Soy un ángel perdido supone el esperado regreso de Eva Rojas, uno de los personajes más carismáticos del cómic europeo reciente. Publicado por Norma Editorial, este volumen en cartoné de 128 páginas a color confirma a Jordi Lafebre como autor total capaz de combinar thriller, introspección psicológica y humor irreverente con una naturalidad pasmosa. Tras el éxito de Soy su silencio, la psiquiatra más imprevisible del noveno arte vuelve a Barcelona para enfrentarse a un caso que mezcla neonazis, fútbol y fantasmas familiares. Y lo hace con más sarcasmo, más heridas abiertas y más verdad emocional que nunca.
En el contexto general de la serie, Eva Rojas no es una protagonista convencional. Psiquiatra brillante y mujer magnética, convive con las “presencias” de sus antepasadas, tres mujeres marcadas por la lucha antifranquista que comentan su vida con ironía y severidad. Ese coro femenino, lejos de ser un mero recurso excéntrico, se convierte en el anclaje emocional del relato. En Soy un ángel perdido, Lafebre profundiza en ese universo personal mientras amplía el alcance social del conflicto, situando la acción en una Barcelona luminosa y contradictoria, donde el glamour convive con la violencia y la corrupción.
La trama arranca con una imagen impactante: un cadáver enterrado cabeza abajo en cemento fresco. Los tatuajes identifican a la víctima como neonazi, y Eva es la única testigo relevante. Desde el primer momento, la narración adopta una estructura retrospectiva: la protagonista relata ante la policía y su propio psiquiatra los acontecimientos de la semana anterior. Todo comenzó con la desaparición de João, uno de sus pacientes, joven promesa del fútbol profesional. Su búsqueda, emprendida sin demasiada prudencia, la llevó a cruzarse con ambientes radicalizados, amenazas veladas y figuras turbias que operan en la sombra. Sin revelar giros clave, puede decirse que la investigación avanza entre equívocos, intuiciones brillantes y decisiones impulsivas que colocan a Eva en el centro del huracán.
En el plano temático, Soy un ángel perdido se mueve entre el thriller policial y el drama psicológico. El componente antifascista es claro, pero Lafebre evita el panfleto y opta por mostrar cómo el extremismo se infiltra en espacios cotidianos. Al mismo tiempo, el cómic aborda la salud mental con una sensibilidad poco habitual. La bipolaridad y las distorsiones perceptivas de Eva no son un simple rasgo pintoresco, sino parte esencial de su identidad. La frontera entre lucidez y delirio se difumina, pero en esa ambigüedad emerge una verdad poderosa: la fragilidad puede ser también una forma de resistencia. Las voces de sus antepasadas funcionan como conciencia crítica, memoria histórica y refugio afectivo, dotando al relato de una dimensión casi fantástica que enriquece el suspense.
Uno de los grandes aciertos del cómic de Jordi Lafebre es el equilibrio entre tensión y humor. Eva es excesiva, seductora, imprudente y profundamente humana. Sus diálogos están cargados de ironía, y su manera de narrar los hechos —a veces dispersa, a veces provocadora— aporta un ritmo singular a la investigación. Aunque algunos pasajes se recrean en detalles aparentemente secundarios, esa verbosidad forma parte del encanto del personaje. La historia no busca únicamente resolver un crimen, sino explorar cómo Eva procesa la culpa, el deseo y el miedo.
En el apartado artístico, Soy un ángel perdido es un festín visual. Jordi Lafebre despliega un trazo expresivo, dinámico y luminoso que contrasta con la oscuridad de ciertos acontecimientos. Los rostros transmiten matices emocionales con una economía de líneas admirable, y la puesta en escena aprovecha la arquitectura y la luz de Barcelona para crear una atmósfera vibrante. El color, cálido y envolvente, refuerza esa sensación de vitalidad incluso cuando la trama se adentra en terrenos sombríos. La composición de página fluye con naturalidad, alternando escenas íntimas con momentos de tensión que mantienen la intriga hasta el final.
En cuanto a la edición, el formato cartoné de 22 x 29 y la impresión a color realzan el trabajo gráfico, convirtiendo el volumen en un objeto atractivo tanto para coleccionistas como para nuevos lectores. El PVP de 26,00 € se justifica por la calidad material y el cuidado en la reproducción del arte.
En definitiva, Soy un ángel perdido consolida a Eva Rojas como icono del cómic contemporáneo. Jordi Lafebre logra una secuela que amplía el universo del personaje sin perder frescura ni atrevimiento. Es una lectura recomendada para quienes disfrutan del thriller con personalidad, del cómic europeo de autor y de historias donde la psicología importa tanto como la acción. Si buscas una obra que combine humor, crítica social y emoción sincera, este ángel perdido te espera con las alas abiertas.
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