Sangoma. Los condenados de Ciudad del Cabo llega a Norma Editorial como un álbum único de thriller ambientado en la Sudáfrica posterior al apartheid. Lo firman Caryl Férey al guion y Corentin Rouge al dibujo, y se nota desde la primera página que no es un polar de postal. Aquí no hay safari ni paisaje bonito de fondo: hay viñedos, hambre, rencor heredado y un país que dice haber pasado página sin haberla leído entera.
Férey es novelista, y se nota en cómo construye. No arranca con el cadáver, sino con el origen del problema. Una escena del pasado muestra a un peón perseguido por una jauría y azotado delante del resto de trabajadores en la finca de Kobus Pienaar. Dos niños lo ven todo: Nelson, hijo de uno de los peones, y la pequeña Éva, hija del dueño. Esa imagen pesa durante todo el álbum, porque los dos volverán a cruzarse de adultos, cada uno en su bando.
Es un tomo denso, de los que se leen despacio aunque la acción empuje. Y es un tomo que se atreve con un tema que el cómic europeo toca poco: el reparto de la tierra en Sudáfrica y lo que provoca cuando se convierte en arma política.
Qué pasa en este tomo
Pasan veinticinco años y la finca sigue en manos de los Pienaar. Éva dirige el negocio junto a su padre, hay sequía y los trabajadores exigen una subida de sueldo. La petición se rechaza. Nelson, que encabeza la protesta, se marcha furioso en moto y, durante el trayecto, oye los gritos de una mujer. Es Nkosazana, y acaba de perder a su bebé de dos meses. Nadie sabe dónde está.
El golpe llega al día siguiente. Sam, peón de la finca, aparece muerto junto a un tractor. Parece una pelea que acabó mal, pero la finca entera tiene algo que callar. El caso cae en manos del teniente Shane Shepperd, policía bocazas, seductor y aficionado a los coches bonitos, que trabaja a golpe de intuición y con poca paciencia para los silencios de los interrogados.
El guion hace algo inteligente: no trata la muerte de Sam y la desaparición del bebé como dos casos separados que acaban uniéndose por arte de magia. Los deja correr en paralelo, con Shepperd como único nexo, y obliga al lector a sospechar de todo el mundo. La brujería, los secretos de familia y el miedo a hablar se mezclan hasta que ya no sabes qué es superstición y qué es coartada.
Política, adulterio y un Parlamento al borde del estallido
La segunda línea del álbum transcurre en el Parlamento de Ciudad del Cabo, donde se discute una ley de redistribución de tierras. La izquierda radical del EFF y el ANC chocan, y el ministro Mark Savela intenta acercar posturas en nombre de la reconciliación nacional. Mientras tanto, los extremos de ambos lados empiezan a hablar de violencia como quien habla de tiempo.
Férey ata esa trama al caso policial a través de Shepperd. Su amante es Amy, hija de Savela, una chica provocadora que a su vez mantiene una relación con Van Der Wiese, líder ultraderechista afrikáner y rival político de su propio padre. En la escena que abre este hilo, el teniente tiene que salir a toda prisa de la villa de Van Der Wiese tras una llamada, antes de que lo pillen. Es una secuencia ligera, casi de comedia, que presenta al protagonista mejor que cualquier descripción.
El resultado es un thriller con varias capas. Hay milicias armadas, atentados y acusaciones de genocidio que alguien maneja desde lejos, y todo ello conecta con una finca vinícola donde un peón ha muerto. A veces el guion se pone explicativo y los diálogos subrayan el contexto social con más insistencia de la necesaria. Pero evita el maniqueísmo: en ambos bandos hay gente podrida y gente que intenta hacer lo correcto, y el álbum no se corta con la violencia, el racismo ni el lenguaje.
El dibujo de Corentin Rouge
Corentin Rouge dibuja en un realismo clásico que remite a Hermann, Giraud o François Boucq, con rostros muy expresivos y un sentido del encuadre cinematográfico. El color lo firma el propio Rouge junto a Alexandre Boucq, y funciona: la paleta sucia de ciertos escenarios y la luz dura de los viñedos refuerzan la atmósfera opresiva del relato.
El álbum tiene dos momentos de lucimiento. Uno es una persecución en coche de unas diez páginas, con un montaje que no deja respirar. El otro son las dobles páginas, sobre todo la que se dedica al township de Mitchells Plain, donde Shepperd se adentra en barrios que no salen en las guías. Ahí el dibujo cumple lo que promete el título: te enseña los condenados de Ciudad del Cabo sin adornarlos.
Hay una pega. Algunas localizaciones tienen un aire algo genérico, más de película de acción que de lugar concreto, y el color no siempre transmite la energía que uno espera de Sudáfrica. Es un reproche menor frente a la solidez del conjunto, pero está ahí. Además, quien busque un ritmo de novela negra de puro texto puede echar de menos más espacio para el diálogo, porque el álbum apuesta con claridad por la imagen.
Cómo cierra y a quién se lo recomendamos
El cierre ata los cabos de las dos tramas sin dejar preguntas abiertas. La resolución es violenta, pero apuesta por una reconciliación que a más de un lector le parecerá demasiado amable para lo que se ha contado antes. A nosotros nos chirría un poco: tras tanta dureza, el perdón llega con una facilidad que el propio álbum no se ha ganado del todo. Aun así, funciona como final, y el último tramo mantiene la tensión hasta la última viñeta.
Férey dio el salto al cómic con este álbum, trece años después de su novela Zulu, y se nota que traía el oficio de la narrativa negra. Quien conozca al autor reconocerá su querencia por los países con heridas abiertas. Quien no, tiene aquí una buena puerta de entrada, sin necesidad de haber leído nada suyo.
Es una lectura para adultos. No suaviza nada, y esa es buena parte de su valor. Si te gusta el polar con trasfondo político, la ambientación fuera de Europa y el dibujo de escuela franco-belga, este es un álbum que merece la estantería. Si buscas algo ligero de fin de semana, no es el título.
La edición de Norma
Norma publica el álbum dentro de su línea de Cómic Europeo en tapa dura cartoné, a color, con 152 páginas y un formato grande de 23,5 x 31,2 cm. El tamaño le sienta bien: las dobles páginas y los paisajes a toda página piden este espacio. El precio es de 32 euros, razonable para un álbum de este calibre y con este acabado.
Es un tomo único, así que no hay continuidad que cuidar ni números anteriores que buscar. Si quieres más cómic europeo de corte adulto, tenemos más cómic y novela gráfica en la web. Y la ficha técnica completa la tienes justo debajo.
Título: Sangoma. Los condenados de Ciudad del Cabo
Guion: Caryl Férey
Dibujo: Corentin Rouge
Color: Corentin Rouge y Alexandre Boucq
Editorial: Norma Editorial
Editorial original: Glénat
Álbum: Tomo único
Formato: Cartoné, 23,5 x 31,2 cm, color
Páginas: 152
Precio: 32,00 €
Fecha de publicación: 21 de agosto de 2026
ISBN: 978-84-679-8522-1







