Un tomo doble con dos mitades muy distintas
El quinto volumen de Tougen Anki: La leyenda de la sangre maldita que publica Distrito Manga junta los tomos japoneses 9 y 10, es decir, los capítulos 70 a 87 de la obra de Yura Urushibara. Y aquí el formato doble se nota más que nunca, porque el tomo tiene dos mitades que casi parecen de series distintas. La primera es el desenlace del arco de Nerima, con Shiki Ichinose y Mikado Momodera a tiros y con el corazón en la mano. La segunda es un arco de entrenamiento en plena ventisca que cambia el ritmo, el tono y hasta el reparto que lleva el peso de la historia.
Quien venga del cuarto tomo sabe cómo quedaron las cosas. Shiki había conocido a Mikado, miembro del Organismo Momotaro, y se habían caído bien sin saber quién era cada uno. Este volumen recoge esa relación justo donde dolía y no deja pasar ni una página para coger aire.
Shiki contra Mikado: el final del arco de Nerima
El tomo abre en mitad del tiroteo. Mikado dispara y Shiki responde con lo que tiene, que a estas alturas es mucho: el poder del oni de fuego vuelve a encenderse. El problema es que no lo controla. En pleno intercambio de golpes algo cambia en Shiki, el fuego se lo come por dentro y el combate deja de ser un duelo para convertirse en un descontrol que pone en peligro al propio Mikado.
Lo mejor del arco está en cómo Urushibara resuelve ese descontrol. Shiki no se rinde al poder: se resiste porque no quiere matar a su amigo, y en un momento de lucidez le pide a Mikado que acabe con él. Es una petición brutal para un shonen de este tipo y funciona porque el autor llevaba dos tomos sembrando la relación. Mikado aprieta el gatillo para el último disparo mientras le pide que no se muera, y esa contradicción, disparar a tu amigo deseando que viva, resume todo el arco. Ahí está el corazón emocional del volumen y uno de los mejores momentos de la serie hasta la fecha.
Una amistad que sobrevive a la guerra
Lo que viene después del combate es igual de importante. El autor podía haber tirado por el camino fácil, el del amigo traicionado que se convierte en enemigo jurado, y no lo hace. Shiki y Mikado acaban el arco reconciliados, cada uno en su bando pero con la amistad intacta. Para el lector que esperaba una caída a la oscuridad de alguno de los dos, la resolución es casi un alivio, y nosotros la preferimos: es más honesta con lo que la serie ha construido y deja a Mikado como una pieza muy interesante dentro del Organismo Momotaro, alguien que ya no puede ver a los oni como monstruos sin más.
Los capítulos de cierre del arco bajan las revoluciones y dejan respirar a los personajes. Es el tramo más tranquilo del tomo y le sienta bien después de tanta pólvora. Cuando el grupo de Shiki vuelve a la Academia Rasetsu, el arco de Nerima queda cerrado del todo y la primera mitad del volumen termina con el capítulo 78 y la presentación del siguiente reto: subir a la montaña nevada.
Veinticuatro horas en la montaña nevada
La segunda mitad recoge el tomo japonés 10 y es otra serie. Mudano les impone a los alumnos un entrenamiento que suena sencillo y no lo es: subir la montaña que hay detrás de la academia, en plena ventisca, en menos de 24 horas y llegar todos juntos a la cima. Lo de todos juntos es la clave, porque el grupo se rompe a las primeras de cambio.
Para complicarlo están dos profesores no fijos de la academia que hacen de obstáculo. Yu Innami es uno de los mejores fichajes del tomo: un profesor que repite con entusiasmo que vivir es seguir creciendo, una frase que acaba calando en los alumnos más de lo que parece. Hakure Nekosaki resulta ser un rival durísimo para los alumnos. Urushibara se divierte con estos dos y se nota en cada viñeta en la que aparecen.
Yaoroshi rompe el grupo
El primer conflicto del entrenamiento sale de dentro. Ikari Yaoroshi está obsesionado con hacerse más fuerte y eso le lleva a tomar decisiones por su cuenta, sin pensar en el objetivo del ejercicio ni en sus compañeros. Llega a lanzarse él solo contra Nekosaki, y su actitud termina por dividir al equipo en mitad de la nieve. Es un comportamiento irritante, y está bien que lo sea: el tomo no lo justifica.
En el otro extremo está Jin Kogasaki, que durante este arco sorprende por cómo tira del grupo. El chico solitario del principio de la serie es ahora el que intenta que el equipo no se desmorone, y ese cambio, que lleva tiempo cocinándose, encuentra aquí su mejor escaparate.
Homare y las cicatrices del pasado
Si la primera mitad es de Shiki y Mikado, la segunda es de Homare Byobugaura. La chica que siempre se infravalora se tuerce un tobillo en la subida y Shiki la anima a seguir. Poco después es él quien queda atrapado en una avalancha y sale malherido, y Homare le salva la vida: lo cubre con su propia ropa, junta ramas y enciende un fuego para que no muera congelado. Es una escena pequeña, sin poderes ni explosiones, y por eso pega tan fuerte.
Junto a esa hoguera, Shiki le pregunta por qué se desprecia tanto, y Homare se derrumba. Le cuenta que no pudo salvar a su hermana Sumire y que se considera una asesina. Es el capítulo más duro del tomo. A partir de ahí, la respuesta de Shiki, que le hace ver que su hermana sigue protegiéndola, abre la puerta a que Homare se reconcilie con su propia sangre y aprenda a controlar su poder junto a Sumire. Es el mejor desarrollo de personaje de esta segunda mitad, y convierte a Homare en algo más que el alivio cómico tímido del grupo.
El dibujo y el ritmo de este volumen
En lo gráfico, Urushibara está en su mejor momento dentro de lo que llevamos publicado. El combate contra Mikado tiene un trazo sucio y nervioso cuando Shiki pierde el control, con el fuego invadiendo las viñetas, y el autor sabe parar en seco para los primeros planos que importan. El arco de la montaña, en cambio, juega con el blanco de la nieve y con fondos casi vacíos que dan sensación de aislamiento. Los diseños de Innami y Nekosaki son de lo más llamativo del tomo.
El ritmo es irregular, y es lo único que le reprochamos. El cambio de tono entre Nerima y la montaña es brusco, y los primeros capítulos del entrenamiento tardan en arrancar. La subida tampoco se resuelve aquí: el arco de la montaña sigue en el próximo volumen. Quien lea el doble de corrido notará el bajón de intensidad tras el clímax de Nerima, aunque la historia de Homare compensa con creces.
La edición de Distrito Manga
La edición mantiene lo que ya conocíamos de los tomos anteriores: formato B6 de 12,8 x 18 cm, rústica con sobrecubierta y lectura oriental, por 16,95 euros. Repetimos lo que dijimos cuando Distrito Manga anunció la llegada de Tougen Anki en edición doble: el formato le sienta muy bien a una serie larga y de ritmo rápido como esta. Además, permite cerrar un arco y abrir otro en el mismo volumen, como pasa aquí.
La traducción sigue en manos de Mikel García Alija, como en los tomos anteriores, así que la voz de los personajes no cambia de un volumen a otro. Quien quiera empezar desde el principio tiene el primer tomo de la serie en la web de Penguin Libros, y con cinco dobles en la calle es buen momento para engancharse.
Nuestra valoración
Este quinto tomo doble es, para nosotros, el mejor de la colección hasta ahora. El cierre del duelo entre Shiki y Mikado es lo más emocionante que ha firmado Urushibara en la serie, y la historia de Homare en la nieve demuestra que Tougen Anki sabe hacer algo más que peleas. El tramo de transición entre los dos arcos pierde fuelle y Yaoroshi pone a prueba la paciencia del lector, pero son pegas menores frente a lo que ofrece el conjunto. Si la serie te había ganado con los tomos anteriores, aquí termina de convencerte.
Título: Tougen Anki: La leyenda de la sangre maldita 5
Autor: Yura Urushibara
Editorial: Distrito Manga
Editorial japonesa: Akita Shoten (Weekly Shonen Champion)
Contenido: tomos japoneses 9 y 10 (capítulos 70 a 87)
Traducción: Mikel García Alija
Formato: Tomo doble B6 (12,8 x 18 cm), rústica con sobrecubierta
Sentido de lectura: Oriental
Precio: 16,95 €
Fecha de publicación: 3 de septiembre de 2026
ISBN: 978-84-10305-11-3


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