Reseña de Rent-A-Girlfriend Vol. 34. Convivencia, ternura y el eterno paso adelante que nunca llega

Con treinta y cuatro volúmenes a sus espaldas, Rent-A-Girlfriend sigue siendo una de las comedias románticas más comentadas y polarizadoras del manga contemporáneo. La edición publicada por Ivrea continúa adaptando la longeva obra de Reiji Miyajima, y este volumen se inserta de lleno en el arco de convivencia posterior al polémico Paradise Arc. Lejos de grandes giros argumentales, el tomo apuesta por el día a día, por los pequeños gestos y por mostrar nuevas facetas de sus protagonistas, algo que encantará a los lectores fieles… y desesperará a quienes esperan avances más contundentes.

Portada del manga Rent-A-Girlfriend volumen 34 publicado por Ivrea

Rent-A-Girlfriend Vol. 34, manga romántico de Ivrea sobre Kazuya y Chizuru
El contexto general del manga es bien conocido a estas alturas: Kazuya Kinoshita, un universitario emocionalmente torpe y excesivamente autocrítico, mantiene una relación tan falsa como compleja con Chizuru Mizuhara, una novia de alquiler cuya profesionalidad y autocontrol esconden una gran fragilidad emocional. 

Tras decenas de malentendidos, dramas públicos y promesas no cumplidas, la historia ha desembocado en una convivencia forzada que funciona como laboratorio emocional para ambos. El volumen 34 se centra en ese espacio íntimo y cotidiano, explorando qué ocurre cuando el romance deja de apoyarse en grandes gestos y debe sostenerse en la rutina.

El desarrollo de la trama de este tomo gira en torno a un cambio de planes aparentemente menor, pero significativo. Una cita sorpresa entre Kazuya y Chizuru se ve truncada por una llamada de la madre de él, que le recuerda su compromiso para ayudar en la guardería donde trabaja. 

Lo que podría haberse planteado como un simple obstáculo narrativo se convierte en el eje emocional del volumen. La presencia de Chizuru en la guardería, actuando como profesora con los niños, ofrece una imagen inesperadamente cálida del personaje, mientras que Kazuya, lejos de su habitual espiral de pensamientos obsesivos, demuestra una capacidad genuina para conectar con los más pequeños. Es un giro sutil, pero relevante, que permite a ambos verse desde una perspectiva distinta, más adulta y menos idealizada.

Rent-A-Girlfriend Vol. 34, manga romántico de Ivrea sobre Kazuya y ChizuruRent-A-Girlfriend Vol. 34, manga romántico de Ivrea sobre Kazuya y Chizuru

A nivel temático, Rent-A-Girlfriend Vol. 34 insiste en los pilares clásicos de la serie: la inseguridad emocional, el miedo al rechazo y la dificultad de verbalizar sentimientos sinceros. Sin embargo, este volumen destaca por reducir ligeramente el dramatismo interno de Kazuya y apostar por un tono más calmado y tierno. El arco de la guardería funciona como metáfora evidente de futuro, responsabilidad y cuidado mutuo, subrayando una pregunta que flota constantemente en la obra: ¿qué tipo de adultos quieren —o pueden— llegar a ser estos personajes? La convivencia, lejos de resolver conflictos, los expone con mayor claridad, y Chizuru empieza a mostrar pequeñas grietas en su fachada de perfección, observando a Kazuya no como cliente o problema, sino como alguien fiable en un entorno vulnerable.

El humor sigue presente, especialmente en situaciones domésticas y malentendidos clásicos de la serie, como incidentes cotidianos que adquieren un peso desmedido por la tensión emocional acumulada. No obstante, el volumen se siente menos estridente que entregas anteriores, con menos monólogos exagerados y más silencios significativos. Aun así, es innegable que el ritmo sigue siendo deliberadamente lento. Los avances emocionales existen, pero son microscópicos, lo que refuerza esa sensación de “eterno preludio” que acompaña a la obra desde hace muchos tomos.

Rent-A-Girlfriend Vol. 34, manga romántico de Ivrea sobre Kazuya y ChizuruRent-A-Girlfriend Vol. 34, manga romántico de Ivrea sobre Kazuya y Chizuru

Rent-A-Girlfriend Vol. 34, manga romántico de Ivrea sobre Kazuya y Chizuru
En cuanto al apartado artístico, Reiji Miyajima mantiene el alto nivel al que tiene acostumbrados a los lectores. El diseño de personajes sigue siendo uno de los grandes atractivos de la serie, con una Chizuru especialmente expresiva en este volumen, capaz de transmitir ternura, duda y calidez con simples cambios en la mirada. Las escenas en la guardería destacan por su composición limpia y por un uso eficaz del lenguaje corporal, mientras que los momentos más íntimos apuestan por primeros planos que refuerzan la carga emocional. El blanco y negro sigue siendo claro y legible, con un ritmo visual que acompaña bien la lectura pausada que propone la historia.

Como consideraciones finales, Rent-A-Girlfriend Vol. 34 es un tomo pensado claramente para lectores ya comprometidos con la serie. No ofrece resoluciones largamente esperadas pero sí aporta matices interesantes a la relación entre Kazuya y Chizuru. Quienes disfruten del romance de combustión lenta, del slice of life universitario y de los pequeños gestos cargados de significado encontrarán aquí momentos sinceramente entrañables. En cambio, los lectores cansados del estancamiento narrativo difícilmente cambiarán de opinión con esta entrega.

En definitiva, este volumen reafirma lo que Rent-A-Girlfriend es en su tramo actual: una historia que avanza a paso de guardería, pero que sigue sabiendo tocar fibras emocionales cuando se lo propone. Puede que el gran salto aún no llegue, pero en medio de la espera, Miyajima nos recuerda por qué seguimos leyendo: por esos instantes fugaces en los que todo parece estar a punto de cambiar.