Arechi Manga publica Bloody Eye: Serás Expuesto y Morirás, el primer volumen de un thriller psicológico de tres tomos firmado por el guionista Kei Koga (Brutal, Trace) y el dibujante Nori Arashiyama, ganador del premio Afternoon Shiki-shô. Con 224 páginas en blanco y negro, formato 128×182 mm y edición en rústica con sobrecubierta, este inicio de serie demuestra desde el primer capítulo que no estamos ante un misterio convencional, sino ante un relato que explora la corrupción del periodismo, el impacto del pasado y la fragilidad de la identidad en un mundo dominado por el morbo y la exposición pública.
Un periodista sin escrúpulos que vive de la desgracia ajena
El protagonista, Taiga Izumi, es la clase de reportero que prolifera en las revistas sensacionalistas: oportunista, impulsivo y dispuesto a pisotear cualquier límite ético con tal de conseguir la exclusiva de la semana. Infidelidades, escándalos de famosos, tragedias familiares… Izumi no juzga nada siempre que pueda convertirlo en titulares. Su vida se sostiene sobre esa mezcla incómoda de ambición y cinismo, algo que el manga retrata desde el primer momento con una crudeza sorprendente.
Pero esa realidad tambalea cuando una serie de asesinatos empieza a producirse a su alrededor. En cada escena del crimen aparece un mismo símbolo: un ojo rojo, un ícono inquietante que parece observar no solo a las víctimas, sino también al propio Izumi.
Lo perturbador es que, poco a poco, las muertes parecen estar relacionadas con uno de los trabajos más mediáticos de su carrera: un caso de acoso escolar que cubrió años atrás en otra ciudad. Aquella noticia hizo ruido, atrajo lectores y marcó la vida de los afectados. Ahora, lo que parecía enterrado reaparece en forma de violencia.
Un pasado que vuelve para ajustarle las cuentas
Una de las virtudes de este primer volumen es cómo entrelaza el presente con el pasado sin caer en explicaciones largas ni flashbacks innecesarios. Kei Koga juega con la memoria fragmentada de su protagonista: pequeños detalles, frases sueltas, miradas de personajes secundarios insinúan que aquel caso no se resolvió como el público creyó. Quizá hubo manipulaciones. Quizá hubo errores. O quizá Izumi simplemente eligió no ver la verdad.
El guion introduce otro elemento que añade tensión emocional: la inesperada reaparición de su exmujer y su hija, a quienes abandonó cinco años atrás. Su vuelta coincide demasiado con las notas anónimas que el presunto asesino deja en su buzón. El mensaje es claro: Izumi está siendo observado. Y castigado.
Aquí el manga brilla especialmente por su planteamiento moral: ¿es Taiga Izumi víctima o verdugo? ¿Es el asesino un psicópata o alguien exigiendo justicia? La ambigüedad convierte la lectura en un tira y afloja constante, y la figura del ojo rojo se transforma en un símbolo de exposición: todo puede salir a la luz.
Periodismo, violencia y culpa: un cóctel explosivo
La serie no se limita a narrar crímenes. Se adentra en el funcionamiento interno de los medios sensacionalistas, mostrando su presión laboral, sus métodos agresivos de investigación y su obsesión por “vender” sufrimiento. Izumi es producto de ese entorno, pero también su instrumento más afilado.
Este enfoque permite que el thriller no dependa solo del misterio del asesino, sino del deterioro psicológico del propio protagonista. A medida que la investigación avanza, la paranoia se apodera de él. Su vida profesional se desmorona, su vida personal se vuelve un caos y su relación con su antiguo fotógrafo —clave en el caso de acoso escolar— empieza a mostrar grietas peligrosas.
La sospecha de que su antiguo compañero pueda estar implicado en los crímenes es uno de los puntos más intrigantes del manga. La tensión entre ambos se construye con silencios, gestos y escenas breves pero afiladas, que apuntan a secretos compartidos que ninguno quiere revivir.
El dibujo de Nori Arashiyama: realismo sucio y expresividad contenida
Visualmente, Bloody Eye apuesta por un estilo realista, con un trazo limpio pero lleno de sombras que intensifican el carácter psicológico de la obra. Arashiyama no abusa del gore: cuando lo incluye, lo hace con precisión quirúrgica para que cada imagen impacte sin necesidad de mostrarlo todo.
Lo más destacable es el trabajo con las expresiones faciales. Izumi parece siempre al borde de la pérdida de control: sudor frío, ojeras marcadas, sonrisa forzada… El lector ve cómo su máscara profesional se resquebraja capítulo a capítulo. En contraste, los rostros de los personajes secundarios —testigos, víctimas, compañeros de trabajo— ofrecen una galería de gestos tensos, incómodos, a menudo ambiguos, que mantienen viva la sensación de que cualquiera puede esconder algo.
La composición de páginas también juega a favor del suspense. Arashiyama domina los cambios de ritmo, alternando escenas densas y silenciosas con otras dinámicas llenas de tensión. Su trabajo complementa la narrativa de Koga, logrando un equilibrio sólido entre investigación, drama y violencia psicológica.
Una historia que atrapa porque nunca enseña todas sus cartas
En este primer volumen, Kei Koga demuestra su habilidad para construir thrillers donde nada es lo que parece y donde los personajes —más que los crímenes— son el motor de la historia. Cada capítulo añade una pieza al rompecabezas, pero también borra otra, manteniendo al lector en un estado de incertidumbre permanente.
Temas como el morbo mediático, la responsabilidad ética, la manipulación de la verdad y las consecuencias de hacer público el dolor ajeno convierten a Bloody Eye en algo más que un thriller: es un reflejo inquietante de nuestra obsesión contemporánea por observar y ser observados.
La frase que acompaña al título, “Serás expuesto y morirás”, no funciona solo como amenaza dentro de la trama: es una advertencia sobre la vulnerabilidad humana en una sociedad donde cualquier error, cualquier secreto, cualquier descuido puede convertirse en noticia… y arruinar vidas.
Bloody Eye 1 es un inicio sólido, tenso y adictivo. Presenta un protagonista detestable pero fascinante, un caso criminal lleno de ramificaciones morales y una atmósfera opresiva que encaja perfectamente en el sello seinen de Arechi Manga.
Con solo tres volúmenes, la serie promete un thriller compacto, directo y brutal, de esos que no se alargan innecesariamente y que apuestan por mantener el misterio en constante ebullición.
Para quienes disfruten de historias de crímenes marcadas por la ambigüedad, el peso del pasado y el descenso psicológico del protagonista, este primer tomo es una lectura obligatoria.
Bloody Eye no solo pregunta quién es el asesino. Pregunta qué significa “verdad” en un mundo donde la información puede matar tanto como una bala.
Si el resto de la serie mantiene este nivel, estamos ante uno de los thrillers más prometedores del catálogo reciente de Arechi Manga.
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