Marvel ha empezado oficialmente a mover las piezas de su próximo gran evento y lo hace desde dos frentes muy concretos. En abril de 2026, Captain America y Wolverine se convierten en los ejes narrativos del camino hacia Armageddon, un evento que promete sacudir los cimientos políticos, militares y superheroicos del Universo Marvel tal y como lo conocemos.
No es un arranque abrupto ni un cruce improvisado. Marvel está apostando por una construcción lenta y deliberada, con Chip Zdarsky tejiendo la escalada del conflicto desde sus dos series clave. El resultado es una road map clara hacia el desastre, donde cada decisión tiene consecuencias y ninguna victoria llega limpia.
Armageddon como herencia del caos
El contexto es fundamental. Armageddon nace directamente de las secuelas de One World Under Doom, un periodo en el que el legado de Doctor Doom sigue contaminando la política global. Latveria ya no es solo un país ficticio con un villano icónico al frente, sino el epicentro de una crisis internacional que amenaza con desencadenar un conflicto a escala planetaria.
En este escenario, las potencias mundiales compiten por controlar el futuro del territorio latveriano, mientras facciones radicales intentan ocupar el vacío de poder dejado por Doom. La idea de “otro Doctor Doom” deja de ser una metáfora para convertirse en una posibilidad real.
Captain America y la erosión del símbolo
En Captain America #9 y #10, ambos con lanzamiento en USA en abril de 2026, Zdarsky lleva a Steve Rogers a uno de los puntos más incómodos de su trayectoria reciente. El Capitán no actúa como líder incuestionable, sino como un hombre atrapado entre principios morales y realidades políticas imposibles de conciliar.
La serie presenta a una S.H.I.E.L.D. reformada, pero profundamente fracturada, y a un Steve Rogers que se ve obligado a operar al margen del sistema para frenar a Salvation y su visión extrema de una “Verdadera Latveria”. La decisión de aliarse con los Liberadores Latverianos no es heroica ni limpia: es una maniobra desesperada que pone a prueba la integridad del símbolo que representa.
El conflicto escala aún más en Captain America #10, donde una traición interna rompe definitivamente la cohesión del equipo. La aparición del arma definitiva de Doom, lejos de aclarar el panorama, introduce nuevas incógnitas y desata un choque abierto entre S.H.I.E.L.D., Red Hulk y las fuerzas insurgentes. Aquí, Zdarsky plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el Capitán América ya no puede ser el punto de consenso?
Wolverine y el horror del arma perfecta
Mientras el conflicto geopolítico se intensifica, Wolverine: Weapons of Armageddon aborda el otro gran frente del evento: el de los programas secretos y las armas que nunca deberían existir. En el número #3 de 4, también con fecha de salida en USA en abril de 2026, Logan se enfrenta a las consecuencias directas de su propio legado.
El descubrimiento de una nueva versión de Weapon X no se presenta como una sorpresa, sino como una inevitabilidad. El mundo de Armageddon es uno en el que alguien siempre intenta replicar el experimento definitivo. Wolverine no lucha solo contra enemigos externos, sino contra la certeza de que su historia se repite una y otra vez.
Zdarsky utiliza a Logan como contrapunto perfecto a Steve Rogers. Donde el Capitán representa la moral pública y el conflicto institucional, Wolverine encarna la violencia privada, los errores enterrados y las soluciones que llegan demasiado tarde. El tercer número empuja todas las piezas hacia una colisión inevitable, con múltiples actores persiguiendo el mismo objetivo por razones completamente distintas.
Las cajas de origen y el nuevo tablero
Uno de los elementos más inquietantes de esta antesala a Armageddon es la introducción de misteriosas origin boxes procedentes del Universo Ultimate y trasladadas a la Tierra-616. Su aparición no solo da lugar al surgimiento de nuevos héroes, sino que redefine el equilibrio de poder global.
Estas cajas funcionan como catalizador narrativo. No son MacGuffins vacíos, sino símbolos de un universo que ya no puede contener sus propias contradicciones. La promesa de una “nueva era de los Vengadores” se construye sobre una base inestable, alimentada por tecnología, secretos y decisiones tomadas en la sombra.
Un evento construido desde el conflicto, no desde el espectáculo
Lo más interesante del Road to Armageddon es que Marvel no está vendiendo una guerra por puro impacto visual. El evento se está levantando sobre tensiones políticas reales, dilemas morales y errores acumulados durante años de continuidad.
Captain America y Wolverine no lideran porque sean los más poderosos, sino porque son los personajes que mejor representan las dos caras del desastre que se avecina. Uno intenta evitar que el mundo se rompa. El otro sabe que ya está roto.
Con estos números de abril, Marvel deja claro que Armageddon no será un evento de soluciones fáciles. Será una consecuencia. Y el precio de llegar hasta él empieza a pagarse ahora.
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