Un marinero portugués que no entiende una palabra de japonés y un pescador viejo que no entiende una palabra de portugués. Con esa premisa tan simple, Cyril Pedrosa y Taiyō Matsumoto han levantado Nanbanjin, un tomo de 480 páginas que Norma Editorial publica en su línea de cómic europeo. Es un objeto raro y ambicioso, y casi siempre acierta donde más arriesga.
Dos libros en uno, y hay que darle la vuelta
Lo primero es la forma. Nanbanjin es un volumen tête-bêche: dos portadas, dos sentidos de lectura y un punto de encuentro en el centro del libro. Si empiezas por el lado de Pedrosa, lees de izquierda a derecha, como un álbum franco-belga de toda la vida. Si empiezas por el de Matsumoto, lees de derecha a izquierda, como un manga. Las dos mitades cuentan el mismo naufragio, pero desde dos miradas distintas, y el libro te obliga a girarlo físicamente para cambiar de punto de vista.
No es un truco de edición. La estructura es el tema. La obra habla de dos mundos que se miran sin entenderse, y el lector hace el mismo recorrido con las manos. Recomendamos empezar por el lado japonés: es el más amable y deja las preguntas abiertas que el otro lado responde después. Pero funciona en cualquier orden, y esa libertad es una de sus mejores ideas.
Qué pasa en este tomo
Estamos a mediados del siglo XVI, en 1543. Fernando, soldado y marino portugués, es el único superviviente de un barco que se hunde en aguas asiáticas y acaba varado, herido, en una playa de la isla de Tanegashima. Quien lo encuentra es Shōbei, un pescador anciano que vive algo apartado del resto y que perdió a su hijo en el mar. Lo recoge, lo cuida y lo acoge en su casa sin saber quién es ni de dónde viene.
El primer tramo del tomo es la convivencia imposible. Ninguno de los dos comparte lengua, y el libro lo dibuja con inteligencia: en el lado de Pedrosa, el japonés suena como ruido fonético que poco a poco se convierte en un francés entrecortado. Fernando aprende los gestos del pueblo, las rutinas de la pesca, el lugar de cada cosa. Shōbei aprende a convivir con un hombre que, para el resto de la isla, es un gigante pelirrojo y de ojos verdes.
Esa mirada ajena es el motor del lado de Matsumoto. Los niños lo observan con una mezcla de miedo y fascinación, los pescadores se dividen entre la curiosidad y la desconfianza, y dos samuráis lo vigilan sin intervenir. Hay también una sacerdotisa que baila, unos bandidos y un joven señor, es decir, un pueblo con su propia jerarquía y sus propias heridas, que el recién llegado altera solo por existir.
El arma, Toramaru y el cierre del libro
El conflicto llega con la violencia. Toramaru, un samurái matón con su banda, irrumpe en la vida del pueblo, y la tranquilidad que Fernando creía haber encontrado se agrieta. Él fue soldado, sabe usar armas de fuego y quería dejar todo eso atrás. La pistola es el objeto más cargado del libro: una escena en la que Fernando camina hasta el mar y dispara se entiende mejor cuando has leído su mitad, y su presencia en el desenlace recuerda cuánto pesa lo que uno trae de su mundo.
La marcha de Fernando nunca se dice en voz alta. Shōbei la entiende sin que nadie se la explique, y ese silencio es de las mejores escenas del tomo. El cierre reúne las dos mitades en una doble página final dibujada por los dos autores, la única que firman juntos. No vamos a desvelar qué muestra. Sí diremos que llega con un peso trágico y que deja a Fernando más maduro que al principio.
El arte de Pedrosa y de Matsumoto
Aquí está lo mejor del libro. Pedrosa trabaja con color expresivo, líneas elegantes y mucho movimiento. Sus páginas se acercan a veces a la abstracción cuando muestra los sueños y las sensaciones de Fernando, con el cuerpo disolviéndose en el agua o en el bosque. La tensión sube de forma clara en el tercer capítulo, cuando el color se endurece.
Matsumoto responde con pincel, tinta aguada y un color contenido, aplicado igual a todos los personajes para reflejar una sociedad homogénea. Su trazo contemplativo puede estallar de repente en violencia, y dibuja a Fernando altísimo, como lo vería la gente de la isla. Los dos han mantenido sus estilos sin acercarlos a la fuerza, y el contraste es el espectáculo: nunca parece que uno copie al otro.
El lado de Pedrosa añade además las páginas de la infancia de Fernando, con su paso por un convento-orfanato y la deriva que lo lleva hasta el naufragio. Es la parte más discutible. Da contexto, pero frena el ritmo, y hay momentos en que los flashbacks aportan poco. Nos parece el único tramo donde el libro respira peor.
Lo que funciona y lo que no
Lo que funciona es la amistad entre Fernando y Shōbei, que sostiene el libro con muy pocas palabras. No es un choque de civilizaciones de manual: es una relación casi paternal entre dos hombres marcados por pérdidas, y esa decisión evita el exotismo fácil. La mitad de Matsumoto, con su reparto más amplio, tiene además más textura humana.
Lo que no funciona del todo es el ritmo. Pasan pocas cosas y el libro confía mucho en el silencio, algo que a algunos lectores les parecerá un defecto. Japón sirve a veces de decorado más que de personaje, y las dos mitades corren en paralelo sin tocarse tanto como la premisa prometía. Aun así, el resultado es una de las propuestas más originales del año, de las que justifican el formato.
La edición de Norma Editorial
La edición es a la altura de lo que pide la obra. Es un cartoné de 23 x 30,2 cm, a todo color, con 480 páginas y un precio de 49 euros. El tamaño es grande y se agradece: las viñetas de Matsumoto y las dobles páginas de Pedrosa necesitan espacio para respirar. Es una edición cara, pero el volumen, el papel y el objeto justifican buena parte del precio.
El libro llega a España en un único tomo, completo, mientras que en Francia salió bajo el sello Aire Libre de Dupuis. Quien conozca otras obras de Pedrosa publicadas por Norma Editorial, como Portugal o La edad de oro, reconocerá aquí al mismo autor, pero en un registro más sereno. Si buscas más cómic europeo y novela gráfica en la web, tienes todas nuestras reseñas de cómic a mano.
Veredicto
Es un libro para leer despacio y dos veces, una por cada lado. No es redondo, pero sí valiente, y tiene escenas que se quedan. Si te interesa lo que pasa cuando el manga y la bande dessinée comparten página en igualdad de condiciones, Nanbanjin es lectura obligada.
Título: Nanbanjin
Guion: Cyril Pedrosa y Taiyō Matsumoto
Dibujo: Cyril Pedrosa (lado occidental) y Taiyō Matsumoto (lado japonés)
Color: Cyril Pedrosa y Taiyō Matsumoto
Editorial: Norma Editorial
Editorial original: Dupuis (Aire Libre)
Formato: Cartoné, 23 x 30,2 cm, tête-bêche, color
Páginas: 480
Precio: 49,00 euros
Fecha de publicación: 23 de octubre de 2026
ISBN: 978-84-679-8457-6







