara con el peso de algo que ya pasó y no termina de curar.

Ese “amigo” al que hay que rescatar no es solo un objetivo. Es una herida. En las páginas se respira una idea constante: la ausencia como motor, la pérdida como brújula. Soy un gato se permite momentos muy poéticos, casi de confesión, donde el gato observa el mundo y se observa a sí mismo con una mezcla de ironía y miedo. Y ese miedo es importante, porque aquí no se vende como debilidad: se vende como lucidez.

Soy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran FábricaSoy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran FábricaSoy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran Fábrica

Compañeros de ruta y un mundo que se apaga
En su viaje, el gato no va solo. Soy un gato lo acompaña con figuras que funcionan como arquetipos, pero con personalidad propia: un lobo sabio que parece entender las reglas invisibles del camino y una enigmática cría de sirena que añade misterio y fragilidad a partes iguales. Esa combinación tiene un punto clásico, como de cuento antiguo, pero lo interesante es cómo Oriol Vlak lo lleva a un terreno más extraño: el mundo de Soy un gato no está hecho para consolarte, está hecho para ponerte en alerta.

El detalle de “los colores desaparecen” es una de esas ideas que lo explican todo sin explicarlo. En Soy un gato, el color no es solo estética: es vida, es posibilidad, es futuro. Cuando el color se va, lo que queda es un paisaje contaminado por humo, producción y una lógica desmesurada que convierte el mundo en materia prima. Por eso la Gran Fábrica es tan buen villano: no tiene que hablar para imponerse. Solo tiene que crecer.

Soy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran FábricaSoy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran Fábrica

La Gran Fábrica como metáfora: producción absurda y devastación emocional
Lo fácil sería leer Soy un gato solo como una fábula ecológica: el sistema industrial que lo devora todo, el humo que tapa el cielo, la naturaleza arrasada. Y sí, esa lectura está ahí, clarísima, porque la Gran Fábrica representa un modelo de producción sin freno. Pero Soy un gato va más allá. La fábrica también es una metáfora del agotamiento mental, de la rutina que te tritura, de la sensación de vivir en un mecanismo que no te escucha. Es un gigante sin empatía. Un engranaje que no distingue entre lo importante y lo útil.

Y ahí entra el tema más bonito del cómic: la amistad como resistencia. Soy un gato no plantea la épica como “salvar el mundo” en abstracto, sino como salvar a alguien concreto, alguien que te importa. Esa es la épica íntima: rescatar a tu amigo para rescatarte a ti mismo. En un mundo donde todo se vuelve humo, el vínculo es lo único que no debería desaparecer.

Soy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran FábricaSoy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran Fábrica

Poesía negra, humor raro y una voz muy propia
Si hay algo que define Soy un gato es su voz. No es un cómic “mono de gatitos”, ni un cuento amable, ni una tragedia solemne. Es un equilibrio raro. Hay frases que suenan a mantra, a sentencia, a pensamiento nocturno. Hay humor negro, muy seco, casi como un mecanismo de defensa. Y hay una mirada muy de gato: observadora, desconfiada, sensible a lo mínimo.

Esa sensibilidad se nota en cómo la BD trata conceptos como la muerte o el miedo. Soy un gato no los usa para shock fácil; los usa como parte del paisaje emocional. La muerte aparece como algo cotidiano, casi como un personaje más, y eso le da al viaje un tono de cuento cruel: el tipo de historia que te habla con suavidad mientras te enseña los dientes.

Apartado artístico: tinta, contraste y un mundo que respira sombra
Visualmente, Soy un gato es deslumbrante de una manera poco convencional. No busca el acabado “bonito” de postal. Busca textura, contraste, mancha, un trazo que parece arañar el papel. El resultado es un mundo que se siente orgánico y sucio a la vez, como si la contaminación estuviera dentro de la propia imagen. Oriol Vlak juega con negros muy potentes, con blancos que parecen luz fría y con composiciones que alternan lo íntimo y lo gigantesco: un gesto, una mirada, y de golpe una presencia enorme que lo tapa todo.

El diseño de criaturas y escenarios también suma muchísimo. Soy un gato tiene ese punto de pesadilla amable: cosas que parecen simpáticas desde lejos, pero que de cerca se vuelven inquietantes. Y cuando el cómic se abre a escenas más amplias, el paisaje habla. No es fondo: es estado de ánimo.

Soy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran FábricaSoy un gato de Oriol Vlak, BD de Norma Editorial sobre humo, pérdida y la Gran Fábrica

Para quién es Soy un gato
Soy un gato es perfecta si te atraen las BD que mezclan aventura y poesía, fantasía oscura y emoción real. Si te gustan las historias con lectura simbólica, con crítica social sin panfleto y con una estética que se arriesga, aquí hay un viaje muy especial. Y si te van los relatos sobre amistad y pérdida, Soy un gato te va a tocar, porque debajo del humo y la fábrica hay algo muy humano: el miedo a que lo importante desaparezca.

Conclusión y llamada a la lectura
Lo mejor de Soy un gato es que no se parece a nada “de fórmula”. Te lleva de la mano, pero no te explica todo. Te deja sentir. Y cuando terminas, entiendes que el color no es solo color: es la vida que se te escapa si dejas que el mundo se convierta en máquina. Si te apetece una BD que combine fábula, oscuridad, belleza y una misión emocional de verdad, Soy un gato merece totalmente tu tiempo.