Con Remington 1885, el guionista Josep Maria Polls y el dibujante Sagar Fornies firman una de las novelas gráficas más bellas y melancólicas del año. Publicada por Norma Editorial, esta obra de 116 páginas en formato cartoné nos transporta a los últimos estertores del salvaje Oeste para narrar un encuentro ficticio pero plausible entre dos figuras legendarias: el artista Frederic Remington y el líder apache Gerónimo. El resultado es un western crepuscular que no busca el duelo ni el heroísmo, sino la reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y la mirada del creador frente al ocaso de una era.
El relato nos sitúa en 1885, en pleno desierto de Arizona. Estados Unidos avanza inexorablemente hacia la modernidad, mientras las tribus nativas son confinadas en reservas y los símbolos del viejo Oeste comienzan a desvanecerse. Frederic Remington, un joven ilustrador de apenas veinticuatro años, recorre la región con su cuaderno y sus lápices, con la esperanza de vender sus dibujos a la prestigiosa revista Harper’s Weekly. Su ambición no es solo profesional: desea inmortalizar lo que se está perdiendo, retratar un mundo que agoniza ante sus ojos. En su viaje, su camino se cruza con el de Gerónimo, el célebre caudillo apache que lidera la última gran revuelta indígena.
Esa coincidencia, inventada por Polls pero perfectamente verosímil, sirve como punto de partida para una historia que combina realidad histórica y ficción poética. Remington y Gerónimo representan dos caras de un mismo destino: uno busca preservar con el arte lo que el otro intenta salvar con la lucha. El joven artista observa el fin de una civilización desde su cuaderno; el viejo guerrero lo presencia con la sangre de su pueblo.
El guionista, veterano docente y conocedor profundo de la narrativa gráfica, utiliza la voz en off del propio Remington —a través de fragmentos de su cuaderno de notas— para adentrarnos en su conciencia. Estas reflexiones personales se alternan con las escenas de la revuelta apache, ofreciendo un contrapunto entre la contemplación y la violencia, la observación artística y la crudeza del enfrentamiento. La narración se despliega como un viaje de aprendizaje, donde el protagonista comprende que la historia que está intentando dibujar no pertenece solo al mito americano, sino a las heridas reales de los hombres y mujeres que la habitan.
Las escenas de acción —las huidas de los apaches, los enfrentamientos con los soldados, las persecuciones a caballo— están ejecutadas con una energía controlada, casi coreográfica. Pero donde el dibujante alcanza su máxima fuerza es en los momentos de silencio: una fogata encendida en la noche, una mirada que se cruza, el horizonte vacío. Sagar convierte el espacio en protagonista, y logra que cada paisaje tenga un peso emocional, casi espiritual.
Hay en su trazo algo profundamente cinematográfico, heredero del western clásico de John Ford o de la poesía visual de Sergio Leone, pero también una sensibilidad moderna que recuerda a artistas como Christophe Blain o François Boucq. Su representación de Gerónimo, poderosa y humana a la vez, huye del estereotipo para mostrarlo como un hombre cansado, consciente de que su guerra ya está perdida pero aún fiel a su dignidad.
El cómic también plantea una reflexión sobre el propio acto de representar la historia. En un momento en que la fotografía comenzaba a imponerse, Remington encarna el dilema del arte frente a la máquina: ¿puede el dibujo transmitir la verdad de lo vivido mejor que una imagen instantánea? Polls lanza esa pregunta sin ofrecer respuesta definitiva, dejando que el lector contemple los bocetos del artista como un intento desesperado de atrapar lo efímero.
El guionista también juega con el simbolismo: los dos protagonistas, separados por la cultura y la edad, acaban reflejándose el uno en el otro. Remington, con su cuaderno, actúa como testigo del final de la libertad indígena; Gerónimo, con su lanza, representa la resistencia contra la desaparición. Ambos, de algún modo, se inmortalizan mutuamente: el artista pinta al guerrero, y el guerrero otorga sentido al arte del pintor.
La edición de Norma Editorial destaca por su calidad: formato grande (23,5 x 31 cm), papel grueso y color impecable que realza el trazo de Sagar. Además, incluye un epílogo con material adicional y notas históricas sobre ambos protagonistas, un valor añadido que contextualiza el relato y lo conecta con la realidad.
A través del encuentro imposible entre Frederic Remington y Gerónimo, la novela gráfica reflexiona sobre el poder del arte para preservar lo que el tiempo destruye. En su aparente quietud, esta historia contiene una épica silenciosa: la de mirar, comprender y recordar antes de que todo desaparezca en el polvo del desierto.
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