Un espadachín con kimono, una exorcista con orejas de conejo y un espectro que se llevó por delante a la persona que más les importaba. The Nito Exorcists no necesita mucho más para engancharte en las primeras páginas, y el primer tomo de Hiromi Ichikawa en Panini Manga deja claro que esto es un seinen sucio, sangriento y con ganas de reírse de sí mismo. Ya contamos cómo llegaba la licencia a España; ahora toca hablar de lo que hay dentro.
Qué pasa en este primer tomo
El volumen arranca con un encargo de los que no se olvidan: Gotsuji y Uruka llegan a una posada infestada de espíritus malignos y los despachan a espadazos. Es el capítulo de presentación y funciona como carta de intenciones. Vemos cómo trabajan, cómo se hablan y, sobre todo, que ninguno de los dos está ahí por dinero. Gotsuji es serio, formal y hasta aficionado al manga, algo que Ichikawa usa para romper el gesto grave cada vez que la escena se pone demasiado solemne.
Uruka es la sorpresa. Trabaja de hostess disfrazada de conejita y, en principio, no tiene el menor interés en volver a los exorcismos. Si acaba acompañando a Gotsuji es por una razón que duele: el espectro al que persiguen mató a Iruka, su hermana mayor. Esa pérdida es el motor del tomo entero. Gotsuji arrastra el duelo de quien se siente en deuda; Uruka, el de quien perdió a su hermana y no sabe muy bien qué hacer con esa herida.
Esa tensión entre los dos es lo mejor del volumen. No hay explicaciones largas ni monólogos de justificación, y el lector va juntando piezas a través de gestos, silencios y alguna frase suelta. Funciona porque Ichikawa confía en que sabrás leer entre viñetas. Es un acierto que la historia no se detenga a explicarte lo que ya has entendido.
El combate contra el Gashadokuro
El primer gran enfrentamiento del volumen llega con el Gashadokuro, el esqueleto gigante del folclore japonés. Aquí el tomo cambia de marcha. Hasta ese punto los trabajos eran encargos casi episódicos; con este monstruo la serie enseña que va a tomarse en serio el peligro y que los dos protagonistas pueden salir mal parados.
Lo que más gusta del combate es que no se resuelve a base de gritar el nombre de una técnica. Hay coordinación entre los dos, hay ingenio y hay un cuerpo a cuerpo con una criatura que ocupa media página. Ichikawa juega con la escala: un monstruo enorme frente a dos figuras diminutas, y cuando el golpe final llega, lo hace con la contundencia justa. Es un buen ejemplo de que el tomo sabe cuándo apretar y cuándo soltar.
Después del combate el volumen baja el ritmo y deja que los personajes respiren. Ahí aparece el reverso de la historia: no todo lo que da miedo en este manga tiene forma de monstruo gigante, y algunos de los espíritus más inquietantes son los que se parecen demasiado a personas. Es la parte donde la serie insinúa hacia dónde quiere ir.
Un arte que se nota desde la primera página
El dibujo de Ichikawa es lo primero que destaca. Trabaja con contrastes muy marcados, páginas casi blancas manchadas de sangre y dobles páginas pensadas para que sientas el tamaño de lo que tienen delante. La composición se atreve a romper la cuadrícula y a repartir una misma escena por toda la página, algo que no es lo más habitual en un seinen de acción y que aquí casi siempre sale bien.
Los diseños de los espíritus son otro acierto. Mezclan lo grotesco con un punto cómico que descoloca, y el choque entre la vestimenta tradicional de Gotsuji y el disfraz de conejita de Uruka es una declaración de estilo en sí misma. Esa mezcla de gore y humor ácido recuerda a veces al tono de Chainsaw Man, aunque aquí la narración es bastante más clara.
No todo es perfecto. Algunas escenas de acción son muy escuetas en detalle y los saltos al pasado no siempre se distinguen bien del presente. Hace falta fijarse para no perder el hilo, y alguna página pide una segunda lectura. Es un defecto menor, pero está ahí.
Cómo cierra el volumen
El tomo termina con una escena que te deja con ganas de abrir el segundo sin esperar. No vamos a destriparla, pero sí diremos que empuja a la pareja de lleno hacia su camino de venganza y que deja a los dos protagonistas ya sin vuelta atrás. Después de un primer volumen que se lee de un tirón, es un cierre que invita a seguir.
Nuestra valoración es positiva con matices. La premisa es sólida, los protagonistas tienen química y el arte tiene personalidad. Lo que queda por ver es si el misterio en torno a Iruka y al espectro que la mató se resuelve a la altura de lo que promete este arranque. Con seis tomos en total, la serie tiene el tamaño justo para no estirar la trama, y eso juega a su favor.
La edición de Panini Manga
Panini publica The Nito Exorcists dentro de su línea Panini Manga Seinen, en formato B6 (130 x 180 mm), rústica con sobrecubierta y sentido de lectura japonés. El tomo tiene 200 páginas en blanco y negro y sale a 8,95 euros. La impresión luce bien con los negros sólidos que pide el dibujo de Ichikawa, y el tamaño es cómodo para una serie con tanta página de impacto.
Para quien quiera algo más, existe una edición especial del primer volumen a 11,95 euros con una sobrecubierta alternativa de tinta metálica. Es un extra vistoso y no cambia el contenido, así que depende de lo coleccionista que seas. Si te interesa el resto del catálogo de la editorial, puedes echarle un vistazo en la web de Panini.
Los seis tomos de la serie están licenciados, de modo que la historia llegará completa a las estanterías españolas. Es una buena noticia para un título que conviene leer seguido y de principio a fin, sin esperas eternas entre arcos.
Ficha técnica
Título: The Nito Exorcists 1
Autor: Hiromi Ichikawa
Editorial: Panini Manga
Editorial japonesa o revista de origen: Shueisha (Weekly Young Jump)
Formato: Rústica con sobrecubierta, 130 x 180 mm
Sentido de lectura: De derecha a izquierda (japonés)
Páginas: 200 en blanco y negro
Precio: 8,95 euros (edición especial: 11,95 euros)
Fecha de publicación: 17 de septiembre de 2026
ISBN: 979-13-7058-035-3







