El volumen 25 de Shuumatsu no Valkyrie: Record of Ragnarok, publicado en España por Ivrea, tiene esa sensación de “nuevo inicio” que solo aparece cuando el marcador está clavado y ya no queda margen para la épica cómoda. Venimos de un empate total en el torneo y la serie decide subir la apuesta con una idea muy clara: si el Ragnarök ya era un espectáculo, ahora toca convertirlo en una cacería. Y lo hace poniendo sobre la mesa un duelo que no se parece a ninguno de los anteriores, tanto por su puesta en escena como por el tipo de tensión que busca: Round 11, Loki contra Simo Häyhä, en un escenario que rompe con el coliseo clásico y se transforma en un bosque helado donde la distancia y el silencio son armas.
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Un Round 11 que cambia las reglas del show: el combate sale de la arena La primera gran decisión de este tomo es visual y narrativa: el escenario pasa a ser un bosque finlandés recreado dentro de un domo gigantesco, con nieve, viento y una escala que convierte la batalla en algo más táctico que teatral. La serie siempre ha sido muy de “entrada triunfal, choque frontal y técnica definitiva”, pero aquí el ritmo se estira. Los monitores flotantes y la cobertura a múltiples ángulos subrayan que esto no va solo de fuerza, sino de percepción: encontrar al rival, sobrevivir al terreno, leer una trampa antes de que se cierre. Es un cambio de energía que le sienta bien a la obra, porque la tensión no depende únicamente del golpe final, sino del tiempo que tardas en respirar entre disparos.
Simo Häyhä: el héroe que no presume, el dolor que se convierte en munición
La presentación de Simo funciona porque no necesita grandilocuencia. La serie lo dibuja como una figura casi inmóvil, recortada entre nieve y abedules, con la calma de alguien que ya ha vivido el infierno en silencio. Lo potente no es solo el mito del francotirador, sino la lectura emocional que se hace de él: la precisión como disciplina, sí, pero también como peso. Este volumen insiste en que su “don” no nace del orgullo, sino de una herida interior: el recuerdo de cada vida arrebatada, el insomnio, la culpa. Y ahí aparece uno de los hallazgos más oscuros del tomo: el mecanismo que convierte su sufrimiento en herramienta de combate.
La idea de “compensación” lo cambia todo. Simo no dispara únicamente con técnica: dispara pagando. Su recurso no es una bala cualquiera, sino un precio físico real, una conversión literal de su propio cuerpo en munición. Ese concepto encaja como un guante con el tono fatalista de Record of Ragnarok, porque vuelve el combate una confesión: cada disparo es una victoria y una penitencia. No es solo “qué fuerte es este humano”, sino “qué está dispuesto a perder para ganar una sola vez”.
Loki: el tramposo perfecto, y por eso el más aterrador
Si Simo representa el silencio, Loki es el ruido convertido en estrategia. El tomo lo presenta bailando, seduciendo al público con un show que parece capricho… y a los pocos minutos queda claro que el escenario “favorable” al francotirador es, en realidad, el tablero ideal para el engaño. Loki no entra para competir en fuerza: entra para reescribir el combate. Su poder, Heimskringla, se plantea como una pesadilla lógica: copiar cualquier cosa que haya tocado, recrearla una y otra vez, saturar el espacio hasta que esconderse sea imposible. Y el detalle del anillo Andvaranaut es la guinda cruel, porque empuja la habilidad al terreno del “infinito”, la clase de palabra que en esta serie siempre huele a desastre.
Pero lo que hace que Loki sea realmente peligroso no es la multiplicación, sino el matiz que desliza el propio volumen: el control de la distribución de poder entre copias. No estamos ante un ejército homogéneo, sino ante un escenario diseñado para romper la lectura del rival. Si el humano derriba una copia débil, se confía; si tropieza con la copia más “cargada”, duda de todo. Loki no busca acertar una vez: busca que el enemigo se equivoque durante un segundo.
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Ilmatar y Lemminkäinen: cuando un disparo se convierte en fenómeno
La respuesta de Simo a la avalancha de copias es, directamente, uno de los momentos más memorables del tomo. No por “pum, qué fuerte”, sino por cómo se siente: el silencio, el fogonazo, y de repente una lluvia imposible que arrasa un área gigantesca sin perder la esencia de un tiro calculado. La técnica Ilmatar funciona como una declaración de principios: puedes intentar ahogarme en números, pero yo convertiré el bosque en una sola línea de muerte. Y aquí el manga juega de lujo con la contradicción que explica un observador como Jack: un “scattershot” tendría sentido como área, pero no como herramienta de francotirador… salvo que aquí haya algo más, un tipo de bala que no es exactamente bala.
Cuando el tomo introduce Lemminkäinen, el disparo que perfora con efecto taladro, la pelea cambia de sabor: ya no es limpieza de masas, es “cazar al cazador”. Loki intenta leer trayectoria, localizar posición, convertir cada intercambio en información… y el volumen sabe exactamente cuándo cortar para dejarte con la sensación de que nadie está a salvo, ni siquiera cuando crees haber acertado el tiro definitivo.
El corazón venenoso del tomo: amor, celos y la máscara de la crueldad
La gran sorpresa emocional de este volumen llega con el pasado de Loki y su vínculo con Brunhilde. Es un flashback que recontextualiza al personaje sin absolverlo: no lo vuelve “bueno”, lo vuelve más inquietante. Loki no se vuelve tramposo por diversión, sino por una fijación: perseguir una sonrisa, necesitarla, retorcer el mundo para recuperarla cuando desaparece. Y cuando entra en escena Siegfried, el relato se oscurece del todo. La manipulación, la traición, el deseo de borrar al rival… todo encaja con un Loki que no quiere ganar solo un combate, sino castigar una decisión. Aquí el manga hace algo inteligente: te enseña que el “truco” no es solo poder, es psicología.
Cliffhanger de los buenos: la trampa final ya estaba en el bosqueY justo cuando el lector cree haber entendido el intercambio —copia, bala, caída— el tomo remata con un giro cruel: la sensación de que Simo quizá ha estado disparando al objetivo equivocado. El final deja esa imagen inquietante de lo cotidiano volviéndose amenaza, como si el propio bosque fuese un escenario preparado para que el truco final aparezca donde no miras. Es un cierre perfecto para un volumen que ha tratado, precisamente, de eso: de la imposibilidad de confiar en lo que ves.
Edición española
Este volumen 25 llega publicado por Ivrea en España, dentro de su línea habitual para la serie, y continúa ampliando un arco que mezcla acción extrema, mitología pop y drama de personajes con un ritmo cada vez más ambicioso cuando decide salirse de la fórmula del “ring”. Es un tomo de lectura muy visual, con un concepto de combate distinto y con un Loki que, por fin, deja de ser solo el comodín para convertirse en un antagonista con filo.
Conclusión: un cambio de terreno que le sienta genial a la serie
Record of Ragnarok siempre ha vivido del espectáculo, pero este volumen 25 demuestra que el espectáculo puede ser también tensión, estrategia y horror psicológico. Simo aporta un tipo de épica distinta, más contenida y dolorosa. Loki, por su parte, se confirma como el rival ideal para un combate donde lo importante no es golpear más fuerte, sino impedir que el otro piense con claridad. Y el resultado es un tomo que no solo entretiene: te deja incómodo… en el mejor sentido.