En el árido horizonte del western más clásico, donde los forajidos lidian con su destino al filo del revólver, aparece una figura distinta, trágica y al mismo tiempo icónica: Ryder. En No hay tumba, el nuevo cómic publicado por Norma Editorial, el guionista Skottie Young, el dibujante Jorge Corona y el colorista Jean-François Beaulieu nos arrastran en una travesía feroz y emocional, donde el amor, la muerte y la redención se entrelazan en un relato de tintes sobrenaturales. Una historia que, sin renunciar a sus raíces de género, se adentra en terrenos más oscuros y metafísicos con una potencia visual arrolladora.
Este volumen único recopila la miniserie Ain’t No Grave al completo en una edición en cartoné de 152 páginas a color, con un tamaño de 17 x 26 cm y precio de venta de 26,00 €. Norma Editorial vuelve a apostar por el tándem creativo que ya nos fascinó con Middlewest y Soy quien amas en la sombra, y el resultado no decepciona.
Ryder es una antigua forajida que abandonó la violencia por amor, por una nueva vida junto a su pareja y su hija recién nacida. Pero el pasado no siempre se deja enterrar. Cuando una enfermedad amenaza con arrebatarle todo lo que ha conseguido, la protagonista no duda en volver a empuñar las armas y cabalgar hasta los confines de la existencia para enfrentarse a su mayor enemigo: la mismísima Muerte. No es un viaje de venganza, sino una cruzada desesperada por prolongar la vida, por aplazar lo inevitable, por hallar un resquicio de esperanza más allá del abismo.
Lo que distingue a No hay tumba de otros relatos del oeste o incluso de fantasía sobrenatural es su mezcla de lirismo, violencia y simbolismo. Skottie Young, lejos de la imagen gamberra por la que muchos lo conocieron, firma aquí uno de sus guiones más maduros. Cada número de la miniserie está cuidadosamente estructurado para aportar algo nuevo al viaje de Ryder, con momentos de introspección silenciosa, escenas de acción despiadada y secuencias oníricas que rozan el delirio. Un ejemplo magistral es el cuarto capítulo, completamente sin diálogos, donde la narrativa visual se impone con una fuerza abrumadora.
En ese apartado, Jorge Corona brilla con luz propia. Su estilo mezcla lo expresivo del cartoon con un trazo suelto y energético que se adapta sorprendentemente bien al tono crepuscular del relato. Lejos de desentonar, la estética exagerada de Corona refuerza el carácter simbólico de los escenarios y los personajes: los cielos se tiñen de sangre, los paisajes se deforman como si fueran sueños, y Ryder se alza como una figura casi mítica, mitad madre protectora, mitad espíritu errante. El color de Beaulieu, saturado en tonos rojizos, violetas y sepias, aporta una dimensión emocional que amplifica la intensidad de cada página.
Aunque el argumento pueda parecer lineal en apariencia –una mujer que desafía a la Muerte para salvarse–, No hay tumba esconde múltiples capas. ¿Es posible redimirse cuando has sido asesina? ¿Puede el amor justificar el egoísmo de retener la vida más allá de lo natural? ¿Qué se pierde cuando se desafía al destino? Estas preguntas flotan en cada paso de Ryder, y si bien el cómic no ofrece respuestas definitivas, las plantea con valentía y crudeza.
La galería de personajes secundarios, aunque más arquetípica, cumple con solvencia. La representación de la Muerte como una figura femenina dominante, casi mitológica, le añade fuerza simbólica a la historia. La estructura del relato recuerda a una fábula negra, donde cada encuentro lleva a la protagonista un paso más cerca –o más lejos– de su verdad interior.
El desenlace es tan impactante como emotivo. Sin caer en sentimentalismos fáciles, No hay tumba concluye de forma circular, cerrando el viaje de Ryder con una resolución tan inevitable como necesaria. Es uno de esos finales que dejan un regusto amargo y poético, y que confirman la calidad de la obra.
No hay tumba es, en definitiva, un cómic que combina lo mejor del western, la fantasía oscura y el drama humano. Un viaje visual y emocional que atrapa desde la primera página y no se suelta hasta el último disparo. Una lectura imprescindible para quienes buscan algo más que un simple duelo al sol: una historia con alma.