Recientemente IVREA lanzaba al mercado el tomo 33 del aclamado y venerado shonen de lucha/comedia ONE PUNCH-MAN, siguiendo muy de cerca el lanzamiento japonés de dicho número y asegurándose de seguir ofreciendo una buena dosis de esta joya a los otakus españoles.
El universo de One Punch-Man alcanza un punto de no retorno con la publicación del volumen 33 en España por parte de Ivrea. Tras el clímax que supuso el tomo anterior, este nuevo capítulo de la historia firmada por ONE y magistralmente ilustrada por Yusuke Murata nos sumerge en el desenlace del enfrentamiento más colosal de la serie: Saitama vs. Garou. Un choque que ya no se mide en ciudades destruidas o en simples golpes devastadores, sino en la propia estabilidad del planeta y del universo.
Garou: entre la monstruosidad y el heroísmo accidental
El tomo arranca con Garou asumiendo su incapacidad de superar a Saitama pese a su creciente monstruificación. Su discurso sobre ser la “Encarnación del Mal Absoluto” se contradice una y otra vez con sus actos, ya que mientras lucha termina salvando vidas casi por accidente. Desde héroes atrapados bajo edificios hasta la desviación de un volcán en erupción, sus supuestos gestos de villanía lo convierten en lo contrario: un salvador involuntario.
Esta contradicción entre palabra y acción lo frustra profundamente, pero también lo humaniza. La pluma de ONE consigue que Garou sea más que un simple antagonista: es un personaje trágico, alguien que lucha por definirse mientras su propio instinto lo traiciona.
La batalla escala hacia lo divino
Si en el volumen 32 ya vimos el potencial nuclear de los ataques de Garou, en el 33 el combate trasciende toda lógica. Al ser manipulado por la entidad conocida como Dios, Garou alcanza su transformación más aterradora: Modo Miedo Cósmico, un estado donde su cuerpo parece un abismo de estrellas y energía universal. Con estas nuevas habilidades, se convierte en un avatar de destrucción, capaz de copiar cualquier técnica y canalizar fuerzas comparables a armas nucleares o incluso fenómenos cósmicos.
Saitama, como siempre, parece invulnerable, pero por primera vez alguien consigue intercambiar golpes con él de manera auténtica. Garou copia incluso su estilo de combate, lanzando ataques en “Modo Saitama”, lo que genera choques de proporciones cataclísmicas. Murata plasma estas secuencias con un nivel gráfico que roza lo cinematográfico: explosiones en forma de hongos atómicos, paisajes arrasados, el mar partido en dos y la corteza terrestre levantándose por la magnitud de los impactos.
El punto de quiebre: Genos
Entre la devastación, los héroes intentan resistir. Blast lucha desesperadamente por contener la radiación y los desgarros dimensionales, mientras Bang se enfrenta al dilema de recuperar a su discípulo. Sin embargo, el momento más desgarrador llega con la intervención de Genos. El discípulo de Saitama se lanza contra Garou pese a sus heridas, dispuesto a detenerlo. La respuesta es brutal: Garou lo atraviesa y entrega el núcleo de Genos a Saitama como símbolo de victoria.
Este instante marca un antes y un después en la serie. Saitama, siempre indiferente y casi apático en combate, muestra por primera vez una emoción genuina: la furia. Su promesa a Tareo de que ningún daño ocurriría se convierte en una losa emocional, y la muerte de Genos enciende en él la decisión de pelear con toda su fuerza.
El golpe serio definitivo
El clímax del tomo llega con el choque de los dos ataques más poderosos de la serie: el Golpe Mortal Serio de Saitama contra el mismo ataque replicado por Garou en “Modo Saitama”. La tensión se multiplica al comprender que este enfrentamiento no solo decidirá el destino del cazador de héroes, sino que podría destruir la propia Tierra. Blast lo sabe y se desespera intentando evitar el colapso.
Murata convierte estas páginas en un espectáculo apoteósico: trazos veloces, perspectivas imposibles y una composición que transmite la sensación de estar presenciando algo más grande que los propios personajes. El manga alcanza aquí un nuevo estándar dentro del shônen moderno.
Garou: villano, héroe o víctima
El mayor logro narrativo de este volumen es la consolidación de Garou como un personaje trágico. Aunque abraza el título de “Desastre Nivel Dios”, su humanidad sigue presente. Sus recuerdos de Bang, sus dudas ante Tareo y su incapacidad para desligarse de actos heroicos revelan que su villanía está teñida de contradicciones. Incluso al ser manipulado por Dios, Garou no es un simple títere: es alguien que lucha por imponer su voluntad frente a fuerzas incomprensibles.
Esto lo coloca en una categoría distinta a la de otros antagonistas de One Punch-Man. Garou no busca dominar el mundo ni destruirlo por placer; su cruzada es casi filosófica, un intento fallido de exponer la fragilidad de los héroes y del sistema que los sostiene.
Si algo distingue a One Punch-Man es el trazo impecable de Yusuke Murata, y este volumen es una de sus mayores demostraciones de poder visual. Desde la corporalidad monstruosa de Garou hasta las ondas expansivas que rompen montañas, cada viñeta transmite dinamismo y magnitud. La claridad con la que Murata narra combates de escala planetaria es asombrosa, logrando que incluso en medio del caos la acción sea siempre comprensible.
La expresividad también tiene un papel crucial: los gestos de rabia, ironía o desolación de Garou contrastan con la serenidad imperturbable de Saitama, generando un contraste que enriquece aún más la lectura.
Conclusión: un tomo histórico en la serie
One Punch-Man vol. 33 es, sin lugar a dudas, uno de los puntos más altos de la obra. No solo ofrece la batalla más espectacular jamás vista en el manga, sino que también profundiza en la psicología de Garou y en el impacto que sus decisiones tienen en el mundo que lo rodea. La mezcla de acción descomunal, tragedia personal y el siempre presente humor irónico de ONE convierten a este tomo en lectura obligatoria.
Para los fans de la serie, este volumen es el equivalente a un terremoto narrativo: cambia las reglas del juego y deja la puerta abierta a consecuencias que marcarán el futuro del manga. Ivrea, al recopilarlo en su habitual formato B6 con sobrecubierta, garantiza que la edición española esté a la altura de la magnitud del contenido.

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