Hima-Ten! vol. 2 consolida su triángulo romántico y eleva la comedia doméstica a otro nivel
Con la publicación de Hima-Ten! vol. 2 en España por Ivrea, la comedia romántica creada por Genki Ono deja de ser una simpática rareza doméstica para convertirse en una romcom con ambiciones claras. Este segundo volumen no solo continúa lo planteado en el debut, sino que redefine por completo la dinámica entre personajes, ampliando el conflicto emocional y transformando una premisa sencilla en un terreno mucho más inestable y atractivo.
Si el primer tomo presentaba la idea —un estudiante experto en tareas del hogar convertido en asistente secreto de una compañera aparentemente perfecta—, Hima-Ten! vol. 2 se encarga de tensionarla. El resultado es un manga romántico mucho más consciente de su propio juego, donde cada escena cotidiana empuja un poco más a sus protagonistas hacia decisiones incómodas.
Tenichi, Honoka y Himari: sentimientos que ya no caben bajo la alfombra
El eje central del volumen sigue siendo Tenichi Iemori, un protagonista que destaca precisamente por no ser especial en el sentido tradicional del shonen. Su valor está en la constancia, en la responsabilidad y en una ética del cuidado que se manifiesta tanto en cómo limpia una casa como en cómo trata a quienes le rodean. En este segundo tomo, Tenichi empieza a tomar conciencia de algo que en el primero solo se insinuaba: sus acciones tienen consecuencias emocionales reales.
La relación con Honoka Kanai da un paso adelante importante. Lo que antes era una cercanía tímida se transforma aquí en una atracción reconocida, aunque todavía no verbalizada del todo. Las escenas compartidas —citas discretas, sesiones de estudio, silencios incómodos— funcionan porque Genki Ono entiende que el romance juvenil no avanza a base de grandes declaraciones, sino de pequeños gestos repetidos.
Frente a esta línea aparentemente más “clásica”, Himari Yoshino sigue siendo el elemento desestabilizador. Presidenta de una gran empresa, modelo, celebridad escolar y, al mismo tiempo, un desastre absoluto en su vida privada, Himari ocupa una posición incómoda: es jefa, amiga, cómplice y posible interés romántico. Hima-Ten! vol. 2 explota esa ambigüedad con inteligencia, mostrando cómo su cercanía doméstica con Tenichi genera una intimidad que va más allá de cualquier cita formal.
La casa como espacio romántico y narrativo
Uno de los mayores aciertos del manga es convertir el hogar en escenario principal del conflicto. Mientras otras comedias románticas se apoyan casi exclusivamente en el instituto, Hima-Ten! utiliza el espacio doméstico como catalizador emocional. Cocinar juntos, hablar en pijama, gestionar sueldos o planificar tareas se convierte en algo cargado de significado.
En este segundo volumen, esa intimidad empieza a pesar. Tenichi comprende que, si da un paso adelante con Honoka, su relación “secreta” con Himari deja de ser sostenible. Y Himari, aunque lo exprese desde la lógica práctica, también deja entrever que no quiere perder ese vínculo. El manga no fuerza el drama, pero lo deja latente, lo suficiente como para que el lector sienta que algo va a romperse tarde o temprano.
La llegada de Kanna: cuando el triángulo se convierte en polígono
El gran giro de Hima-Ten! vol. 2 es la introducción de Kanna Aizawa, kōhai de Himari en la agencia y nuevo elemento romántico que dinamita el equilibrio existente. Kanna no es tímida ni contenida: es directa, curiosa y sorprendentemente cómoda con la idea de que Tenichi sea un chico que limpia casas para ganarse la vida.
Su entrada no solo añade competencia romántica, sino que pone en evidencia las diferencias entre las tres chicas. Honoka cuida desde la cercanía silenciosa, Himari controla desde la responsabilidad adulta, y Kanna ataca desde la espontaneidad. Genki Ono sabe que una buena romcom no necesita villanas, sino perspectivas distintas, y Kanna encaja perfectamente en esa filosofía.
El cierre del tomo, con su transferencia al instituto y la propuesta de ampliar el “servicio doméstico” de Tenichi, es una declaración de intenciones clara: Hima-Ten! deja de ser un triángulo para convertirse en un sistema mucho más complejo, donde el secreto ya no es solo emocional, sino logístico.
Humor cotidiano con lectura emocional
Aunque el volumen avanza en complejidad romántica, el humor sigue siendo una pieza clave. Los malentendidos laborales, los nervios por el sueldo, los equívocos escolares y las reacciones exageradas funcionan porque nacen de personajes coherentes. No hay fanservice gratuito ni comedia cruel; el tono sigue siendo amable, pero no ingenuo.
Este equilibrio convierte a Hima-Ten! vol. 2 en una lectura muy accesible, pero también más madura de lo que aparenta. Bajo su apariencia ligera, el manga habla de límites, de expectativas y de lo difícil que es cuidar de los demás sin descuidarse a uno mismo.
El apartado artístico: claridad, expresividad y ritmo
El dibujo de Genki Ono continúa destacando por su limpieza y expresividad. No busca alardes técnicos, pero domina perfectamente la narración visual. Las expresiones faciales son precisas, los silencios están bien medidos y el ritmo de lectura es fluido. La claridad del trazo refuerza la sensación de cotidianidad, haciendo que incluso las escenas más simples resulten cercanas.
Conclusión: una romcom que ya sabe a dónde quiere ir
Hima-Ten! vol. 2, publicado por Ivrea, es el tomo que confirma que esta serie no es una broma simpática, sino una comedia romántica con recorrido. Amplía su elenco, complica sus relaciones y convierte lo doméstico en un campo de batalla emocional tan válido como cualquier torneo shonen.
Para quienes buscan un manga romántico, una comedia romántica de Ivrea con personalidad propia y personajes que evolucionan de forma orgánica, este segundo volumen es una lectura imprescindible. Y lo más importante: deja claro que el verdadero conflicto de Hima-Ten! ya no es limpiar una casa, sino ordenar sentimientos que no dejan de crecer.
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