Oni-Goroshi vol. 1 (Arechi Manga) reseña: venganza, oni y una ciudad que fabrica monstruos
Hay mangas que te atrapan por carisma, por misterio o por una promesa de aventura. Y luego están los que te agarran del cuello en la primera escena y no te sueltan. Oni-Goroshi vol. 1, publicado recientemente por Arechi Manga en formato tomo doble (contiene los capítulos correspondientes a Oni-Goroshi 1 y 2, 416 páginas, rústica con sobrecubierta), pertenece a esta segunda categoría: un seinen de acción, thriller y horror sobrenatural que convierte la violencia en lenguaje narrativo… y a la ciudad en un altar donde el poder se alimenta de sangre.
Masamichi Kawabe plantea una premisa que huele a tragedia inevitable desde el minuto uno. Año 1991. En la prefectura E, en la ciudad de Shinjô, una familia es masacrada. El culpable oficial es Shûhei Sakata, señalado como asesino de su esposa y su hija. La versión pública es limpia, cerrada, cómoda para quienes mandan. La versión real es un infierno: un hombre ejecutado simbólicamente, reducido a un cuerpo roto, condenado a quince años… no para “pagar”, sino para desaparecer. Y cuando por fin sale de prisión, lo que le espera no es libertad, sino una trampa: un tablero de caza diseñado por cinco figuras enmascaradas, los oni, que gobiernan en la sombra.
Y entonces llega la frase que lo incendia todo: “Tu hija está viva”.
Sakata Shûhei: el “demonio” que despierta por amor y rabia
Sakata es un protagonista rarísimo y precisamente por eso funciona tan bien. No es un héroe moral. No es un antihéroe simpático. Es una presencia. Un cuerpo que carga con el estigma de “monstruo” y que, al mismo tiempo, guarda un núcleo humano clarísimo: la familia como motor. Kawabe juega con esa dualidad para construir un personaje que no necesita discursos. Su determinación está en la mirada, en el silencio, en la manera de soportar lo imposible.
La obra lo presenta primero como un hombre reducido a ruina, alguien al que el mundo ya ha “matado” socialmente. Pero la historia no va de redención. Va de reclamación. De arrancar la verdad a mordiscos si hace falta. La venganza aquí no es un arco de crecimiento: es un estado mental. Y el tomo 1 se encarga de activar esa maquinaria con un ritmo brutal, como si Shinjô fuera un mecanismo que solo sabe producir violencia.
Los oni: poder, máscaras y corrupción con dientes
El gran acierto de Oni-Goroshi es que entiende algo fundamental del thriller criminal: el verdadero horror no es un asesino suelto, sino un sistema que lo permite. Los cinco oni no son “psicópatas random”, sino poder institucional con máscara de demonio. Policía, política, negocios… todo conectado por dinero, favores y una impunidad tan obscena que la ciudad parece diseñada para aplastar a cualquiera que intente salirse del guion.
La máscara no es solo estética. Es concepto. La obra usa esa imaginería para convertir la corrupción en algo casi físico, como si Shinjô tuviera una capa sobrenatural que se manifiesta cuando el poder decide devorar a alguien. La sensación que deja este volumen es clara: aquí todo el mundo está podrido, incluso antes de que la sangre empiece a salpicar.
Y cuando empieza… no se detiene.
Shinjô como personaje: crónica negra con sabor a documental
Otra de las virtudes del tomo es cómo narra. Kawabe alterna escenas de acción con un tono casi periodístico, como si estuviéramos leyendo una crónica negra o viendo un documental que enumera incidentes, testigos, titulares, ruedas de prensa. Eso le da una textura muy particular: la violencia no es solo shock, es también información, manipulación mediática, relato oficial.
El manga entiende que, para construir un monstruo público, necesitas dos cosas: un crimen y un altavoz. Y Shinjô está llena de altavoces. Policías que sonríen demasiado, políticos con hambre de aplauso, empresarios que se lavan las manos en negocios “respetables”. La ciudad no solo es escenario: es cómplice.
Acción y gore con intención: cuando el exceso construye atmósfera
Sí, Oni-Goroshi es violento. Mucho. Es un seinen que no se corta con disparos, torturas, persecuciones, explosiones, sangre a chorros y cuerpos que dejan de funcionar de formas bastante explícitas. Pero lo importante es que esa violencia no se siente como “fanservice gore” sin más. Tiene un propósito: reforzar la idea de una ciudad sin frenos. Una tierra maldita donde el poder no discute, aplasta.
Visualmente, el trazo de Kawabe es duro, con un sombreado que ensucia el aire. Las caras son importantes: la obra dibuja a muchos personajes con expresiones que rozan lo caricaturesco… pero no para hacerlos graciosos, sino para que resulten inquietantes. Hay un regusto a “nadie está bien aquí”, y eso se transmite tanto en el diseño como en la puesta en escena.
Además, el ritmo es adictivo porque encadena set pieces como si fueran capítulos de un parte policial: interrogatorios que se tuercen, reacciones en cadena, culpables prefabricados, “incidentes” que se convierten en leyenda urbana. Es un tomo doble largo, y aun así se lee con una sensación de caída libre.
Venganza con anzuelo: “tu hija está viva” como bomba narrativa
Si hay un gancho perfecto para un primer volumen, es este. La revelación de que la hija de Sakata podría seguir con vida convierte la venganza en algo más complejo. Ya no es solo castigo. Es rescate. Es recuperar una vida robada. Y eso altera el tono: el protagonista no busca únicamente hacer pagar a los oni, busca romper el tablero.
Esa promesa de una verdad oculta es lo que hace que el final de este volumen funcione como un cliffhanger emocional de primera. La violencia engancha, sí. Pero lo que te obliga a seguir es la pregunta: ¿qué le hicieron a esa niña, y por qué?
Edición de Arechi Manga: tomo doble para un viaje largo y sucio
Arechi publica Oni-Goroshi vol. 1 como tomo doble (incluye material equivalente a los volúmenes 1 y 2), con 416 páginas en 128×182 mm, blanco y negro y color, en rústica con sobrecubierta. A nivel de lectura, es un acierto: la historia tiene un arranque tan agresivo y una escalada tan constante que el formato doble ayuda a que el impulso no se rompa. Este es de esos mangas que ganan cuando puedes encadenar capítulos sin respirar.
Conclusión: un seinen que no pide permiso
Oni-Goroshi vol. 1 es un inicio de serie que te deja claro el pacto: aquí no hay héroes luminosos ni justicia limpia. Hay venganza, hay corrupción, hay oni que usan el poder como máscara… y un hombre que despierta con una sola idea fija. Si te van los thrillers criminales con sabor sobrenatural, las historias de ciudades malditas y los seinen que no se cortan con la violencia, este primer tomo es una entrada potentísima.
Y lo peor (o lo mejor) es que lo sientes desde ya: Shinjô no va a dejar que esto termine rápido. Porque en una tierra donde la violencia engendra más violencia, la venganza no es un final. Es el principio.

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