After God vol. 4 (Distrito Manga) reseña: cuando los dioses aprenden a amar… y eso los vuelve aún más peligrosos
After God nunca ha sido una historia cómoda. Desde su primer volumen, Sumi Eno dejó claro que su manga no iba a limitarse a mostrar combates espectaculares contra entidades divinas, sino que iba a adentrarse en un terreno mucho más inquietante: el de la convivencia forzada entre lo humano y lo incomprensible. El volumen 4, publicado recientemente por Distrito Manga, empuja esa idea hasta un extremo perturbador, planteando una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando un dios no quiere destruir, sino quedarse?
Tras el impacto emocional del tomo anterior, esta nueva entrega baja el ritmo de la acción para centrarse en algo mucho más inquietante que la violencia directa: la intimidad. Los dioses ya no solo atacan desde fuera ni se manifiestan como amenazas evidentes. Ahora observan, imitan, conviven… y toman decisiones que desafían tanto a los humanos como a su propia naturaleza.
Waka y el peso de albergar aquello que odia
Waka continúa siendo el núcleo emocional de la serie. La joven que juró exterminar a todos los dioses se ve obligada a convivir con una verdad insoportable: en su interior habita uno de ellos. El volumen 4 no convierte esta revelación en un simple conflicto de poder, sino en una carga psicológica constante. Waka ya no lucha solo contra entidades externas, sino contra el miedo a perderse a sí misma.
Su huida tras el ataque del dios serpiente no es una victoria, sino una retirada desesperada. Cada paso que da está marcado por la duda: ¿hasta qué punto sigue siendo humana? Sumi Eno explora esta contradicción con una sensibilidad notable, evitando el dramatismo fácil. Waka no se lamenta en voz alta; su conflicto se expresa en silencios, miradas y decisiones impulsivas que revelan una rabia profundamente contenida.
Este volumen deja claro que su odio hacia los dioses ya no es tan simple como parecía. Matar a todos se vuelve una consigna cada vez más difícil de sostener cuando la frontera entre víctima y amenaza se difumina.
Yoriko y el dios serpiente: la rutina como arma
El eje más perturbador del tomo 4 es, sin duda, la relación entre Yoriko y el dios serpiente. Tras secuestrar a la médico, la entidad adopta el aspecto de Minami, su prometido, y decide convivir con ella en una especie de parodia doméstica. No hay tortura explícita ni violencia constante. Hay desayunos, paseos, conversaciones triviales. Y eso es precisamente lo aterrador.
Sumi Eno convierte la rutina en una herramienta de horror psicológico. El dios no busca someter a Yoriko por la fuerza, sino normalizar su presencia, diluir el miedo en el día a día. La pregunta que flota en cada escena es evidente: ¿hasta qué punto Yoriko puede seguir considerándose una prisionera si empieza a aceptar esa realidad?
La relación no es romántica ni complaciente. Es profundamente incómoda. El dios serpiente parece genuinamente interesado en comprender la vida humana, pero lo hace desde una lógica completamente ajena a la empatía real. Su afecto es posesivo, extraño, y despierta el rechazo incluso entre otros dioses, que cuestionan sus métodos. Este conflicto interno entre las propias divinidades amplía el universo de After God y demuestra que ni siquiera entre ellos existe una moral unificada.
Los dioses ya no son una sola amenaza
Uno de los grandes aciertos de este volumen es cómo rompe la idea de los dioses como un enemigo homogéneo. A través del comportamiento del dios serpiente y de las reacciones de otras entidades, la serie plantea una jerarquía y unas tensiones internas que enriquecen enormemente el relato.
Algunos dioses ven la imitación de la vida humana como una aberración. Otros la consideran una evolución necesaria. Este choque de posturas añade una nueva capa de tensión: la humanidad ya no solo está atrapada entre dioses y humanos, sino en medio de un conflicto divino que no comprende ni controla.
Esta expansión del conflicto refuerza el tono de amenaza constante. Ya no se trata solo de sobrevivir a un ataque, sino de entender qué quieren realmente estas entidades… si es que pueden querer algo en términos humanos.
Un ritmo más pausado, pero más inquietante
After God vol. 4 reduce la cantidad de acción directa, pero gana en densidad emocional. La narración se vuelve más introspectiva, más incómoda. Cada escena parece diseñada para generar una sensación de inquietud prolongada, como si algo terrible pudiera suceder en cualquier momento… o quizá ya esté ocurriendo sin que los personajes lo perciban.
Este cambio de ritmo puede sorprender a quienes esperaban una escalada constante de combates, pero encaja perfectamente con la evolución de la historia. El horror aquí no nace del impacto visual inmediato, sino de la convivencia forzada, de la duda, de la pérdida progresiva de certezas.
El apartado visual: belleza y amenaza en equilibrio
El arte de Sumi Eno sigue siendo uno de los grandes pilares de la obra. En este volumen, el contraste entre lo cotidiano y lo monstruoso alcanza uno de sus puntos más altos. El diseño del dios serpiente, especialmente cuando adopta rasgos humanos, resulta inquietante precisamente por su normalidad aparente.
Las viñetas domésticas, tranquilas en apariencia, están cargadas de tensión gracias a pequeños detalles: miradas demasiado largas, gestos que no encajan, silencios incómodos. Eno demuestra una enorme capacidad para transmitir horror sin necesidad de recurrir constantemente a la violencia gráfica.
Conclusión: el verdadero peligro es acostumbrarse
After God vol. 4 es una entrega clave que redefine la naturaleza del conflicto. Aquí, los dioses no solo destruyen: aprenden, imitan y se infiltran en la vida humana. Y esa cercanía resulta mucho más peligrosa que cualquier ataque frontal.
Sumi Eno firma un volumen inquietante, reflexivo y profundamente perturbador, que demuestra que el mayor terror no siempre proviene de lo desconocido, sino de aquello que empieza a parecernos familiar. La edición de Distrito Manga mantiene el nivel habitual, con una traducción cuidada que respeta el tono y la complejidad del original.
Una lectura imprescindible para quienes buscan un manga que no solo impacte, sino que incomode y haga pensar. After God sigue creciendo, y lo hace adentrándose en un terreno cada vez más oscuro y fascinante.
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