El primer volumen de Tougen Anki, publicado por Distrito Manga, arranca con fuerza y sin rodeos, sumergiéndonos en un universo donde la leyenda de Momotarô deja de ser un cuento para convertirse en una guerra cruel y silenciosa entre clanes. El resultado es un shōnen frenético, oscuro y sangriento que presenta al lector un mundo dividido por la sangre y el odio, y a un protagonista con más furia que fe.
Shiki Ichinose vive una vida desordenada, sin ambiciones claras y con más problemas que esperanzas. Criado por su padre adoptivo, Tsuyoshi, su día a día se mueve entre discusiones, frustraciones y una rebeldía juvenil sin propósito. Pero todo cambia cuando, tras una discusión, un agente de la Agencia Momotarô irrumpe en su hogar con una misión: eliminar a Shiki. ¿El motivo? El chico es descendiente de los Oni, seres demoníacos que según la leyenda debían haber sido exterminados por Momotarô… pero que siguen existiendo en las sombras de la sociedad moderna.
El ataque revela la verdad: Tsuyoshi fue un ex miembro del clan Momotarô que desertó para criar a un hijo de sangre enemiga. El resultado de su traición es una muerte trágica a manos de su antiguo bando, que desata en Shiki un poder latente: el despertar de su sangre Oni. Transformado por la furia, con su sangre convertida en arma, Shiki no solo se venga: se convierte en algo nuevo. En algo aterrador.
Una leyenda reinterpretada con brutalidad contemporánea
Tougen Anki toma como punto de partida uno de los relatos más populares del folclore japonés —el del niño nacido de un melocotón que derrota a los Oni— y lo subvierte. Aquí, Momotarô y los Oni son clanes reales, inmersos en una guerra secreta, ancestral, y terriblemente violenta. No hay buenos ni malos absolutos. Ambos bandos cargan con cicatrices, rencores y decisiones cuestionables.
Este primer volumen construye con eficacia el conflicto central: el odio genético entre Oni y Momotarôs, pero lo hace desde la perspectiva de quienes ya no encajan en ninguno de los dos mundos. Shiki es el paradigma del antihéroe moderno: impulsivo, rencoroso, sin ideales nobles… pero también humano, dolido, y dispuesto a luchar no por la justicia, sino por sobrevivir y vengarse.
Un protagonista con rabia, no con esperanza
Shiki Ichinose no es el típico héroe que se levanta por la amistad o el amor. Es un adolescente cabreado con el mundo, con una infancia marcada por el abandono y una adolescencia teñida de sangre. Su transformación tras la muerte de su padre no es gloriosa: es salvaje. La furia lo devora, y su sed de venganza lo lleva a aceptar su herencia Oni no como una carga, sino como un arma.
A medida que se desarrolla el volumen, vemos cómo este poder no solo lo fortalece físicamente, sino que también lo consume emocionalmente. La “sangre maldita” de la que habla el título no es solo literal: es una metáfora de un destino escrito antes de nacer, una maldición que Shiki carga con los puños apretados y los ojos inyectados de ira.
Una escuela de sangre y entrenamiento brutal
La narrativa nos lleva a una academia secreta donde los Oni son entrenados para controlar su poder y resistir el exterminio de los Momotarô. Pero lejos de un refugio seguro, este lugar es una selva jerárquica donde la ley del más fuerte impera y las heridas, físicas y mentales, no tardan en aparecer.
Este contexto permite introducir a nuevos personajes con diseños potentes y personalidades definidas. Desde instructores sádicos hasta compañeros potenciales, cada nuevo rostro deja claro que este no será un camino fácil para Shiki. Pero él tampoco busca un camino sencillo: solo quiere poder, venganza y, quizás, entender quién es realmente en medio de tanta sangre derramada.
Arte afilado, violencia estilizada
El dibujo de Yura Urushibara es uno de los grandes aciertos de este primer volumen. La expresividad facial de los personajes es impecable: los gestos de Shiki oscilan entre la rabia, el dolor y el vacío, mientras que sus enemigos desprenden arrogancia, crueldad o indiferencia según el caso. Las peleas son coreografiadas con dinamismo, mucho contraste y un uso del trazo fuerte que amplifica el tono violento del manga.
La sangre es protagonista en cada combate, y no solo como recurso gráfico: es parte del poder de los Oni. Urushibara la dibuja como tinta viviente, como una extensión de las emociones más oscuras de sus personajes. El resultado es brutal, pero también estéticamente poderoso.
Una historia que no busca agradar, sino golpear
Tougen Anki no pretende ser innovador desde la estructura —chico descubre poder, entra a una escuela, lucha contra enemigos—, pero sí desde su tono. Aquí no hay ligereza ni momentos de respiro: todo es tensión, conflicto, y resentimiento. La escuela no es un lugar para aprender a ser mejor, sino para sobrevivir en un mundo que te quiere muerto.
Lo que hace destacar a este shōnen es precisamente su falta de concesiones: no edulcora la violencia, no suaviza las emociones, y no convierte a su protagonista en un héroe al uso. Es, en esencia, un manga sobre lo que ocurre cuando te dicen desde niño que tu existencia es una amenaza.
Conclusión
Tougen Anki vol. 1 es un arranque potente para una serie que promete ser una de las más crudas del panorama shōnen actual. Con un protagonista cargado de rabia, un trasfondo mitológico reinterpretado con inteligencia y un estilo gráfico impactante, esta historia de sangre maldita y guerra de clanes tiene todo para enganchar a quienes buscan acción con alma oscura.
El manga no es para todos: su tono es agresivo, sus personajes distantes y su mundo, hostil. Pero si lo que quieres es un relato sobre antihéroes, traición, poder maldito y venganza, esta es tu próxima lectura imprescindible.