La editorial Ivrea vuelve a reforzar su línea de manga con una de esas licencias que encajan a la perfección con su perfil más autoral y arriesgado. Edificio Getenrou, obra de Masakazu Ishiguro, llegará al mercado como volumen único en marzo, apostando por una propuesta tan inclasificable como sugestiva, de esas que se disfrutan tanto por su misterio como por su personalidad narrativa.
Desde hace años, Ivrea ha demostrado una sensibilidad especial a la hora de incorporar títulos que se salen del molde más comercial, y Edificio Getenrou es un buen ejemplo de ello. No es un manga de género cerrado ni una historia fácil de resumir en una sola etiqueta. Aquí conviven el humor, la intriga, la ciencia ficción cotidiana y una mirada muy humana sobre personajes aparentemente dispares, todos unidos por un escenario tan protagonista como inquietante: un complejo de apartamentos que funciona como eje de todos los relatos.
Edificio Getenrou se presenta como una historia coral en la que desfilan adolescentes desbordados por las hormonas, detectives espaciales, robots, hadas y una sucesión de asesinatos tan extraños como desconcertantes. A primera vista, el planteamiento puede parecer caótico, pero esa mezcla es precisamente uno de los grandes atractivos de la obra. Ishiguro construye un rompecabezas narrativo en el que cada pieza suma información y tono, hasta componer un retrato tan absurdo como coherente de un microcosmos propio.
El hilo conductor de la historia gira en torno a la investigación de una serie de sucesos inexplicables ligados al edificio. La detective novata Saeko Sakuraba se convierte en el punto de entrada para el lector, siguiendo la pista de dos hermanos que parecen ser clave para entender qué ocurre realmente entre esas paredes. Su método de investigación, poco convencional y marcado por una lógica muy personal, aporta frescura y un tono ligero que equilibra los momentos más oscuros del relato.
Uno de los aspectos más interesantes de Edificio Getenrou es cómo juega con la percepción del lector. El manga avanza alternando situaciones aparentemente inconexas que, poco a poco, empiezan a resonar entre sí. El edificio no es solo un escenario, sino un ente narrativo que condiciona a quienes lo habitan, un espacio laberíntico donde lo cotidiano y lo fantástico conviven sin pedir permiso. Esta aproximación convierte la lectura en una experiencia muy dinámica, en la que cada capítulo aporta una capa nueva al misterio general.
Dentro del catálogo de Ivrea, este lanzamiento se sitúa en esa franja de obras autoconclusivas que apuestan por el talento autoral y por propuestas con identidad propia. El hecho de tratarse de un volumen único, en formato B6, lo convierte además en una opción especialmente atractiva para quienes buscan historias completas, compactas y con personalidad, sin comprometerse a largas series.
A nivel editorial, Edificio Getenrou no es una novedad improvisada. Los capítulos originales se publicaron en la revista Mephisto en 2008, dentro del sello de Kodansha, y más tarde se recopilaron en este tomo único que ahora verá la luz en castellano. Ese origen explica en parte su estructura fragmentada y su gusto por el misterio y la experimentación narrativa, rasgos habituales en las obras serializadas en ese contexto.
Para el lector, la relevancia de Edificio Getenrou está en su capacidad para sorprender. No es un manga que se limite a cumplir expectativas, sino uno que juega con ellas, alternando momentos cómicos, situaciones absurdas y pasajes inesperadamente emotivos. Esa combinación lo convierte en una lectura ideal tanto para quienes disfrutan del manga más experimental como para aquellos que buscan algo diferente dentro del catálogo actual.
Con este anuncio, Ivrea reafirma su interés por ofrecer títulos que amplían el horizonte del manga publicado en España, apostando por autores con voz propia y por historias que dejan poso. Edificio Getenrou no solo suma variedad al catálogo, sino que se perfila como una de esas obras que ganan fuerza cuanto más se piensa en ellas tras cerrar el volumen.
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