Reseña de Mi primer amor es una chica: manga yuri publicado por Planeta Cómic

 Mi primer amor es una chica, publicado recientemente por Planeta Cómic, es una obra que juega con uno de los malentendidos románticos más clásicos del manga para darle una vuelta cálida, honesta y sorprendentemente madura. Bajo una premisa ligera y aparentemente cómica, Jun Asuka construye un romance yuri centrado en la comunicación, la identidad y el descubrimiento emocional, apostando más por la ternura y la sinceridad que por el drama exagerado.

Portada del manga Mi primer amor es una chica publicado por Planeta Cómic

Un flechazo que nace del equívoco
Satomi Okuma es una universitaria reservada, algo torpe en lo social y extremadamente protegida, que nunca se ha sentido especialmente interesada por el romance… hasta que conoce a Mizuki Kanda. Guapa, elegante y con una presencia casi principesca, Kanda despierta en Satomi un enamoramiento inmediato, tan intenso como ingenuo. Todo parece encajar en la clásica historia de “chica tímida conoce a chico perfecto”, hasta que el lector descubre —antes que la protagonista— que Mizuki no es un chico, sino una chica.

Este punto de partida podría haberse quedado en una simple comedia de enredos, pero Mi primer amor es una chica decide explorar el malentendido desde una perspectiva mucho más emocional. Mizuki, consciente del error de Satomi, no corrige la situación de inmediato. No por malicia, sino por una mezcla de inseguridad, miedo a herirla y una creciente confusión sobre sus propios sentimientos. La obra se mueve así en una tensión constante entre lo que se dice, lo que se calla y lo que ambas protagonistas empiezan a sentir.

Páginas in del manga Mi primer amor es una chica publicado por Planeta Cómic

Satomi y Mizuki: dos sensibilidades opuestas que se atraen
Uno de los grandes aciertos del manga es la construcción de sus protagonistas. Satomi es pura transparencia emocional: se ilusiona sin reservas, expresa su cariño sin dobles lecturas y vive cada cita con una mezcla de nervios y entusiasmo contagioso. Su punto de vista es el del primer amor absoluto, sin ironías ni protecciones.

Mizuki, en cambio, es mucho más contenida. Acostumbrada a moverse en entornos mayoritariamente masculinos y a adoptar una imagen ambigua, su relación con su propia identidad es más compleja. No parece haber reflexionado demasiado sobre su orientación hasta que Satomi irrumpe en su vida, obligándola a enfrentarse a preguntas que nunca se había planteado. Esa distancia emocional convierte a Mizuki en un personaje lleno de dudas, pero también profundamente humano.

La dinámica entre ambas no se basa en el conflicto externo, sino en el choque interno de sus emociones. Cada cita, cada gesto cotidiano y cada conversación aparentemente trivial va construyendo una intimidad real, sostenida más por miradas y silencios que por grandes declaraciones.

Portada del manga Mi primer amor es una chica publicado por Planeta Cómic

Un yuri amable y sorprendentemente actual
A pesar de su planteamiento, Mi primer amor es una chica destaca por el tono respetuoso y positivo con el que aborda su temática. El entorno que rodea a Mizuki y Satomi resulta, en general, comprensivo y de apoyo. Los amigos de Mizuki la animan a decir la verdad, no desde el juicio, sino desde la preocupación sincera. Cuando Satomi descubre la realidad, el foco no se sitúa en la “revelación” como shock, sino en el reajuste emocional que conlleva aceptar que sus sentimientos siguen ahí, independientemente del género.

Este enfoque resulta especialmente refrescante. La obra no convierte la identidad de Mizuki en un conflicto moral ni en un elemento de burla, sino en parte natural de su personaje. El romance no se presenta como transgresión, sino como algo que simplemente sucede, con la misma torpeza y dulzura que cualquier primer amor.

Portada del manga Mi primer amor es una chica publicado por Planeta Cómic

Ritmo irregular, pero emocionalmente efectivo
La estructura del volumen —que reúne la historia completa en un solo tomo— presenta un ritmo desigual. La primera mitad se centra en el desarrollo del malentendido y en la acumulación de momentos cotidianos, mientras que la segunda avanza con mayor rapidez hacia la resolución emocional. Este contraste puede resultar algo brusco, pero también refuerza la sensación de desbordamiento sentimental cuando las protagonistas ya no pueden seguir evitando la verdad.

Más allá de eso, la historia funciona gracias a su honestidad. No hay giros artificiales ni dramatizaciones forzadas. Incluso los momentos más explícitos se integran como una extensión natural del vínculo que se ha ido construyendo, sin romper el tono general de la obra.

Portada del manga Mi primer amor es una chica publicado por Planeta Cómic

Estilo visual y tono narrativo
El dibujo de Jun Asuka encaja perfectamente con la historia. Personajes de rasgos suaves, expresivos y una estética claramente shôjo que apuesta por la emotividad antes que por el detalle técnico. El lenguaje corporal es clave: pequeñas posturas, miradas esquivas o sonrisas nerviosas transmiten más que largos monólogos internos.

La narrativa es ligera, pero no superficial. El humor surge de la incomodidad cotidiana y de las reacciones exageradas de Satomi, mientras que los momentos más íntimos se tratan con cuidado y sin cinismo. Es un manga que entiende que el primer amor no necesita grandes artificios para resultar memorable.

Edición de Planeta Cómic
Planeta Cómic publica Mi primer amor es una chica en un tomo único de más de 400 páginas, con rústica y sobrecubierta, respetando el formato original y ofreciendo una lectura cómoda. La traducción de Andrea Bernal Asensio mantiene un tono natural y cercano, fundamental para que los diálogos conserven su frescura y espontaneidad.

Portada del manga Mi primer amor es una chica publicado por Planeta Cómic

Conclusión: un romance yuri tierno y honesto
Mi primer amor es una chica es una obra ideal para quienes buscan un yuri amable, sin excesos dramáticos ni conflictos artificiales. Su mayor virtud es la sinceridad con la que retrata el enamoramiento, el miedo a herir y la dificultad de poner nombre a lo que se siente por primera vez.

No pretende revolucionar el género, pero sí demostrar que una historia sencilla, bien contada y con personajes creíbles puede dejar una huella duradera. Un manga perfecto para leer con una sonrisa… y quizá con un poco de nostalgia.