Entrevista a Jandro González, dibujante de Marcel Cerdan: El corazón y los guantes

Ilustrar la vida de Marcel Cerdan no es solo enfrentarse a la biografía de un campeón mundial de boxeo. Es abordar a una figura histórica atravesada por la guerra, la política, la masculinidad de su tiempo y una vida personal marcada por la intensidad y la contradicción. En Marcel Cerdan: El corazón y los guantes, novela gráfica publicada por Norma Editorial, Jandro González pone imagen a uno de los grandes mitos del deporte francés desde una mirada profundamente humana, sensible y narrativa, acompañado al guion por Bertrand Galic.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

La obra no se limita a repasar hitos deportivos. Recorre la infancia de Cerdan en el Marruecos colonial, su ascenso en el ring, su papel simbólico durante la ocupación nazi y su conversión en héroe nacional en la posguerra. Todo ello sin perder nunca de vista a la persona que hay detrás del icono: el hijo, el amante, el padre y el hombre marcado por su tiempo.

Hablamos con Jandro González sobre documentación histórica, el lenguaje del cuerpo en el boxeo, el uso del color como herramienta narrativa y el reto de dibujar a una figura tan mitificada sin convertirla en una estatua.


Ilustrar a Marcel Cerdan supone enfrentarse a una figura histórica muy potente. ¿Cómo viviste ese reto?

JG: Siempre es una responsabilidad, aunque suene a tópico. Estás trabajando con una persona real, con una carga histórica enorme, y eso impone. Pero también ayudó saber que otros autores españoles habían trabajado antes en esta misma colección en Francia, dedicada a deportistas. Eso me dio cierta tranquilidad: el terreno ya estaba bien defendido.

Además, aunque hoy pueda parecer una figura algo olvidada, en Francia no lo está tanto. El público que se acerca a este cómic suele tener entre 40 y 70 años, y muchos recuerdan perfectamente quién fue Cerdan. Para ellos es pura nostalgia, algo muy parecido a lo que sentimos aquí cuando pensamos en Induráin. No es solo deporte, es memoria emocional.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

Las palabras de Jandro dejan claro desde el inicio que Marcel Cerdan: El corazón y los guantes no nace para descubrir un personaje desconocido, sino para dialogar con una memoria colectiva aún muy viva. Cerdan sigue siendo, para muchos lectores, un símbolo emocional ligado a una época concreta, y el cómic trabaja precisamente en ese espacio entre recuerdo personal e historia compartida.


Vienes de obras con una fuerte carga histórica como La vampira de Barcelona o El misterio del paso Diátlov. ¿Te atrae especialmente el cómic biográfico o documental?

JG: Es una mezcla de las dos cosas: me ha tocado y he aprendido a disfrutarlo. No fue algo planificado. Pero la verdad es que no me disgusta nada. Es un género muy exigente porque implica mucha documentación y un respeto absoluto hacia personas reales, cuyas familias siguen vivas en muchos casos.

La documentación, además, es algo que me encanta. Vivo en un momento en el que tengo poco tiempo para leer o ver películas, y documentarme para un cómic es lo que me mantiene despierto y curioso. Aprendes cosas increíbles que jamás buscarías por tu cuenta.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma EditoriaIlustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

Esa necesidad de documentarse no se percibe como una carga, sino como una parte esencial del proceso creativo. En el caso de Marcel Cerdan, la investigación histórica no solo sostiene el relato, sino que le da profundidad y coherencia, permitiendo que cada escena respire verdad sin perder fuerza narrativa.


¿Cómo trabajaste la ambientación histórica desde el Marruecos colonial hasta la posguerra francesa?

JG: Soy muy obsesivo con eso. Cuando aparecen lugares reales, intento ser lo más fiel posible. Hay escenarios muy concretos, como salas de boxeo, ciudades o edificios reconocibles, y ahí la documentación es minuciosa.

Una vez tengo eso controlado, me permito cierta libertad narrativa a través del color. Para mí, el color no es decorativo: es una herramienta para contar cosas. Me sirve para separar espacios, estados emocionales y momentos vitales.

Por ejemplo, Nueva York la recuerdo gris, húmeda, muy cerrada por la altura de los edificios. Esa sensación quise trasladarla al cómic. Y cuando Cerdan vuelve victorioso a Francia, uso una paleta similar, para conectar visualmente su triunfo americano con su regreso convertido en héroe.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma EditoriaIlustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

Aquí es donde el cómic demuestra uno de sus mayores aciertos formales. La fidelidad histórica convive con decisiones visuales que refuerzan el relato emocional. El color actúa como un lenguaje silencioso que acompaña la evolución del personaje y subraya los cambios de etapa en su vida.


Las escenas de boxeo son muy físicas y muy intensas. ¿Cómo las abordaste gráficamente?

JG: Miré muchos combates reales de Marcel Cerdan, pero la verdad es que para dibujarlos me ayudó más haber leído Dragon Ball que haber visto boxeo. Los combates reales no son tan espectaculares: son desgaste, cansancio, resistencia.

En el cómic tienes que exagerar. Si no deformas, si no caricaturizas un poco, no funciona narrativamente. Todos los golpes tienen que sentirse físicos, contundentes, casi excesivos. Habrá quien diga que un boxeador no se movería así, pero si lo haces realista del todo, no tiene fuerza visual.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma EditoriaIlustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

La acción en El corazón y los guantes no busca reproducir el boxeo como documento, sino traducirlo al lenguaje del cómic. Cada golpe está pensado para sentirse, no solo para verse, priorizando el impacto emocional sobre la exactitud técnica.


¿Cómo fue la colaboración con Bertrand Galic como guionista?

JG: Ha sido una de las mejores experiencias del proyecto. Con Bertrand hay una conexión muy natural. Nos entendemos bien, compartimos sensibilidad y eso facilita mucho el diálogo creativo.

Yo suelo respetar mucho el guion, pero también hay momentos donde el dibujo puede aportar cosas nuevas. Hay una escena clave en el avión, donde el guion decía simplemente que Cerdan miraba por la ventana. Al dibujarlo, se me ocurrió reflejar su rostro en el cristal y, en ese reflejo, mostrar al Cerdan niño. Eso cerraba el círculo emocional de la historia. Bertrand lo vio claro desde el primer momento.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

Ese tipo de decisiones resumen a la perfección la relación entre texto e imagen en la obra. El dibujo no se limita a acompañar el guion, sino que lo expande, añadiendo capas simbólicas que enriquecen la lectura.


El cómic muestra tanto al campeón como al hombre vulnerable. ¿Cómo trabajaste esa dualidad?

JG: Para mí, el epicentro de la historia no es el campeón, sino la persona. No quería hacer un cómic de masculinidad épica o testosterona. Hay una ternura constante en el personaje, y eso se ve desde la portada.

Cerdan es famoso, fuerte, admirado, pero también es hijo, amante, padre. Las mujeres tienen un peso enorme en su vida: su madre, su esposa, Edith Piaf. Especialmente su madre, que es la figura que lo sostiene todo. Al final, la historia vuelve a ella, porque ahí está la raíz de todo.

Ilustración de Marcel Cerdan en la novela gráfica El corazón y los guantes, con dibujo de Jandro González para Norma Editoria

El cómic desmonta así la mitificación sin destruirla. Cerdan sigue siendo un héroe, pero uno profundamente humano, construido desde sus afectos, sus pérdidas y sus contradicciones.

¿Cuándo sientes que una página está terminada?

JG: Cuando la abandonas. Si no, no acabarías nunca. Siempre puedes mejorar algo, cambiar un detalle, retocar una expresión. Pero hay que saber soltar.

Lo más importante para mí es que la narrativa fluya, que el lector no se pregunte por qué una viñeta está colocada ahí. Que el viaje sea natural. Y, sobre todo, que los personajes sean expresivos y reconocibles en todo momento.


Después de tantos proyectos históricos, ¿te apetece explorar otros géneros?

JG: Me encantaría hacer fantasía o terror. Pero ahora mismo estoy terminando otro proyecto histórico para Francia, en una colección de dos volúmenes. Cuando acabe el primero, tocará empezar el segundo. Es lo que hay. Pero sí, me gustaría cambiar de registro en algún momento.


Marcel Cerdan: El corazón y los guantes se presenta así como una novela gráfica que va mucho más allá del deporte. Es un relato sobre identidad, memoria y sacrificio, narrado con una sensibilidad visual que sitúa al ser humano por delante del mito. Un ejemplo claro de cómo el cómic puede abordar la Historia con mayúsculas sin perder cercanía ni emoción.